
Cuando la futura reina de Inglaterra, Kate Middleton avanzó por el pasillo central de la Abadía de Westminster, una tiara resplandeció bajo el velo. Esa joya, conocida como la tiara Halo, no solo coronaba la ceremonia nupcial, sino también un vínculo centenario entre la casa Cartier y la monarquía británica.
Este lazo es el eje central de una exposición en el Victoria and Albert Museum de Londres, donde se exhiben más de 350 piezas, muchas pertenecientes a la colección real, según explicaron al Daily Mail Helen Molesworth y Rachel Garrahan, responsables de la curaduría del evento.
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Cartier y la corona británica: más de un siglo de fidelidad
El vínculo entre Cartier y la realeza no nació por azar, sino como respuesta directa a una solicitud del entonces monarca británico, quien impulsó la apertura de una boutique en Londres.
Esta decisión permitió que la casa parisina se posicionara entre los joyeros favoritos de la aristocracia, fabricando tiaras para nobles que no contaban con herencias familiares de ese tipo.
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Uno de los primeros encargos provino de la reina Alejandra, quien solicitó piezas elaboradas con piedras preciosas adquiridas en viajes al Oriente Medio y Asia. Esta estrategia de integración con los gustos y exigencias de la corona británica estableció una relación de confianza que perduró por generaciones.
Francesca Cartier Brickell, descendiente directa del linaje fundador, recordó que al ver las piezas de su familia en rostros tan conocidos sintió “orgullo discreto”, especialmente cuando la tiara Halo fue seleccionada para una boda real.
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Las joyas reales que definieron la historia de Cartier

- La tiara Halo: adquirida como regalo por parte del entonces duque de York para su esposa, esta pieza pasó a integrar la colección de la familia real y fue seleccionada décadas después por una nueva generación para una de las ceremonias más vistas del mundo.
- La tiara Pineflower: confeccionada con aguamarinas y diamantes, esta tiara se caracteriza por su diseño floral. Fue usada en múltiples apariciones por parte de su primera propietaria, y más tarde modificada por su nieta, quien la adaptó para crear nuevas joyas personales a partir de elementos extraídos de la pieza original.
- Broches de rubíes y diamantes: durante un período marcado por el conflicto global, la casa Cartier recibió piedras preciosas de parte de una reina para confeccionar un par de broches con forma de flores y hojas. Estas piezas, con diseño funcional de clip, podían llevarse unidas o por separado, y fueron utilizadas en varias ocasiones públicas por generaciones posteriores.
- El broche Williamson: a partir de un diamante rosa de gran tamaño, la joyería desarrolló varias propuestas, de las cuales se seleccionó un diseño que evocaba un junquillo. Engastado con diamantes blancos extraídos de la misma mina, el broche adquirió una identidad propia dentro de las colecciones reales.
- Rosa para Margarita: un broche que remite al segundo nombre de la princesa que lo recibió, con diseño de pétalos confeccionado a partir de diamantes de varias tallas. Esta pieza fue seleccionada por la princesa para retratos oficiales y ceremonias de Estado.
- La Tiara India: diseñada con inspiración islámica y oriental, la tiara originalmente incluía zafiros y perlas, que luego fueron reemplazados por diamantes. Fue transmitida dentro del círculo familiar y conservada por una princesa que la consideraba más cercana a una mitra que a un tocado real. Su nuera, en cambio, la incorporó activamente a su vestuario oficial.

Una exposición real
La muestra curada por Helen Molesworth y Rachel Garrahan expone piezas creadas mayoritariamente en la sede londinense de Cartier, muchas de ellas prestadas por el actual monarca. Según Molesworth, estas obras “demuestran la relación continua y de confianza entre las sucesivas generaciones de la familia real y Cartier”.
La exposición incluye la tiara Pineflower, aunque no la Halo, y estará disponible en el V&A South Kensington durante varios meses. Las piezas presentadas no solo evidencian la evolución estética de la casa joyera, sino también la persistencia del gusto aristocrático por sus diseños.
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