
NUEVA YORK -- Neva Coleman estaba muy animada en Nochevieja. Eran apenas las 8 p. m. y el club privado del distrito Flatiron al que había acudido para celebrar la fiesta ya estaba en pleno apogeo. Se trataba de un público joven y elegante, con muchos peinados elaborados, terciopelo y al menos un esmoquin. Los invitados daban vueltas por la sala principal, posaban en la cabina de fotos digitales, se servían platos del suntuoso bufé de aperitivos y pedían bebidas en la barra de mármol azul ahumado.
Coleman encontró un lugar en la estación de propósitos. Garabateó su intención para 2026 en un trozo de papel, lo metió en un sobre y lo pegó en un tablero de anuncios. "Mi propósito", gritó por encima del ruido de la música disco a un par de mujeres que también estaban poniendo ahí sus esperanzas y sueños, "es que este año quiero iniciar una revolución de chicas fiesteras sobrias".
Divisó a un cuarteto de colegas estrellas emergentes de TikTok sobrias, se ajustó la blusa plateada sin tirantes, cruzó la sala a toda prisa y anunció su noticia. "Apenas volví de Florida, donde grabé 'Rise Above'", dijo Coleman, más conocida en las redes sociales como @soberpartygirlll.
El grupo gritó de alegría y levantó sus bebidas en señal de brindis, algunas de ellas ansiosas por hablar de sus recientes apariciones en pódcasts. Rachel Hechtman, de 36 años, conocida por sus casi 24.000 seguidores en Instagram como @soberincentralpark, apenas había sido invitada a "Dopey", una versión cómica de la categoría de pódcasts sobre rehabilitación. El episodio de Hechtman se titulaba "Esnifé la cocaína de Paris Hilton, trafiqué en Dartmouth, pasé cuatro meses de infierno psicótico y tuve un matrimonio secreto". Se estrenó en Nochebuena.
Coleman y su grupo eran algunas de las 110 personas que habían optado por celebrar el Año Nuevo en The Maze, el último en incorporarse a la profusión de clubes cada vez más exclusivos de la ciudad. Al igual que otros espacios privados, The Maze cuenta con cómodos sillones y un restaurante que prepara platos dignos de Instagram. Pero sus camareros no sirven martinis ni Malbec. The Maze podría ser el único club privado sin alcohol de Nueva York.
"No servimos alcohol y esperamos que los socios y los invitados permanezcan sobrios en el local", explicó Justin Gurland, fundador y propietario del club. Pero el club está dirigido a una generación que considera que la sobriedad no tiene por qué limitarse a las reuniones de Alcohólicos Anónimos en los sótanos de las iglesias. "No imponemos normas sobre la vida fuera del Maze", añadió Gurland.
"Me gusta tener varias formas de mantener mi sobriedad", comentó Bri Pecora, que llevaba una blusa negra sin tirantes y pantalones capri ajustados, y es conocida por sus casi 10.000 seguidores en TikTok como @morefunwithoutit. "Las sesiones de AA son geniales, pero a veces pueden estar enfocadas en Dios".
Con una cuota anual de 3300 dólares (más una cuota única de iniciación de 1500 dólares), The Maze apuesta por el decreciente interés por el alcohol entre los jóvenes con un ingreso discresional. Una encuesta reciente de la empresa de investigación global Gallup reveló un pronunciado descenso en el número de adultos de entre 18 y 34 años que beben alcohol de manera habitual en comparación con generaciones anteriores.
Gurland y su socio en la empresa, Dan Brody, son expertos en rehabilitación. Estos viejos conocidos se hicieron amigos hace cinco años, cuando Gurland, que está a punto de celebrar 18 años sin consumir sustancias, ayudó a Brody a superar sus primeros pasos en la sobriedad. Mantuvieron su amistad mientras ambos desarrollaban sus carreras en el sector de los centros de rehabilitación. Tras varios años trabajando en el llamado espacio de la sobriedad, decidieron crear uno propio en un antiguo restaurante japonés que estaba vacío en la calle West 24th Street.
El lugar tiene el aspecto de un club de caballeros de otra época: ricos pisos de madera, una combinación de colores verde oscuro y burdeos y un predominio del mármol. Pero es decididamente moderno. El nombre del club, que aparece escrito a mano en letras doradas en el cristal esmerilado del exterior, es también el título de una de las canciones favoritas de Gurland, del grupo de jam Phish. (Gurland, que en su día se autodenominaba "fan incondicional de Phish", ahora pertenece a Phellowship, un grupo de apoyo para fans sobrios de Phish).
Algunas de las 130 personas que se han hecho miembros de The Maze están en recuperación activa, aseguró Gurland, y muchas de ellas asisten regularmente a reuniones de Alcohólicos Anónimos. Pero muchos de los que se han unido simplemente sienten curiosidad por la sobriedad.
"Algunas personas dicen: "Solo bebo en las bodas", y otras dicen: 'Simplemente, no quiero estar en un ambiente que gira en torno a la bebida'", comentó Brody, que entrevista a los solicitantes y estima que la mitad de los miembros están completamente sobrios. Otros miembros, como Bryan Linnell, de 32 años, consultor de gestión, se encuentran en otro punto del espectro de la sobriedad.
En septiembre, Linnell se enteró de que había sido aceptado en el Maratón de Tokio y, de inmediato, él y su prometida, Christine Beaudet, hicieron un recorrido guiado por The Maze. Aunque el club no abriría hasta dentro de un mes, se unieron en seguida. "Nos llamó la atención que fuera un lugar de encuentro sin la presión del alcohol", relató Linnell. Se inspiró en su jefe, un maratonista que vive en Londres y renuncia a su querida Guinness cuando entrena para una carrera. "No he estado bebiendo y pensé que unirme al club me ayudaría a concentrarme en mis objetivos", afirmó Linnell.
Antes de convertirse en una influente de la sobriedad, Hechtman tenía un trabajo bastante intenso en una organización sin ánimo de lucro y no estaba contenta con su peso y su relación poco saludable con el alcohol. "Seguí probando Weight Watchers, pero nunca funcionó porque me bebía todos mis puntos", dijo. Su madre le sugirió que probara Dry January, y así lo hizo. "Empecé a pasear por Central Park con mi perro y a publicar videos en Instagram", agregó.
Cinco años después, Hechtman ha perdido 36 kilos y ya no trabaja en su antiguo empleo. Se centra en @soberincentralpark y sus negocios derivados. Además de trabajar como consultora para marcas de bebidas sin alcohol, también es asesora de sobriedad. Hechtman proporciona a sus clientes un programa de ejercicios de escribir entradas de diario, controles todos los días y sesiones individuales semanales.
"La mayoría de mis clientes no quieren ir a Alcohólicos Anónimos porque no les gusta la palabra "alcohólico" o viven en una comunidad pequeña y no quieren que sus vecinos se enteren", explicó.
Coleman (@soberpartygirlll) está aún más decidida a reinventar la percepción pública de la sobriedad. "Me tomo mi sobriedad muy en serio", dijo, "pero no demasiado".
Sus videos recientes se centran en las citas en la peluquería o en los conjuntos de diseño que lleva a las reuniones de AA. Sus publicaciones dan un giro inspirador al mundo de la rehabilitación y afirma que su mensaje resuena con la gente. "He recibido comentarios de personas de Estados Unidos, Reino Unido y Dinamarca", enumeró. "Acabo de recibir un mensaje directo de una mujer australiana".
Esta atención le resulta familiar a Holly Whitaker, cuyo provocativo manifiesto antialcohólico de 2019, "Quit Like a Woman" (Deja de beber como una mujer), la catapultó a la fama como influente de la sobriedad. "Quería ser el ejemplo perfecto de la sobriedad", aseguró Whitaker recientemente, "porque solo quería que el mundo estuviera sobrio". Pero últimamente ha estado considerando las consecuencias de crear una marca personal en torno a la sobriedad.
"Hay un daño en presentarlo como una opción de vida aspiracional", dijo. "Porque lo que pasa es que cambias. ¿Y qué pasa si vuelves a beber? ¿Tanto en términos de lo que te pasa a ti como a las personas que se han proyectado en ti? El trabajo de sanación es sucio. Tiene altibajos. Todavía no estamos preparados para mostrar eso como influentes".
Al acercarse la medianoche en The Maze, una flotilla de meseros surgió de las sombras con bandejas de espumoso rosado sin alcohol para brindar por el Año Nuevo. El reloj marcó las 12 y cientos de globos dorados llovieron desde el techo. A medianoche, los juerguistas comieron un tentempié de papas fritas y hamburguesas. Coleman y una joven con un corte de pelo rubio platinado y un vestido largo blanco juntaron las mejillas para tomarse una selfi y luego abrieron sus aplicaciones de Uber.
"Mi Uber está a un minuto", dijo Coleman. "Ya pedí uno".
Asistentes a una fiesta de Nochevieja sin alcohol en The Maze, un club privado sin alcohol en Manhattan, el 31 de diciembre de 2025. (Ye Fan/The New York Times)
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