
Nuevas investigaciones sitúan la primera evidencia genética de perros hace 15.800 años y sugieren que los grupos de cazadores-recolectores podrían haberlos intercambiado entre ellos.
En los últimos días de la última glaciación, cuando los humanos aún cazaban con lanzas y utilizaban las paredes de las cuevas como lienzos, una nueva tendencia se extendía por el paisaje paleolítico.
Hace unos 14.000 años, las sociedades de cazadores-recolectores de toda Europa habían descubierto a los perros, según informan unos científicos en dos nuevos trabajos publicados el miércoles en la revista Nature. Los estudios proporcionan la primera evidencia genética definitiva de que los perros existieron durante el Paleolítico, antes de que los humanos desarrollaran la agricultura.
Los investigadores, que utilizaron varios métodos para analizar el ADN extraído de antiguos ejemplares caninos, identificaron perros paleolíticos en cinco yacimientos arqueológicos distintos de Europa y Asia occidental. El más antiguo de estos perros vivió hace unos 15.800 años, lo que supone un retroceso de casi 5000 años respecto a las evidencias genéticas más antiguas conocidas de perros.
Estos primeros perros procedían de yacimientos que se extienden desde el Reino Unido hasta Turquía, y estaban asociados a varias poblaciones de cazadoras-recolectoras muy diferentes. Pero los propios perros estaban estrechamente emparentados. Los investigadores descubrieron que, en los cinco yacimientos, los perros eran más parecidos genéticamente que los humanos.
"Las personas son muy diferentes, pero los perros son muy parecidos", dijo Greger Larson, paleogenetista de la Universidad de Oxford y uno de los autores de los dos nuevos estudios, realizados por grandes equipos científicos internacionales.
El hallazgo sugiere que estas primeras sociedades humanas intercambiaban perros o los adquirían unas de otras.
"Es como el equivalente de una nueva cuchilla o una nueva punta o un nuevo tipo de cultura material o forma de arte o algo así, una cosa nueva y divertida que entusiasma a todo el mundo", dijo Larson. "Y es útil, interesante y probablemente bonito".
La investigación aporta nuevos conocimientos sobre la historia primitiva de los perros, así como sobre el legado genético y la relación interespecie que se extiende hasta nuestros días.
"Es realmente un gran paso adelante en el avance de nuestros conocimientos sobre los humanos y los perros", dijo Elaine Ostrander, experta en genómica canina del Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano, quien no participó en las investigaciones.
Huesos de perro
Los perros descienden de antiguos lobos, pero cuándo y dónde surgieron exactamente aún es objeto de un intenso debate científico. Algunos científicos han sugerido que el tamaño y la forma de los antiguos ejemplares caninos indican que perros y lobos divergieron hace más de 30.000 años.
Pero estos restos pueden ser difíciles de identificar definitivamente. En algunos casos, los genetistas han determinado que restos caninos que inicialmente parecían ser de perros pertenecían en realidad a lobos ya extinguidos. En otros, no han podido recuperar suficiente ADN para determinar la especie de forma concluyente. Antes de las nuevas investigaciones, el ADN canino definitivo más antiguo databa de hace solo 10.900 años.
En uno de los nuevos estudios, los científicos reunieron y analizaron los genomas completos de ocho caninos antiguos y los compararon con lobos y perros antiguos y modernos. Concluyeron que seis de los animales tenían genomas parecidos a los de los perros. Y dos de esos perros databan del Paleolítico: un perro de 15.800 años de Pinarbasi, Turquía, y otro de 14.300 años de la Cueva de Gough, un yacimiento arqueológico en el Reino Unido.
Los genomas de esos dos perros paleolíticos se convirtieron en "la piedra de Rosetta, a falta de un término mejor, que desbloqueó todo lo que ya teníamos en nuestra base de datos", dijo Lachie Scarsbrook, paleogenetista de la Universidad de Oxford y un autor de uno de los estudios.
Esa base de datos tenía otros tres caninos antiguos, de especie desconocida. Los datos genéticos de estos animales estaban incompletos: previamente, los científicos solo habían secuenciado el ADN de sus mitocondrias, que representaba una pequeña fracción de su material genético total. (La inmensa mayoría del ADN de un animal se almacena en el núcleo celular).
Pero el ADN mitocondrial de estos tres caninos desconocidos era tan similar al ADN mitocondrial de los perros británicos y turcos que los científicos llegaron a la conclusión de que probablemente estos animales también eran perros del Paleolítico. Tenían entre 14.000 y 14.300 años de antigüedad y procedían de yacimientos de Alemania, Italia y Suiza.
En el segundo trabajo, los científicos utilizaron un método distinto para extraer y analizar el ADN de más de 200 restos caninos antiguos, incluidas muestras del mismo yacimiento de Suiza. Analizaron el ADN nuclear del mismo can que el primer equipo había identificado como un perro del Paleolítico y llegaron a la misma conclusión.
Cachorros paleolíticos
En conjunto, los investigadores hallaron pruebas de perros paleolíticos genéticamente similares en cinco yacimientos arqueológicos distintos que estaban asociados a personas de tres culturas cazadoras-recolectoras diferentes: la cultura magdaleniense, los pueblos de Anatolia y los del periodo Epigravetiense.
Se trata de "culturas totalmente diferentes", dijo Ian Barnes, paleogenetista del Museo de Historia Natural de Londres y un autor de uno de los estudios. "Presumiblemente, lingüísticamente diferentes, culturalmente distintas, ecológicamente distintas, con el mismo animal. Entonces, ¿cómo se explica esto? ¿Cómo es posible?".
Una posibilidad, propusieron los investigadores, es que los perros se extendieran por Europa cuando la cultura epigravetiense se expandió por el continente hace unos 16.000 años, y que los epigravitienses pasaran los perros a otras poblaciones de cazadoras-recolectoras que encontraron.
Aún no está claro cómo encajaron estos perros en estas sociedades. "Lo que estos animales hacían por ellos, o si simplemente les seguían, es algo que no sabemos realmente", dijo Laurent Frantz, paleogenetista de la Universidad Ludwig Maximilian de Munich y un autor de ambos estudios. Pero dadas las variadas culturas y entornos humanos, es posible que estos perros genéticamente similares realizaran trabajos distintos en poblaciones humanas diferentes.
Eso significa que, mientras que más tarde los humanos convertirían a los perros en herramientas altamente especializadas, optimizadas para tirar de trineos o escurrirse por las madrigueras de los tejones, estos perros paleolíticos podrían haber sido más bien "una navaja suiza", dijo Larson. "Los perros podrían estar haciendo cosas distintas, pero en sí los perros son todos del mismo color, la misma altura, la misma ascendencia genómica".
Según los investigadores, estas sociedades de cazadores-recolectores parecían tener una estrecha relación con los perros. En algunos yacimientos, por ejemplo, había pruebas de que los humanos tal vez habían proporcionado comida a estos primeros perros y, al morir, habían tratado sus cuerpos como si fueran humanos.
"Eso nos indica una interacción muy, muy estrecha", dijo William Marsh, paleogenetista del Museo de Historia Natural y autor de uno de los estudios.
Y lo más probable es que el legado de estos perros paleolíticos siga vivo. Cuando los primeros agricultores empezaron a llegar a Europa --al migrar desde el suroeste de Asia hace unos 9000 años-- trajeron consigo a sus propios perros. "Básicamente, hubo una mezcla de todos los perros diferentes, tanto de los grupos de cazadores-recolectores como de los grupos de agricultores", dijo Pontus Skoglund, paleogenetista del Instituto Francis Crick de Londres, quien fue un autor de ambos estudios.
Así pues, los agricultores europeos acabaron por tener perros que aún conservaban gran parte de la ascendencia de los perros que habían convivido con los cazadores-recolectores del continente. Los investigadores dijeron que los perros europeos modernos probablemente también pueden remontar gran parte de su ascendencia a aquellos cánidos.
Aun así, las preguntas más importantes sobre los orígenes del perro siguen sin respuesta.
"Es muy emocionante que tengamos esta primera visión de la ascendencia canina paleolítica, realmente temprana", dijo Skoglund.
"Pero la cuestión de dónde proceden los perros, y quiénes fueron estas personas que los domesticaron o empezaron a crear este vínculo", añadió, "aún intentamos averiguarla".
Emily Anthes es reportera científica y escribe principalmente sobre ciencia y salud animal. También cubrió la pandemia de coronavirus.
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