Come, reza y practica el trueque: así es cómo el dueño de un restaurante sobrevive a la crisis de Venezuela

Por Rachelle Krygier (Especial para The Washington Post)

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Freddy de Freitas posa enfrente
Freddy de Freitas posa enfrente de su restaurante junto al cartel que indica el precio de 10 cervezas tras las nuevas medidas económicas del gobierno (The Washington Post / Rachelle Krygier)

Caracas (Venezuela) – Poco antes del almuerzo, Freddy de Freitas estaba sentado detrás de la barra de su restaurante, en el centro de Caracas, mientras revisaba algunos documentos de sus proveedores.

"Coca-Cola. Veinticuatro botellas, 394 bolívares", leía.

"Pan gallego, 180".

De Freitas, de 39 años, lamentaba que, en una semana, los precios de los productos se habían más que duplicado. Se puso en frente de una pantalla de computadora y comenzó a ajustar los precios de 100 platos del menú en una hoja de cálculo.

Él ha pasado por el mismo proceso una vez al mes durante la mayor parte de este año.

Pero tras el anuncio del presidente Nicolás Maduro de implementar drásticas medidas económicas a mediados de agosto, De Freitas ahora tiene que cambiar su menú cada dos semanas.

"Si no actualizas los precios a tiempo, no podrás sobrevivir", advierte el hombre.

Venezuela, rica en petróleo, atraviesa por una profunda crisis financiera debido a las políticas socialistas fallidas del gobierno y a los años de precios relativamente bajos del petróleo. La inflación registrada para agosto fue la más alta en la historia del país, según los economistas privados y la Asamblea Nacional controlada por la oposición. Se espera que alcance una tasa anual del millón por ciento para finales de año.

Para los dueños de negocios, la situación, ya de por sí dramática, está empeorando constantemente. Muchas tiendas han mantenido sus tiendas cerradas en los últimos días, y los propietarios se preguntan si tendrán que reducir el personal. Más de 130 gerentes y empleados de empresas han sido arrestados en las últimas semanas, acusados por las autoridades de "especulación" porque han aumentado los precios.

Maduro, un ex dirigente sindical y sucesor del presidente Hugo Chávez -que murió en 2013-, ha tratado de estabilizar la economía eliminando cinco ceros de la moneda, el bolívar, además de elevar el impuesto de valor agregado y adoptar un sistema para multiplicar por 30 el salario mínimo mensual. Pero los economistas apuntan que los problemas principales no se han abordado, incluidos los controles de los precios, los tipos de cambio distorsionados y, especialmente, la impresión febril del banco central para financiar el gasto público.

El restaurante “Posada de Cervantes”
El restaurante “Posada de Cervantes” ahora tiene un tercio de ocupación durante la hora del almuerzo, algo muy diferente a lo que se registraba hace tres años (The Washington Post / Rachelle Krygier)

A principios de este mes, el gobierno alivió los controles de divisas y anunció que, por primera vez en dos décadas, se permitirá a los bancos privados vender divisas. Pero los economistas son escépticos de que las medidas se implementarán de una manera que haga la diferencia.

"El peor de todos los mundos posibles" es cómo Ricardo Cusanno, vicepresidente de Fedecamaras, la principal federación empresarial del país describió los nuevos planes económicos. "Maduro elevó el salario (mínimo), lo cual era necesario, pero anunció una serie de medidas punitivas que no crean ningún incentivo para la inversión y la falta de confianza, y están destinadas a disminuir la producción", dijo. Entre ellas, están los controles de precios adicionales y amenazas de cárcel si aumentan los precios para cubrir el aumento salarial.

Ya hay señales de que el plan no funciona, los precios de los artículos casi se duplican, el valor del nuevo salario mínimo cae de USD 30 a USD 18 en el mercado negro, y muchos alimentos básicos como el pollo y los huevos -cuyos precios regula el gobierno- han desaparecido de los supermercados.

Nicolás Maduro (Miraflores Palace/Reuters)
Nicolás Maduro (Miraflores Palace/Reuters)

La consultora local Ecoanalítica estimó que la inflación mensual en agosto alcanzó el 225 por ciento, un récord.

"Nunca he visto que un plan económico fracasara tan rápidamente", decía Victor Maldonado, ex director de la Cámara de Comercio de Venezuela. Remarcó que el 75 por ciento de las empresas privadas del país desaparecieron en las últimas dos décadas. "De las 140.000 restantes, me temo que contaremos por miles las que cerrarán después de estas medidas", alertó.

María Carolina Uzcategui, presidenta de Consecomercio, una organización que agrupa a 120 cámaras de comercio regionales y nacionales, declaró que, al menos, el 25 por ciento de las empresas del país han quedado paralizadas desde los anuncios de mediados de agosto.

Fausto Romeo, director de una asociación nacional de colegios privados, señaló que cientos de escuelas corren el riesgo de no poder abrir este mes a causa del nuevo salario mínimo requerido, además del gran número de estudiantes y profesores que han huido de la crisis para vivir en el extranjero.

McDonald's, que cobra USD 3.60 por una Big Mac, una quinta parte del nuevo salario mínimo mensual, cerró un número no especificado de locales en Venezuela a finales de agosto. Por otra parte, el dueño de una cadena venezolana de comida rápida dijo que cree que tendrá que despedir a un tercio de sus 1.800 empleados y cerrar, al menos, 15 de los 85 restaurantes debido al aumento de los precios, la escasez de productos básicos y el aumento salarial. Habló bajo condición de anonimato porque no quería asustar a sus trabajadores ni provocar represalias del gobierno.

"Estos días se sienten como cuando estás esperando que llegue una tormenta y no sabes lo que va a pasar después".

De Freitas, que dirige un restaurante de estilo mediterráneo llamado Posada de Cervantes, planea mantener a sus 15 empleados. "De todos modos, el aumento salarial pronto será devorado por la inflación", manifestó.

Después de calcular los nuevos precios, él subió las escaleras y vio a su hermano, que es copropietario del local.

"¿Imprimiste los menús con los nuevos precios?", le preguntó De Freitas.

"Sí, pero has cometido un error", le respondió él. "Maduro elevó el impuesto al 16 por ciento y tú hiciste los cálculos con un 12 por ciento".

De Freitas se rascaba la frente.

"Es simplemente imposible mantenerse al día", expresó.

A veces, él intercambia productos con otros restaurantes: Hace tres semanas intercambió camarones por arroz. Ahora, estaba preocupado de que el suministro de carne solo durara una semana más. Sus proveedores le dijeron que no tenían nada más para vender. La carne está en la lista de artículos cuyos precios están controlados por el gobierno y que las empresas dicen que no son rentables.

Pasó junto a una pila de bolsas que contenían productos difíciles de encontrar, como harina de maíz y papel higiénico. "Cuando los veo, los compro", explicaba.

De Freitas se sentó, y las luces se apagaron. Fue una interrupción en toda la ciudad, algo que se ha vuelto cada vez más común a medida que fallan los servicios públicos por falta de mantenimiento y repuestos de importación.

"Genial", dijo sacudiendo la cabeza. "Ahora no sabemos si vamos a abrir para el almuerzo". Los trabajadores se apresuraron a apagar los electrodomésticos.

Veinte minutos más tarde, las luces volvieron a encenderse. Los clientes comenzaron a llegar, y se llenaron unas diez mesas, un tercio de lo que habría podido ocupar durante la hora del almuerzo de hace 3 años.

El padre de De Freitas emigró de Portugal y abrió el restaurante en 1984. Las citas desvaídas del escritor español Miguel de Cervantes decoran las paredes.

El local apenas ha producido ganancias este año, y De Freitas ha tenido que echar mano a sus ahorros. Ha pensado muchas veces en emigrar al extranjero, al igual que millones de venezolanos.

Pero el deseo de mantener vivo el negocio familiar siempre lo detiene. "Las cosas cambian. Nada dura para siempre", apostilló.