
En un nuevo estudio, los mieleros regentes silvestres se convirtieron en tutores vocales y enseñaron su canto desaparecido a aves de un programa de cría en cautividad.
Alguna vez, los mieleros regentes abundaron en los bosques del sureste de Australia, y se congregaban en enormes y llamativas bandadas. Hoy en día, estos pájaros cantores negros y amarillos están en peligro crítico de extinción y solo quedan unos cientos en estado silvestre.
Cuando los pájaros desaparecieron del paisaje, también lo hizo su canto característico, una melodía suave y gorjeante que los machos utilizan para defender el territorio y atraer a sus parejas. En su lugar, algunos machos jóvenes adoptaron el canto de especies totalmente distintas. Otros produjeron versiones más cortas y sencillas del canto estándar. Los mieleros nacidos en zoológicos, como parte de un programa de cría en cautividad, no aprendieron la melodía en absoluto.
Ahora, los científicos están restaurando el canto mediante el despliegue de unos cuantos mieleros expertos para que actúen como tutores vocales. Los investigadores descubrieron que los mieleros regentes que conocían el canto estándar lo enseñaban con éxito a las aves jóvenes nacidas en cautividad antes de que fueran liberadas en la naturaleza. Algunos de estas aves alumnas incluso aprendieron el canto lo bastante bien como para enseñársela a la siguiente generación, escribieron los investigadores el mes pasado en Scientific Reports.
Aunque se necesita más investigación, los científicos esperan que el programa de tutoría, que está en curso, pueda ayudar a aumentar las tasas de reproducción en la naturaleza y, tal vez, conseguir que los últimos mieleros del mundo vuelvan a cantar todos el mismo canto.
"El canto tradicional tiene algún tipo de valor intrínseco, pero también es muy importante que las aves tengan un canto estable", dijo Daniel Appleby, biólogo conservacionista de la Universidad Nacional Australiana y autor del estudio. "El canto es bastante crítico para su reproducción".
El estudio también refleja una comprensión cada vez mayor de la importancia de la cultura animal, y el reconocimiento de que los programas de conservación exitosos pueden necesitar encontrar formas de preservar comportamientos socialmente aprendidos, como el canto de los pájaros.
"A medida que la cría en cautividad para la conservación y la reintroducción se vuelve cada vez más fundamental para la supervivencia de las especies, realmente tenemos que tomar en cuenta la cultura", dijo Appleby.
La población del mielero regente se redujo drásticamente en el siglo XX, a medida que sus hábitats boscosos eran talados. En la actualidad, los científicos calculan que unos 250 pájaros silvestres viven en los bosques fragmentados del sureste de Australia, repartidos por una zona del tamaño de España.
"Así que estudiarlas es una pesadilla, como puedes imaginar", dijo Appleby, quien forma parte de un laboratorio de investigación llamado acertadamente Difficult Bird Research Group (Grupo de Investigación de Aves Difíciles).
Esta baja densidad de población puede explicar también por qué el canto del mielero empezó a cambiar. Los pájaros jóvenes suelen aprender la melodía escuchando y observando a los machos adultos, pero menos pájaros en el paisaje significaba menos oportunidades de aprendizaje.
Surgió un problema paralelo en el programa de cría en cautividad, donde los pájaros jóvenes solían tener poca exposición a los machos adultos durante su periodo crítico de aprendizaje del canto. Cuando estos pájaros nacidos en zoológicos eran liberados en la naturaleza, cantaban "cantos extraños y rudimentarios", dijo Appleby, y relativamente pocos conseguían encontrar pareja en estado silvestre.
Así que Appleby y sus colegas decidieron intentar enseñar el canto silvestre a los pájaros nacidos en cautividad en el Zoológico de Taronga y en el Zoológico de Taronga Western Plains. Durante varios años, experimentaron con diversas estrategias.
Alojaron a algunos pájaros jóvenes en pajareras con altavoces que reproducían grabaciones del canto silvestre desde el amanecer hasta el atardecer. "Eso fracasó por completo", dijo Appleby. "No notamos ninguna diferencia en los pájaros".
Pero otras aves jóvenes tuvieron tutores reales: dos machos silvestres que cantaban el canto tradicional del mielero. Cuando los polluelos jóvenes vivieron junto a estos tutores --primero en una pajarera vecina y luego en una compartida-- empezaron a cantar su melodía.
"A los tres meses, empezamos a oír nuestras primeras pequeñas interpretaciones de un canto silvestre tradicional", dijo Appleby.
Para obtener buenos resultados, los científicos descubrieron que tenían que mantener el tamaño de las clases pequeño, con no más de cinco aves alumnas por tutor. En estos grupos pequeños, muchos pájaros tutelados produjeron cantos que eran esencialmente indistinguibles del canto silvestre tradicional.
"Esos pájaros produjeron cantos muy, muy buenos, tan buenos que al año siguiente se convirtieron en tutores", dijo Appleby.
Sus alumnos, a su vez, también aprendieron el canto silvestre.
"Parece ser que podrían seguir haciéndolo durante varias generaciones del mismo modo, sin demasiados problemas, lo cual es estupendo", dijo Rebecca Lewis, científica conservacionista del zoológico de Chester, Inglaterra, quien no participó en el estudio. "Es un método sostenible".
De hecho, el programa de tutoría continúa. Los investigadores tienen previsto vigilar de cerca a los pájaros tutelados para determinar cómo les va en la naturaleza y si el canto tradicional se extiende a medida que los polluelos nacidos en la naturaleza escuchan sus cantos.
Pero el estudio demuestra que es factible que los programas de cría en cautividad tomen medidas concretas para preservar la cultura de las especies amenazadas, dijo Peter McGregor, experto en comunicación animal y canto de los pájaros del ISPA - Instituto Universitario de Portugal, quien no participó en el estudio.
"Han hecho el duro trabajo de hacer realmente estas cosas con poblaciones cautivas", dijo. "Cada vez está más claro que muchos aspectos críticos de la supervivencia y la reproducción de los animales se aprenden socialmente".
Emily Anthes es reportera científica y escribe principalmente sobre ciencia y salud animal. También cubrió la pandemia de coronavirus.
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