Censura en Instagram y Facebook: ¿quién decide qué podemos decir en las redes sociales?

Este fin de semana, la empresa de Mark Zuckerberg desactivó mensajes en sus dos plataformas más populares

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El pasado fin de semana en Francia, Instagram desactivó las cuentas de periodistas de Charlie Hebdo que habían reproducido las portadas de la revista que mostraban caricaturas de Mahoma, algo prohibído por la religión islámica. Al mismo tiempo, Facebook impedía el acceso al directo del final de vida de un enfermo incurable que reclama una “muerte digna”. ¿En qué se basan y cómo se toman estas polémicas decisiones?

La decisión de Instagram tuvo lugar en un momento simbólico para la revista francesa. Fue en la semana en la que comenzó el juicio por el atentado terrorista contra la redacción, hecho que llevó a que los dos periodistas en cuestión volvieran a difundir la portada por las que fue blanco de los yihadistas en 2015.

La decisión causó una ola de protestas, que llevaron a la ministra de Cultura de Francia, Roselyne Bachelot a recodar que en su país “el derecho a la blasfemia no puede ser reducido”. Poco después, Instagram revirtió la acción.

Estas cuentas fueron suprimidas por error. Las hemos restablecido en cuanto lo hemos sabido, y hemos pedido disculpas”, se excusó Mélanie Agazzome, directora de comunicación de Instagram para Francia y el sur de Europa.

El posteo de una periodista de Charlie Hebdo censurado en Instagram
El posteo de una periodista de Charlie Hebdo censurado en Instagram

¿Por qué la portada de Charlie Hebdo había sido censurada en Instagram, mientras en los kioscos de Francia y en la web puede verse sin problema en el marco de la ley?

Sucede que para que una cuenta sea desactivada en la red social basta con que sea señalada. ’Es posible que denuncias masivas de la portada hayan provocado la suspensión automática de las cuentas de Instagram”, apuntó la dibujante Coco en Twitter.

“El bloqueo o la eliminación de una cuenta sólo ocurre después de denuncias. Como medida de extrema precaución y seguridad, después de una denuncia masiva, eliminamos rápidamente la cuenta porque creemos que hay un peligro. A veces esto puede llevarnos a cometer errores. Seguimos siendo humanos, y la inteligencia artificial también tiene sus límites”, explicaban recientemente representantes Instagram a la revista Les Inrocks sobre decisiones de esta naturaleza.

La muerte en directo

El mismo fin de semana, Facebook, propietaria de Instagram, también incurrió en otro bloqueo en Francia. Esta vez puso fin a la difusión del fallecimiento anunciado de Alain Cocq, un hombre de 57 años aquejado de una larga enfermedad incurable y que reclama sin éxito un final de vida “digno” (la eutanasia está prohibida en Francia). En la noche del viernes, hizo saber que cesaba cualquier tratamiento y se dejaba morir en directo en Facebook. Sin embargo, la empresa de Mark Zuckerberg anunció que bloqueaba la difusión del video.

El francés Alain Cocq, de 57 años, que padece una enfermedad terminal, deseaba transmitir por Facebook su muerte, en reclamo por una ley de de muerte digna en Francia. Pero la empresa cortó la trasmisión.
El francés Alain Cocq, de 57 años, que padece una enfermedad terminal, deseaba transmitir por Facebook su muerte, en reclamo por una ley de de muerte digna en Francia. Pero la empresa cortó la trasmisión.

Aunque respetamos su decisión de buscar atraer la atención sobre este complejo asunto, en base a los consejos de expertos hemos tomado medidas para impedir la difusión en directo en la cuenta de Alain, pues nuestras normas no permiten mostrar intentos de suicidio”, declaró un portavoz de Facebook.

“Con el objetivo de promover el entorno de seguridad en Facebook, suprimimos cualquier contenido que aliente el suicidio o la automutilación, incluidas algunas imágenes explícitas (...) que según los expertos podrían incitar a ciertas personas a adoptar un comportamiento similar”, advierte la red en sus normas, que rigen para 1.800 millones de usuarios.

De la neutralidad a la responsabilidad editorial

Para Facebook, el equilibrio es difícil. Mientras Twitter ha implementado desde mayo una política de restricciones de acceso a contenidos, llegando a ocultar mensajes del mismísimo presidente de Estados Unidos, Zuckerberg es cuestionado por su laxitud hacia la intolerancia. Ello llevó a que la red social enfrente un boicot publicitario de cientos de empresas empresas que lo acusan de no hacer lo suficiente contra el racismo en la plataforma.

Lo que estos casos revelan es que atrás ha quedado la vieja pretensión de las redes sociales de ser meras plataformas neutrales, como una línea telefónica que sólo se encarga de poner en contacto a usuarios. Las normas de publicación y sus decisiones editoriales las han transformado de hecho en medios de comunicación con las responsabilidad es que conlleva. Ampliamente inspiradas en la legislación y el estado del debate de ideas en Estados Unidos, las normativas de estas redes empiezan a aplicarse al resto del mundo, más allá de la Justicia local. Es lo que ocurrió este fin de semana con la portada de Charlie Hebdo.

En un Occidente donde la opinión está cada vez más polarizada, el debate sobre qué se puede decir y qué mostrar está quedando en manos del directorio de empresas, llamadas cada vez más a resolver cuestiones que, hasta ahora, estaban en manos de gobiernos. Esta delegación de poder, sobre todo en situaciones de monopolio en que se encuentran los gigantes de internet, plantean un desafío democrático del que sólo empiezan a verse las aristas.

Publicado originalmente por RFI

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