El Barcelona sigue muy endeudado. ¿Puede arreglar sus finanzas?

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El pasivo del FC Barcelona ha alcanzado los 2500 millones de euros, resultado de una mala gestión financiera y una ambición desmedida.

El FC Barcelona es famoso por batir récords futbolísticos.

A lo largo de los años, este club plagado de estrellas ha ganado un título tras otro y se ha convertido en una de las marcas más conocidas de todo el deporte. Pero bajo la superficie hay un logro menos elogioso: el Barcelona es, con diferencia, el equipo más endeudado de la historia del fútbol mundial.

El pasivo del Barcelona ha alcanzado los 2500 millones de euros (2900 millones de dólares), según el tesorero del club. Esa carga, relacionada en su mayor parte con la remodelación de su estadio, la cual, según el club, debe considerarse por separado del resto de su deuda, es aproximadamente el doble que la de su gran rival, el Real Madrid. Es el resultado de una vertiginosa combinación de mala gestión financiera y ambición desmedida.

Joan Laporta, presidente del club, intenta evitar que los problemas financieros afecten el rendimiento del 28 veces campeón de España en la cancha. Esto se ve dificultado por la singular estructura del Barcelona, que se asemeja más a un estado-nación que a una operación comercial.

Al igual que el Real Madrid, el Barcelona no está dirigido por inversores, sino por socios, que pagan una cuota anual de algo más de 200 euros. Cada media década, más o menos, las listas de candidatos realizan campañas de tipo político, y los socios --unos 150.000 en el Barcelona-- eligen a un grupo de líderes para que dirijan el club en su nombre. La próxima votación en el Barcelona está prevista para el primer semestre del año.

Laporta se presenta a la reelección para un mandato de cinco años y su campaña se basa en que el club está gastando para salir de la crisis. Es un populista carismático que ha derrochado en la compra de jugadores caros y se ha embarcado en una costosa y muy retrasada reforma del Camp Nou, el famoso estadio del Barcelona, con la que confía en devolver la estabilidad financiera al club.

Esta apuesta se puso de manifiesto el año pasado, cuando el Barcelona pasó meses jugando partidos en estadios más pequeños, incluido uno con capacidad para solo 6000 espectadores. El equipo regresó al estadio --ahora conocido como Spotify Camp Nou-- en noviembre, pero la asistencia se ha limitado a menos de la mitad de la capacidad del estadio, 105.000 espectadores, hasta que finalice el problemático proyecto de construcción.

La mayor parte de la deuda del Barcelona se compone de 1500 millones de euros de financiación a largo plazo recaudados para pagar la mejora del estadio, un proyecto que debería haber concluido antes de la temporada actual. El resto del pasivo se debe al compromiso de Laporta de mantenerse competitivo, cueste lo que cueste, fichando a algunos de los mejores talentos del fútbol mundial.

Laporta describió el club como en "quiebra técnica" en 2022, cuando regresó como presidente por segunda vez. Fue elegido tras la destitución de una junta directiva bajo la cual las pérdidas crecieron hasta superar los 500 millones de euros, según las cuentas presentadas por la junta de Laporta, que sus predecesores han cuestionado.

Laporta ganó su puesto con promesas temerarias de mantener la competitividad del Barcelona, incluso cuando atravesaba una de las peores crisis de su historia. No solo sus finanzas eran un caos, sino que el club y los miembros de su anterior junta directiva se enfrentaban a investigaciones penales.

Para cumplir sus promesas, Laporta ha apostado el futuro de la institución de 125 años al recaudar cientos de millones de euros mediante la venta de los derechos de futuros ingresos a inversores externos. Algunos consideran que sus agresivos esfuerzos por apuntalar las finanzas del club han mancillado la reputación de una de las marcas más laureadas del fútbol.

El club vendió el 25 por ciento de sus ingresos provenientes de derechos mediáticos nacionales durante 25 años a Sixth Street, una empresa de inversión global, por 667 millones de euros. A lo largo del contrato, el Barcelona deberá redirigir unos mil millones de euros a Sixth Street, en caso de que los derechos nacionales de la liga mantengan los valores actuales.

En una respuesta a preguntas por correo electrónico, el Barcelona señaló que si bien el club ha vendido un porcentaje de sus derechos televisivos, dicho activo volverá al club cuando finalice el contrato.

Otro acuerdo, relacionado con una plataforma digital para el club, ahora es objeto de litigio entre el Barcelona y sus socios y ha sido reducido a un valor inferior.

El Barcelona señaló en sus cuentas financieras que, sin las ventas de activos, el club habría perdido el equivalente a casi 1000 millones de euros en las cinco temporadas hasta 2025.

En la cancha, el planteamiento de Laporta ha funcionado en gran medida, ya que el Barcelona ha ganado dos títulos de liga desde su regreso a la presidencia y alcanzó las semifinales de la Liga de Campeones la temporada pasada. Casi al ecuador de la actual temporada de liga, el Barcelona ocupa el primer puesto.

Pero hay pocos indicios de que las finanzas del equipo se estén estabilizando. Solo las normas fiscales de la liga española, que en líneas generales pretenden limitar la cantidad que los equipos pueden gastar en jugadores en relación con los ingresos del club, han actuado como freno al gasto del club.

Marc Duch, asesor fiscal y socio del Barcelona desde hace muchos años dijo que el rígido reglamento de la liga le ha impedido al club endeudarse más. En general, se muestra más crítico con la gestión de la liga. Con frecuencia, el club se ha enfrentado a disputas poco edificantes con la liga sobre la inscripción de nuevos jugadores debido a esas normas.

Algunos acuerdos de patrocinio también han llamado la atención.

En noviembre, un acuerdo con una desconocida empresa emergente de criptomonedas suscitó las críticas de los aficionados, el club emitió rápidamente un comunicado distanciándose del criptotoken de la empresa, y esta semana se ha informado que el club iba a renunciar al acuerdo. En julio, el Barcelona también suscitó el escrutinio de grupos de derechos humanos tras firmar un acuerdo de patrocinio con la República Democrática del Congo. Y en 2024, se asoció para desarrollar un proyecto de telecomunicaciones con una empresa poco conocida, con sede en Emiratos Árabes Unidos, dirigida por un empresario moldavo, quien también se comprometió a gastar millones de euros en licencias de compras de asientos en la sección VIP del estadio.

El club se ha batido con auditores para que aprueben sus cuentas financieras y fue sancionado por el organismo rector del fútbol europeo por sus prácticas de contabilidad, incluida una multa multimillonaria en julio, un castigo que podría haber sido mucho peor, ha dicho Laporta.

"Me preocupa el desbarajuste general del club, tanto económico, institucional y social", dijo Víctor Font, empresario que planea presentarse a la presidencia del Barcelona, tras perder frente a Laporta en las últimas elecciones. Añadió que aunque la situación que heredó Laporta haya sido muy mala, ya se ha agotado el tiempo para las excusas.

Sin duda, el Barcelona sigue siendo una máquina de generar dinero, con ingresos anuales de unos mil millones de euros.

La financiación del proyecto del estadio, acordada por Goldman Sachs, exige que el equipo empiece a hacer grandes pagos del préstamo solo cuando el estadio esté plenamente operativo. Los reembolsos más importantes se han aplazado hasta 2033, a un tipo de interés promedio de más del 5 por ciento, muy superior a la tasa de interés de la deuda dada al Real Madrid para ayudar a renovar su estadio.

En última instancia, el Barcelona espera generar 350 millones de euros al año con las operaciones de su estadio, más del doble de lo que ganaba antes de la remodelación. Esa cifra, que el club califica de "conservadora", supera la de cualquier otro equipo, salvo el Real Madrid.

Pero gran parte de esos ingresos extra se destinará a pagar la deuda del estadio. Al mismo tiempo, Laporta está siendo presionado por la Liga para que reduzca la nómina del club respecto a las exorbitantes cifras que pagaba cuando contaba con jugadores como Lionel Messi.

El Barcelona dijo que se enfrentaba a un mercado inflacionista de jugadores que ya no es capaz de enfrentar con las mismas herramientas que otros clubes. Su condición de socio excluye la fuente de dinero fácil a la que han recurrido la mayoría de los grandes clubes: los inversores ricos.

Las finanzas del Barcelona se sustentan en sus socios, que son en su mayoría aficionados comunes y corrientes, y no oligarcas, magnates del capital riesgo o jeques árabes, de quienes muchos clubes de élite dependen para sus inyecciones de dinero.

El compromiso del club con su modelo se cuestiona ahora de un modo que nunca había ocurrido.

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, anunció que los socios del club votarán este año sobre su plan de vender una parte de las acciones del club, una medida que no hace mucho tiempo habría parecido impensable. Esto ha suscitado especulaciones sobre la posibilidad de que el Barcelona, necesitado de inversiones, siga su ejemplo.

Duch, el asesor fiscal y socio desde hace tiempo, dijo que para él, una medida así supondría el fin del FC Barcelona como es ahora, por la sencilla razón de que ya no sería de los aficionados.

El Barcelona dijo que actualmente no tiene planes de vender ninguna participación.

Tariq Panja es corresponsal deportivo mundial y se centra en historias en las que el dinero, la geopolítica y el crimen se cruzan con el mundo del deporte.