El gobierno de Trump impulsa el relato de la fundación cristiana de EE. UU. en un mitin

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El objetivo del acto de oración, que contó con miembros del gabinete, era consolidar la idea de que la fundación de EE. UU. fue un proyecto intencionalmente cristiano.

Miles de personas se congregaron el domingo en el National Mall, o Paseo Nacional, para asistir a una concentración que duró todo el día en la que se mezclaron la oración cristiana y el fervor político, una reunión que el presidente Donald Trump había promocionado como una oportunidad para "volver a consagrar Estados Unidos como una nación bajo Dios".

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La multitud acudió al corazón de Washington para escuchar a líderes espirituales y políticos, así como a miembros del gabinete de Trump. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, apareció en un mensaje grabado en video a primera hora del día, en el que exhortó a la multitud a "orad sin cesar", una frase que aparece en el Nuevo Testamento.

Narró un relato apócrifo del presidente George Washington orando en Valley Forge en el invierno de 1777-1778, un momento que se ha convertido en piedra de toque para algunos cristianos que sostienen que los fundadores concibieron Estados Unidos como una nación explícitamente cristiana.

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"Oremos por nuestra nación de rodillas y pidamos a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, como hizo Washington en aquel día trascendental, que Dios nos ayude", dijo Hegseth, entre los vítores de la multitud.

Con discursos y música cristiana interpretados sobre un escenario de gran simbolismo en el corazón del gobierno estadounidense, el mitin pretendía cristalizar la narrativa de que la fundación de la nación fue un proyecto intencionadamente cristiano, una interpretación cuestionada por muchos estudiosos. La separación de la Iglesia y el Estado ha sido durante mucho tiempo un principio básico de la democracia estadounidense. La Primera Enmienda establece que "El Congreso no aprobará ninguna ley que se aboque al establecimiento de religión alguna, o que prohíba el libre ejercicio de la misma".

Trump no apareció en persona, como esperaban algunos asistentes. Su participación consistió en un video pregrabado en el que leyó un capítulo del libro de II Crónicas del Antiguo Testamento. El video parecía ser el mismo que Trump grabó en el Despacho Oval el mes pasado para un maratón de lectura de la Biblia completa organizado por una activista de Texas. El pasaje es uno de los favoritos de muchos de sus partidarios cristianos, quienes lo interpretan como una llamada al arrepentimiento nacional y a la posterior bendición.

El vicepresidente JD Vance apareció en un video grabado que se reprodujo al final del día.

"Siempre hemos sido y seguimos siendo una nación de oración, y gracias a Dios por ello", dijo. En unas breves palabras en las que citó a George Washington y a Charlie Kirk, celebró los informes sobre "una oleada de jóvenes estadounidenses que vuelven a las bancas de la iglesia" y pidió las oraciones de la multitud.

Los asistentes hicieron fila durante horas a lo largo del Paseo, entre el Monumento a Washington y el edificio del Capitolio, para entrar, mientras se oía música cristiana en el escenario. Dentro del espacio donde tuvo lugar el evento, muchos de los asistentes alzaron las manos en señal de alabanza, y algunos ondearon banderas y pancartas con expresiones extasiadas de adoración. Algunos habían tendido mantas en el césped, donde hicieron un pícnic, leyeron la Biblia y oraron en pequeños grupos.

"Eventos como este nos hacen ver que no estamos solos", dijo Teresa Johnson-Hernandez, quien se presenta como candidata republicana a la Cámara de Representantes de Texas por el distrito fronterizo de Laredo. Dijo que entre sus prioridades estaban "las creencias bíblicas y los valores familiares".

En el escenario, pastores evangélicos oraron y predicaron contra un telón de fondo que incluía grandes aberturas ojivales que recordaban a las vidrieras góticas de las iglesias.

"Cuando observas la historia estadounidense, ves que Dios ha estado en el centro de nuestra nación desde su fundación en 1776", dijo a la multitud Gary Hamrick, pastor de Virginia.

"Hoy, amigos, estamos en una guerra espiritual", continuó. "Esta es una batalla en nuestros días entre el bien y el mal, entre lo correcto y lo incorrecto, entre la verdad y la mentira, entre la luz y las tinieblas".

El secretario de Estado Marco Rubio y la directora de inteligencia nacional, Tulsi Gabbard, hablaron por video. (Gabbard tiene una complicada historia religiosa, pero citó el padrenuestro, un texto cristiano, en su intervención en el mitin).

El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, apareció en persona hacia el final del programa, y pronunció una larga oración que repasaba décadas de la historia estadounidense y describía acontecimientos, desde la Guerra Civil hasta los ataques del 11 de septiembre de 2001, como momentos que mostraban la mano de Dios en la historia estadounidense.

"Por este medio volvemos a consagrar los Estados Unidos de América como una nación bajo Dios", concluyó, entre vítores entusiastas de los asistentes que llevaban horas escuchando bajo un cielo caluroso y casi despejado, con largas filas para comer e ir al baño.

Johnson ha argumentado que la separación entre Iglesia y Estado se "malinterpreta" y que "los Fundadores querían proteger a la Iglesia de un Estado invasor, no al revés".

El mitin, el principal acto religioso de los planes del gobierno de Trump con motivo del 250 aniversario de la independencia del país, reflejaba el éxito político de un movimiento cristiano de derecha que ha intensificado sus esfuerzos por acabar con la separación entre Iglesia y Estado.

Muchos de los fundadores del país eran cristianos, y las referencias a la religión están presentes en muchos de sus escritos. Sin embargo, el papel del cristianismo en la fundación de Estados Unidos es complejo, y los partidarios de una u otra ideología han utilizado datos y textos históricos para reforzar sus posiciones políticas durante décadas.

La idea de que los fundadores veían a Estados Unidos como una nación explícitamente cristiana es "absurda" y "totalmente errónea", dijo Joseph Ellis, historiador ganador del Premio Pulitzer y autor de muchos libros sobre la fundación de Estados Unidos.

En cambio, los fundadores rechazaban explícitamente una premisa que persistió durante la Edad Media, según la cual los Estados necesitaban una preferencia religiosa común para unir a la gente, dijo.

"Es una falsificación del significado de la Revolución Estadounidense", dijo.

Los cristianos conservadores durante mucho tiempo han utilizado programas educativos, activismo político e iconografía reimaginada para promover la idea de que Estados Unidos se fundó como una nación cristiana. La intensidad en torno a esta narrativa ha crecido a medida que ha disminuido la proporción de estadounidenses cristianos.

Trump llegó a la presidencia con la promesa de dar poder al cristianismo, y sus mítines fusionaron cada vez más el culto evangélico y la queja política, a medida que la actividad política de derecha se convertía en una especie de acto sagrado para muchos de sus partidarios.

En el segundo gobierno de Trump, el culto cristiano se ha convertido en rutina dentro de la Casa Blanca, y los agentes del poder republicano han infundido a sus responsabilidades públicas un sentido de misión cristiana. Hegseth ha invocado el propósito divino para justificar el poder militar estadounidense, y ha orado a "Cristo Rey" en una cena en la Casa Blanca.

El acto de oración demostró que la separación entre Iglesia y Estado estaba "bajo un ataque extremo", dijo Rachel Laser, presidenta de Estadounidenses Unidos por la Separación de Iglesia y Estado, que ha presentado siete demandas contra el gobierno relacionadas con su giro hacia el cristianismo.

"Si Trump realmente quisiera celebrar lo que es único y fundacional de Estados Unidos, celebraría nuestra promesa de separación Iglesia-Estado y la libertad religiosa para todos", dijo.

En general, los adultos estadounidenses no desean que el cristianismo sea la religión oficial del país, pero en los dos últimos años, la proporción de quienes sí quieren que lo sea ha aumentado del 13 por ciento al 17 por ciento, según una encuesta reciente del Centro de Investigación Pew.

Los republicanos son mucho más propensos que los demócratas a querer que el gobierno federal haga del cristianismo la religión oficial del país, según la encuesta.

Con el emblemático Monumento a Washington y el Capitolio como telón de fondo, el acto del domingo, que contó con una gran producción, ofreció también la oportunidad de tener un gran alcance en internet a través de la poderosa presencia del cristianismo conservador en las redes sociales. La Convención Bautista del Sur, la denominación protestante más grande del país, emitió un mensaje a sus pastores animándolos a dirigir sus cerca de 46.000 iglesias "para que se unan a ese mismo espíritu de oración este domingo".

El mitin, planeado desde hacía tiempo, tuvo un carácter casi totalmente evangélico. Varios oradores y muchos asistentes eran cristianos carismáticos, una tradición evangélica que hace hincapié en el movimiento activo del Espíritu Santo en la vida contemporánea.

Ningún musulmán apareció en el escenario, en un momento en que la hostilidad antimusulmana va en aumento en muchas partes del país. El 4 de mayo, Trump firmó una proclama en la que pedía a los judíos que también observaran un "Shabat nacional" ese mismo fin de semana.

El rabino Meir Soloveichik, rabino ortodoxo de Nueva York y único dirigente judío de la lista de oradores, subió al escenario por la tarde para contar la historia de Irving Berlin, migrante judío procedente de Rusia, que escribió la canción "God Bless America".

La canción es "un recordatorio de que el antisemitismo es totalmente antiestadounidense", dijo, en medio de un aplauso sostenido.

El siguiente orador, el senador Tim Scott, arrancó aplausos aún más fuertes cuando abrió su discurso con la pregunta: "¿Cuántos de ustedes aman a Jesús?".

Varios asistentes dijeron que la última vez que habían estado en Washington fue para participar en la protesta electoral del 6 de enero de 2021, que se convirtió en un ataque contra el edificio del Capitolio.

"Volver aquí para esto es una redención", dijo Lynna Zapata, pastora del oeste de Texas, quien añadió que ella no estaba entre quienes irrumpieron en el edificio. "Y estamos viendo el fruto de aquello por lo que rezamos hace cinco años".

Zapata dijo que su experiencia del 6 de enero llegó a ser "traumática" debido a la discordancia entre su experiencia positiva y los informes de los medios de comunicación sobre el ataque.

Hay cosas que todavía tienen que cambiar en el país, dijo Zapata. Pero volver al corazón de Washington, rodeada de gente que reza y canta música cristiana con la bendición del presidente, dijo, era una señal de que las cosas iban por buen camino.

Ruth Graham es corresponsal nacional y vive en Dallas; cubre temas de religión, fe y valores para el Times.

Elizabeth Dias es la corresponsal nacional de religión del Times, y cubre temas de fe, política y valores.

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