No todos odian las turbulencias, la comida escasa y el asiento del medio al volar

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Existen viajeros que se la pasan bien en el aire pese a las incomodidades de la aviación moderna.

Los pasajeros no necesitan que se les recuerde que la edad de oro de la aviación comercial ha quedado muy atrás. El cambio climático ha empeorado algunos tipos de turbulencias, el servicio de comidas se ha reducido al tamaño de una caja de aperitivos y las compañías aéreas han abarrotado la cabina con asientos. Y no le des cuerda al secretario de Transporte, Sean Duffy, sobre el tema de los viajeros en pijama.

Pero no todo el mundo odia las cosas que la mayoría de nosotros consideramos desagradables del transporte aéreo. Algunos pasajeros anhelan turbulencias que parezcan una atracción de Six Flags, saborean ese diminuto plato de plástico con lasaña o abarcan felizmente cada centímetro del asiento de en medio.

Por extraño que pueda parecer, estos viajeros extrañamente joviales pueden tener algo que enseñarnos al resto de nosotros sobre cómo soportar -e incluso apreciar- las pequeñas indignidades del viaje si cambiamos nuestra perspectiva.

"Todos rebajamos un poco nuestra dignidad cuando subimos a un avión", dijo Vicki Denig, de 34 años, quien escribe sobre vinos y viajes desde París y Nueva York. "Y creo que hay algo de humor en ello".

Turbulencias: los buscadores de emociones

Un capitán que advierte a los pasajeros por el altavoz de que se avecinan "unas cuantas turbulencias" puede provocar ansiedad en muchos y expectación en unos pocos. Pregunté a un piloto de línea aérea qué pensaba que impulsaba a quienes se sentían emocionados.

"A algunas personas les tranquilizan las ondulaciones de las turbulencias ligeras", dijo Patrick Smith, un piloto comercial que escribe sobre aviación. "Los ayuda a dormir".

Por supuesto, eso diría un piloto. Pero algunos pasajeros disfrutan de verdad con las turbulencias.

"Es simplemente divertido", dijo Harshit Baranwal, de 34 años, un trabajador del sector tecnológico que a menudo publica en las redes sociales sobre aviación. "Es la sensación de montaña rusa que sientes en el estómago cuando el avión sube y baja", dijo Baranwal, quien vive en Mumbai, donde los monzones pueden provocar despegues y aterrizajes agitados.

Las sacudidas leves o moderadas, parte normal del vuelo, distan mucho de las sacudidas violentas -y, en raras ocasiones, mortales- que se han hecho más comunes en los cielos a medida que el planeta se calienta. Ese tipo de turbulencia, como era de esperar, no tiene una base discernible de seguidores.

La turbulencia no es diferente del movimiento de un barco sacudido por las olas, explicó Matthew Cappucci, meteorólogo, periodista y cazador de tormentas radicado en Washington, quien ha estado obsesionado con el estado del tiempo desde su más tierna infancia. "La atmósfera es un fluido", dijo Cappucci en una entrevista, "tan fluido como un lago o el océano".

Para él, la turbulencia no es una experiencia incómoda, sino la maravilla de la física en acción.

Cappucci, como Baranwal, sabe que su entusiasmo es poco común. Hace varios años, recordó, él y su madre viajaban en un vuelo que experimentaba fuertes turbulencias. El avión hizo varias caídas bruscas, que entusiasmaron a Cappucci pero aterrorizaron a su madre. Él intentó calmarla con una alegre conversación sobre ciencia.

"Mi madre me dijo que me callara", dijo Cappucci.

Los asientos del medio: los maestros zen

Mientras que tú luchas por ganar centímetros en los reposabrazos compartidos, es difícil imaginar a esa persona inusual que se entusiasma con los asientos B y E.

Resulta que incluso el asiento del medio tiene seguidores devotos.

"Un HECHO impopular, pero alguien tiene que decirlo. El asiento del medio en un avión es el mejor asiento", escribió el creador de contenidos Joshua Whitt en una publicación de TikTok el verano pasado. "Es como un abrazo en pleno vuelo que no te mereces, pero que tienes el privilegio de tener".

Otros adoptan un punto de vista más filosófico. El acto de ocupar tranquilamente el asiento del medio, dicen, es una práctica zen, el mejor truco de la vida. Domina el asiento del medio y nada te dominará.

James Cashen, de 26 años, trabaja en publicidad y vive en Brooklyn. Pero su novia se mudó a Utah, lo que significa que está en un avión dos o tres veces al mes. Admite que es "tacaño", por lo que a menudo acaba en el asiento del medio, pero no le importa.

Su poder secreto para sobreponerse consiste en entablar conversación con los pasajeros que lo flanquean. La persona del asiento del medio influye en el estado anímico de toda la fila, dijo Cashen. ¿Se desconectarán escuchando unos pódcast, se quedarán en silencio o tendrán una conversación animada?

"Adopta el papel de líder", les aconsejó Cashen a los demás asientos centrales. "Tú eres el pegamento".

Comida de avión: los optimistas de una sola ración

A juzgar por las imágenes de las redes sociales en las que se lamentan de los pálidos cortes de pollo o de la avena arenosa, los pasajeros no se sienten especialmente afortunados, pese a los esfuerzos por mejorar esas comidas de gente como Anthony Wright, director de diseño e innovación de LSG Sky Chefs, empresa que dice producir 233 millones de comidas de avión al año.

"Las papilas gustativas de la gente cambian en el aire", dijo Wright. "Dicen que el paladar se embota". En lugar de añadir sal y pimienta, dijo, los cocineros han recurrido a especias, influidos por las cocinas de países como India y Malasia.

Pero a algunos pasajeros les encantan las comidas de los aviones tal como son.

Linda Christina Karam, de 26 años, ejecutiva de mercadotecnia que divide su tiempo entre Líbano y Dubái, dijo que le gustaba la previsibilidad de la comida de las aerolíneas. En una sociedad que sufre de fatiga de decisión, ella encuentra confort en un menú limitado.

El entorno de gran altitud también desempeña un papel importante para Karam. "Hay algo en la comida de los aviones que la hace buena", dijo. "Solo la vas a comer en un avión".

Karam se burló de quien traía comida de la terminal para comer durante el vuelo. "Eso elimina toda la experiencia del avión", dijo. Su consejo para quien dude sobre la lasaña, la ensalada diminuta o uno de esos panecillos inexplicablemente fríos funciona igual de bien en otras partes de la vida: "Tienes que arriesgarte".

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