¿‘Trabajo bajo demanda’ se ha convertido en un término negativo?

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Especial para Infobae de The New York Times.

Cuando más de 11.000 guionistas de cine y televisión del Sindicato de Escritores de Estados Unidos se fueron a huelga este mes, denunciaron condiciones laborales cada vez peores, criticaron los pagos injustos y afirmaron que les preocupa perder sus empleos debido a la inteligencia artificial.

Una de sus exigencias sobresalió: los escritores de Hollywood quieren que los estudios les garanticen semanas de trabajo en cada contratación, lo que les daría algo de certidumbre, en lugar de un método nuevo en el que se les contrataría por día. En otras palabras, quieren evitar volverse parte de la economía bajo demanda.

Adam Conover, un comediante, mencionó que los estudios estaban tratando de “emplearnos un día a la semana como si fuéramos choferes de Uber”. David Simon, creador de “The Wire”, escribió que el guionismo se había convertido en una “economía bajo demanda despiadada”. Lisa Takeuchi Cullen, escritora y productora de “La ley y el orden: Unidad de Víctimas Especiales”, tuiteó: “Luchamos para que el guionismo sea una carrera y no un trabajo barato”.

En una entrevista, Takeuchi Cullen declaró: “Estamos viendo un futuro en el que se puede contratar a los escritores por día para trabajar en una serie que ya se está emitiendo”. Según ella, los guionistas siempre han laborado de forma independiente, pero los acuerdos por día son más impredecibles y dificultan sus situación, ya que no pueden predecir sus finanzas o pagar la renta. “De repente, un guionista de televisión tiene que ir de trabajo en trabajo para tratar de completar un ingreso anual”.

En otras palabras, para algunos, el trabajo bajo demanda se ha convertido en un sinónimo de inestabilidad y salarios bajos. Eso es lo que pensaron también los legisladores estatales de Minnesota cuando este mes aprobaron una propuesta de ley que garantizaría un pago mínimo para los choferes de Uber y Lyft, lo que consideran que daría un cierto nivel de seguridad a una carrera difícil. El gobernador vetó la propuesta el jueves, señal de cuán complicada se ha vuelto la cuestión de las protecciones para una fuerza laboral específica.

La huelga y las exigencias de los escritores han vuelto a centrar la atención en el trabajo bajo demanda, en el que es posible que alguien trabaje para una variedad de compañías o para sí mismo, a menudo con horarios irregulares. Es un concepto antiguo en algunas profesiones: los músicos tocan en distintos eventos y otros artistas y personas creativas trabajan en sus propios horarios y venden sus obras.

Louis Hyman, autor de un libro sobre la economía bajo demanda y el trabajo temporal, explicó: “El trabajo bajo demanda se ha vuelto un término negativo. Hace diez años, todavía implicaba la posibilidad de libertad en comparación con el trabajo fijo de horario corrido. Pero ha pasado de ser una posibilidad de libertad a ser una certeza de inseguridad”.

Es difícil determinar el tamaño de la fuerza laboral bajo demanda en Estados Unidos en la actualidad, en parte porque el trabajo bajo demanda tiene muchos significados posibles. La mayoría de los cálculos, entre ellos los realizados con datos federales y los de estudios académicos, indican que entre el 10 y el 15 por ciento de los trabajadores estadounidenses dependen de trabajos alternativos o bajo demanda, o participan en ellos, aunque algunas estimaciones indican que hasta una tercera parte de los trabajadores del país reciben ocasionalmente algún tipo de ingreso suplementario por este tipo de trabajo.

Pese a que los choferes de Uber, Lyft, DoorDash e Instacart constituyen solo un pequeño porcentaje de esta fuerza laboral, sus preocupaciones (el hecho de ganar menos dinero, los gastos en aumento y los crecientes peligros de su trabajo) han hecho eco en toda la industria del trabajo bajo demanda.

En todo el país han surgido disputas amargas entre los defensores de los trabajadores y las empresas sobre si realmente los conductores deberían ser considerados parte de la economía bajo demanda. Los activistas laborales sostienen que las plataformas están clasificando mal a sus choferes como contratistas independientes y, con ello, los están privando de protecciones laborales y prestaciones para empleados sin permitirles actuar de manera totalmente autónoma. Las empresas afirman que los conductores prefieren la flexibilidad de ser independientes y que han establecido algunos acuerdos que ofrecen beneficios limitados, pero mantienen esa flexibilidad.

Algunos conductores señalan que han visto disminuir sus salarios. Eid Ali manifestó que, cuando comenzó a trabajar para Uber y Lyft en Minnesota hace casi una década, ganaba hasta 400 dólares a la semana por conducir a tiempo completo. En los últimos años, esa cifra ha descendido a 100 o 150 dólares, antes de los gastos, por la misma cantidad de horas manejadas.

Ali relató que los conductores como él “se dieron cuenta poco a poco”. Agregó que los conductores al principio se mostraban entusiasmados con los beneficios de ser un trabajador bajo demanda: un salario decente y flexibilidad. Ahora, más bien intentan disuadir a otros de dedicarse a ese tipo de trabajo.

Comentó: “Solían decir algo positivo de la economía bajo demanda: ‘Sí, estamos ganando lo suficiente para alimentar a nuestras familias, es flexible, trabajamos cuando queremos’. Eso ya no ocurre. Se acabó”.

Ali, quien es presidente del grupo de activistas conocido como Asociación de Conductores de Uber/Lyft de Minnesota, ayudó a impulsar la propuesta de ley del trabajo bajo demanda de dicho estado.

Otros indican que no han visto una gran erosión en la promesa del trabajo bajo demanda. Aún es una forma popular de generar ingresos adicionales, y una coalición llamada Protect App-Based Drivers and Services, que cuenta con el respaldo de las compañías de trabajo bajo demanda, expresó que las ganancias de los choferes están al alza. La coalción señaló algunos acuerdos (como la Propuesta 22 en California, que prohíbe que los conductores sean clasificados como empleados, pero les da un salario mínimo y prestaciones limitadas) como señales de progreso.

Molly Weedn, una vocera de la coalición, declaró: “Más de 1,3 millones de californianos eligen trabajar con alguna plataforma de entrega de mercancías o de transporte privado a través de aplicaciones porque este tipo de trabajo ofrece ganancias garantizadas y prestaciones como el acceso a un estipendio para atención médica”.

Alexsiya Flores, una conductora bajo demanda de medio tiempo para empresas como DoorDash y Shipt, un servicio de entrega, mencionó que no ha “visto tanto retroceso; he visto que las cosas mejoran” debido a iniciativas como el pago mínimo de la Propuesta 22.

Flores, una cineasta de Los Ángeles que es parte de la coalición de la industria, dijo: “Siempre busco actividades que tengan flexibilidad”.

Aun así, los expertos laborales y los activistas dicen que el término “trabajo bajo demanda” se ha convertido, en la mente de muchos, en un sinónimo de trabajo mal pagado o explotador, en parte debido a cómo percibe la gente a las compañías como Uber.

Laura Padin, directora de estructuras de trabajo en el Proyecto de Ley de Empleo Nacional, el cual ha argumentado que los conductores bajo demanda deben ser clasificados como empleados, opinó: “Uber y Lyft han hecho que esa connotación negativa sea más prominente. Ha habido un cambio en lo que la gente ve en ese tipo de empleos. La gente se ha dado cuenta de que no son tan buenos como parecían” en un principio.

Los salarios bajos y las condiciones de trabajo insatisfactorias están lejos de ser exclusivos de la economía bajo demanda, e incluso podrían ser las razones por las que el trabajo bajo demanda sigue creciendo a pesar de sus desventajas.

Hyman, el autor de un libro sobre este tema, concluyó: “Este tipo de trabajos mal pagados ofrecidos por las plataformas solo son posibles porque el resto de la economía le ha fallado al trabajador estadounidense”, y argumentó que el estrés financiero para los trabajadores en las industrias minorista y de servicios hizo que Uber pareciera una alternativa favorable.

Cuando más de 11.000 guionistas de cine y televisión del Sindicato de Escritores de Estados Unidos se fueron a huelga este mes, una de sus exigencias sobresalió: quieren evitar volverse parte de la economía bajo demanda. (Hilary Swift/The New York Times)

Un viajero sube a un auto de un servicio de transporte privado en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy, en Nueva York, el 19 de abril de 2022. (Gabby Jones/The New York)