Ciclón en Sri Lanka: las lluvias causan la muerte de más de 350 personas

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La historia reciente de Sri Lanka ha estado plagada de graves contratiempos. Pero el presidente Anura Kumara Dissanayake ha declarado que el ciclón que azotó el país la semana pasada es la "mayor y más difícil catástrofe natural de nuestra historia".

En 2004, cuando esta nación insular de 22 millones de habitantes intentaba poner fin a una guerra civil que duraba décadas, el tsunami del océano Índico mató a decenas de miles de personas y causó daños por miles de millones de dólares. En los últimos años, Sri Lanka se ha enfrentado a atentados terroristas, a la pandemia de covid y a un colapso económico que hizo que se agotaran los suministros de alimentos y combustible.

Entonces, a finales de la semana pasada, el ciclón Ditwah tocó tierra, desatando una ola de inundaciones y deslaves por todo el país y sumergiendo ciudades enteras. El lunes, el número de muertos superaba los 350, había centenares de desaparecidos y decenas de miles de desplazados.

"La magnitud estimada de la destrucción es grave", dijo Dissanayake.

Las inundaciones y los deslaves han afectado a más de un millón de personas, y los esfuerzos de respuesta de emergencia se han visto desbordados. El lunes, los equipos de rescate, ayudados por personal y aviones de la vecina India, seguían intentando llegar a zonas que habían quedado inaccesibles. Más de 15.000 viviendas han sido destruidas, según una evaluación de Naciones Unidas publicada el domingo.

El ciclón se ha desplazado hacia la costa meridional de la India, pero se preveían más lluvias torrenciales e inundaciones en algunas partes del país, favorito de los turistas por su belleza paisajística y sus lugares patrimoniales.

Vinya Ariyaratne, presidente del Movimiento Sarvodaya Shramadana, una de las mayores organizaciones de desarrollo comunitario de Sri Lanka, dijo que los 25 distritos del país se habían visto afectados, y que las inundaciones y los deslaves habían tenido graves repercusiones en unos 22 de ellos.

"Todo el país es una zona catastrófica, excepto unos pocos lugares", dijo. "Esa es la diferencia entre el tsunami y esto: el tsunami solo afectó a las zonas costeras".

"Los daños son masivos, masivos en cuanto a infraestructuras, viviendas, medios de subsistencia y también empresas", dijo.

En el este del país, una región asolada por la campaña del ejército de Sri Lanka contra los insurgentes Tigres de Liberación del Eelam Tamil durante la guerra civil, el ciclón ha agravado las heridas del conflicto.

Krishnapillai Pragash, de 50 años, se dedica a la agricultura en el distrito de Batticaloa desde que tenía 15 años y dijo que seis de sus 10 acres de tierra fueron destruidos.

En el tramo final de la guerra civil, que terminó en 2009, Pragash se había trasladado a Catar para trabajar como obrero migrante. Según dijo, la agricultura se había vuelto difícil debido al acoso constante de los militares, que veían con recelo a la población tamil local.

En 2018, Pragash volvió a la agricultura. Antes de que llegara el ciclón, estaba empezando a recuperarse de la devastadora decisión del gobierno de restringir los fertilizantes químicos, impuesta en parte para preservar las menguantes reservas de divisas ante el inminente colapso económico. Las interrupciones del transporte durante el bloqueo de la pandemia se sumaron a la miseria.

"Por ahora estamos a salvo", dijo por teléfono. "Pero la cuestión es cómo se va a reconstruir en el futuro".

En el distrito costero de Gampaha, en el oeste, más de 17.000 personas fueron trasladadas a centros de seguridad establecidos por organismos de ayuda. Otros se refugiaron en una hilera de tiendas de campaña que salpicaban la carretera principal para vigilar sus casas en el pueblo de abajo, aunque las edificaciones estuvieran sumergidas en el agua.

Ganga Niroshini, de 46 años, dijo que mantuvo una linterna apuntando hacia su casa toda la noche desde un refugio improvisado.

"Nuestra zona es conocida por las drogas", dijo. "Tenemos miedo de que los drogadictos entren en nuestras casas cuando baje el agua, o nos roben los vehículos".

Algunos servicios empezaban a volver a la normalidad. El lunes, las autoridades habían restablecido parcialmente los servicios ferroviarios, la electricidad y las telecomunicaciones. Pero llevará tiempo reparar la infraestructura del país, con al menos 10 puentes dañados y más de 200 carreteras principales que permanecen "intransitables", según la autoridad de desarrollo de carreteras del país.

El acceso al agua potable seguía siendo un grave problema en amplias zonas del país.

El esfuerzo de reconstrucción será un reto para el gobierno, que llegó al poder el año pasado gracias a un gran movimiento de protestas que derrocó a una poderosa dinastía a la que muchos ceilandeses culpaban de gestionar mal la economía. Dissanayake intentaba volver a encarrilar el país con un rescate del FMI y recortes de costos.

"Con la nación afectada de pies a cabeza, se trata de un ejercicio sumamente difícil que hay que conquistar", dijo el presidente el domingo.

Mujib Mashal es el jefe de la corresponsalía de The New York Times para el sur de Asia. Encabeza la cobertura en India y la diversa región que la rodea, incluyendo Bangladés, Sri Lanka, Nepal y Bután.