
Hace poco que me había mudado de la casa que mi difunto marido y yo habíamos compartido durante 26 años. Así que, ingenuamente, le pregunté a mi suegra si tal vez la invitación a la fiesta nupcial del miembro de la familia de mi marido había sido enviada a la dirección equivocada. Debía haber sabido, por su manera de dudar, que la invitación no se había perdido en el correo. Pero ella se ofreció a revisar el buzón y le indiqué que haría un pedido en línea para comprar un regalo.
La gestión de las relaciones familiares después de la muerte de un cónyuge es difícil, y eso es lo que he aprendido en los últimos meses. No siempre es fácil saber cómo controlarlo o cómo mantener las relaciones muy bien construidas (o rotas) durante muchos años o si, definitivamente, se debe continuar con las relaciones de la familia de un cónyuge difunto. Dependiendo de la dinámica familiar antes de la muerte, puede ser aún más complicado. Las relaciones familiares de mi marido, a veces, eran difíciles y traté de considerar, tanto como pude, a sus parientes como mi propia familia. Había tenido fuertes lazos afectivos con sus hermanos y siempre había participado en las reuniones y fiestas que organizaban sus seres queridos. Así que me sorprendí y me molestó cuando descubrí que, efectivamente, no había sido invitada a la celebración nupcial de un miembro de su familia tres años después de su muerte.

En los primeros años tras la muerte de Kevin solo falté a uno de los eventos familiares a los que había sido invitada: la fiesta de Navidad. Había pasado muy poco tiempo. Pero había asistido a las fiestas de graduación, a los baby showers y a los cumpleaños. Eran celebraciones fáciles y no me preocupaba por mis sentimientos o por cómo me sentiría yendo por mi cuenta.
Pero cuando llegó la hora de la primera boda, no sé si la feliz pareja pensó en que sería demasiado incómodo o sería algo demasiado emocional para mí, pero el caso es que no fui invitada. Peor aún, me dijeron que era porque la boda iba a ser algo muy íntimo solo para los familiares más cercanos. Desafortunadamente, las fotos en las redes sociales de los más de cien invitados demostraron que esa era una excusa falsa y eso no hizo más que herirme más.
¿Por qué invitar a la viuda de un miembro de tu familia puede generar tanta tensión? Echando un vistazo a los sitios web de Knot y Bridal Guide me doy cuenta de que hay discusiones en los foros sobre el hecho de ofrecer el "más uno" (plus one) a una tía que acaba de enviudar podría generar mucha tensión. Otra pregunta. Esta era de la madre de la novia, que preguntaba si debían invitar a la viuda del ex marido que acababa de fallecer. Hay páginas de instrucciones sobre cómo dirigir la invitación a una persona viuda. Si ese invitado en cuestión es simplemente un amigo de la familia, se puede eliminar de la lista con cierta facilidad. Pero si es un miembro del clan familiar, la decisión debería pasar por otro tipo de consideraciones. ¿Se molestaría la viuda por no atender? ¿Podría pasar un buen rato? ¿Se sentirá triste y dominada por los recuerdos? ¿En qué lugar la pondremos?

En mi caso, creo que esas fueron todas las preguntas que se hicieron antes de decidirme sacarme de las celebraciones nupciales de mi familia política. Cada uno vino con una excusa diferente: que a cada boda que atiendo yo sola servirá para hacerme sentir triste o que ir sola me haría sentirme fuera de lugar y evitar que me divierta. Hacer este tipo de suposiciones me quita la capacidad de elegir lo que puedo hacer y lo que no en mi nuevo estado civil. Dudo que se haga tal análisis de cada persona divorciada o soltera que es invitada. Si siento que la situación puede ser demasiado dolorosa tomaré la decisión de no asistir. Me he esforzado mucho para volver a la vida normal y he hecho de todo para seguir conectada a la familia de mi difunto cónyuge. Cuando las expectativas de otra persona me impiden hacerlo, mi corazón se rompe de nuevo.
No hablo por todas las viudas o todos los viudos. Algunos pueden sentir gran tristeza al asistir a cualquier ceremonia familiar, especialmente las bodas. Después de varios años de matrimonio, podrían sentirse muy incómodos asistiendo a eventos sociales por su cuenta o con un amigo. Solo este tipo de invitados saben si esos sentimientos son suficientemente fuertes como para justificar la falta a una cosa así.
He asistido a las bodas de amigos y ahora estoy entrando en el momento en el que los hijos de mis amigos se están casando. Todos son ocasiones felices donde me he divertido bailando, conversando y celebrando. Cuando la invitación viene dirigida a mí con la opción de ir con un acompañante, me siento bien diciendo que iré yo sola. En más de una ocasión he tenido la sensación de que también estaba allí representando a mi marido. A él le encantaban este tipo de fiestas y le habría gustado mucho ir a las bodas que he asistido por mi cuenta.
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