A 50 años la muerte de Eduardo VIII, el rey británico que abdicó por amor y tuvo un funeral que duró sólo media hora

El 28 de mayo de 1972 falleció en París el hombre que fue rey de Inglaterra por apenas 325 días. Prefirió renunciar al trono antes que a su relación con la estadounidense Wallis Simpson, que era divorciada y no fue aceptada como su esposa por el Parlamento. Lejos de la pompa de otros entierros reales, el suyo pasó desapercibido

La apariencia frágil y algo andrógina de Wallis Simpson rompió los cánones de belleza de su época y enamoró a Eduardo de Gales,  heredero al trono británico (Photo by Ivan Dmitri/Michael Ochs Archives/Getty Images)
La apariencia frágil y algo andrógina de Wallis Simpson rompió los cánones de belleza de su época y enamoró a Eduardo de Gales, heredero al trono británico (Photo by Ivan Dmitri/Michael Ochs Archives/Getty Images)

En la realeza británica hay dos acontecimientos que impactan por su pompa y protocolo. En primer lugar están las bodas. Y en el segundo, los funerales. Estas ceremonias suelen ser eventos grandiosos que atraen la atención de la gente, pero que también sirven para demostrar qué lugar ocupaba la persona fallecida en la familia real.

El 6 de febrero de 1952, el rey Jorge VI, padre de la reina Isabel, murió repentinamente de una trombosis coronaria. Su féretro, colocado sobre una cureña de cañón y envuelto en un estandarte blanco con leones, fue conducido por 150 artilleros navales. Una multitud silenciosa se colocó en las calles londinenses para despedir a su monarca. El Big Ben hizo sonar 56 campanadas, la edad que tenía el rey. El féretro real se expuso al público durante tres días en el Westminster Hall del Parlamento británico y una multitud se acercó a despedirlo.

El funeral de Lady Di es uno de los más multitudinarios y recordados por la sociedad inglesa. Sobre el ataúd se colocó el estandarte real, pese a que Diana, tras su divorcio, ya no era miembro de la familia (Photo by Anwar Hussein/Getty Images)
El funeral de Lady Di es uno de los más multitudinarios y recordados por la sociedad inglesa. Sobre el ataúd se colocó el estandarte real, pese a que Diana, tras su divorcio, ya no era miembro de la familia (Photo by Anwar Hussein/Getty Images)

El 30 de marzo de 2002 moría la reina Madre Isabel. Sus restos fueron llevado a la Abadía de Westminster, donde la despidió un toque de campanas que duró 101 minutos, uno por cada año de vida de la monarca. Más de doscientas mil personas lo despidieron durante cuatro días. Mil seiscientos oficiales de las tres fuerzas británicas custodiaron el féretro sobre el que lucía la corona de la reina madre. El desfile fue acompañado por la música de 128 gaiteros escoceses. En el exterior de la Abadía, la gente podía seguir la ceremonia mediante altavoces y pantallas gigantes. Para recordar el rol de la monarca durante la Segunda Guerra Mundial, mientras los restos mortales eran trasladados por las calles de Londres, la Fuerza Aérea hizo sobrevolar dos aviones y un bombardero que surcaron el cielo de Londres en esa época.

Aunque ese funeral fue impactante, no fue tan impactante como el que tuvo Diana de Gales. La organización de la ceremonia puso en aprietos a la corona británica, porque no existía protocolo para el entierro de una princesa divorciada y madre del segundo y tercero heredero al trono. La celebración fue oficiada el 6 de septiembre de 1997 en Westminster con dos mil asistentes. Tom Hanks, Steven Spielberg, George Michael, Luciano Pavarotti, Tom Cruise y Nicole Kidman estuvieron entre los invitados famosos.

Lady Di falleció el 31 de agosto de 1997 y su funeral se ofició en Londres una semana después, el 6 de septiembre. El evento paralizó Londres, donde aproximadamente un millón de personas se acercaron a ver pasar el cortejo fúnebre,  (The Grosby Group)
Lady Di falleció el 31 de agosto de 1997 y su funeral se ofició en Londres una semana después, el 6 de septiembre. El evento paralizó Londres, donde aproximadamente un millón de personas se acercaron a ver pasar el cortejo fúnebre, (The Grosby Group)

El féretro, cubierto por la bandera real con tres ramos de flores, fue trasladado en procesión sobre un carruaje arrastrado por cuatro caballos y escoltado por la guardia real desde el Palacio de Kensington hasta la Abadía. Detrás del ataúd caminaron el duque de Edimburgo, el príncipe Carlos, su hermano y William y Harry sus hijos, en ese momento de 15 y 12 años. Al paso del cortejo se podía ver a hombres y mujeres llorando desconsolados y a los servicios sanitaros atendiendo decenas de desmayos. Dos millones y medio de personas observaron la procesión fúnebre detrás de las vallas y más de dos mil millones de personas en el país y el mundo presenciaron el evento por televisión.

Más cerca de este tiempo el funeral del príncipe Felipe, duque de Edimburgo y marido de Isabel II por más de 73 años también fue impactante. La ceremonia estuvo encabezada por la monarca, quien acompañó en un automóvil al cortejo fúnebre de su marido. Caminando detrás del féretro se situaron los hijos del príncipe Felipe, los príncipes Carlos, Ana, Andrés y Eduardo. También caminaron sus nietos, los príncipes Harry y William y Peter Phillips, hijo de la princesa Ana y de su primer esposo, el capitán Mark Phillips. El funeral, sin embargo, se celebró en privado. Por la pandemia, solo 30 miembros de la familia real fueron autorizados a participar debido a las medidas de distanciamiento social.

Durante 18 años el duque de Edimburgo y esposo de la reina Isabel planeó su funeral. El mismo dejó escrito qué música deseaba que se interpretara (Photo by LEON NEAL / POOL / AFP)
Durante 18 años el duque de Edimburgo y esposo de la reina Isabel planeó su funeral. El mismo dejó escrito qué música deseaba que se interpretara (Photo by LEON NEAL / POOL / AFP)

Un año después, el príncipe tuvo su “revancha”. En la Abadía de Westminster se ofició una ceremonia en su memoria que reunió a casi dos mil personas. Como era una ceremonia conmemorativa, las royals que asistieron no vistieron de negro en su ropa sino que eligieron el verde para honrar la formación militar del homenajeado.

Los funerales de todos estos miembros de la familia real británica fueron acontecimientos históricos que todavía se recuerdan. Sin embargo, hubo uno que la Corona intentó que pasara rápido y desapercibido: el de Eduardo de Windsor. Ni la familia real, ni el Parlamento británico, ni la Iglesia y las en ese momento conservadoras familias británicas quisieron despedir con honores reales a ese hombre que el 11 de diciembre de 1936 renunció a su función real.

Eduardo VIII y Wallis Simpson el día de su boda el 3 de junio de 1937 (Central Press)
Eduardo VIII y Wallis Simpson el día de su boda el 3 de junio de 1937 (Central Press)

Eduardo VIII, que después de su renuncia al trono fue “degradado” a duque de Windsor, murió de cáncer de garganta el 28 de mayo de 1972 en París. En la capital francesa vivía con su esposa, Wallis Simpson. La historia es conocida. El heredero al trono británico, que vivía sin compromisos y alternando camas y amantes, se enamoró perdidamente de una mujer que para los parámetros de esa época era “incorrecta”.

Wallis no era británica sino estadounidense, no era royal sino plebeya y para peor no solo no era soltera sino que era divorciada y por partida doble. Al trascender el romance, sin información y mucho menos pruebas, pero con todo el prejuicio de la época, la prensa la llamó lesbiana, bruja, ninfómana, hechicera sexual, advenediza, ordinaria, espía nazi y hasta hermafrodita. Se habló de la existencia de un informe, el “Expediente China” que realizaba un recuento de brujerías y prácticas sexuales que aseguraban ella habría aprendido cuando vivió en ese país.

Los duques  de Windsor no participaban de organizaciones solidarias ni lideraban emprendimientos propios. (Photo by William Lovelace/Express/Hulton Archive/Getty Images)
Los duques de Windsor no participaban de organizaciones solidarias ni lideraban emprendimientos propios. (Photo by William Lovelace/Express/Hulton Archive/Getty Images)

El escándalo seguía cuando el 20 de enero de 1936 el rey Jorge V murió. Su hijo primogénito subió al trono con el nombre de Eduardo VIII. Su primera aparición pública fue desde una ventana del Palacio St. James, y a su lado estaba Wallis. En la intimidad anunció que se casaría con ella apenas se resolviera su divorcio. Diez meses después y antes de ser coronado, tras recibir una carta del secretario de la Casa Real, en la que le confirmaba el Parlamento no aceptaría su casamiento con Simpson, Eduardo renunciaba al trono.

“Quiero que sepan que jamás olvido mi país, ni este Imperio que como príncipe de Gales y como rey serví fielmente. Tienen que creerme cuando les digo que sin la ayuda y el apoyo de la mujer que amo me resultaría imposible cumplir con mis deberes de rey”, aseguró en su discurso de abdicación. Con el nombre de Jorge VI, Alberto, su hermano menor, asumió el trono y todavía hoy es recordado por la firmeza con la que dirigió los destinos de Inglaterra durante la guerra y se sobrepuso a su tartamudez. Reinó hasta su muerte, en 1952, para dar paso a su hija, Isabel II que sigue en el trono.

La antipatía entre la reina Isabel y Wallis Simpson fue evidente durante todo el discreto funeral
La antipatía entre la reina Isabel y Wallis Simpson fue evidente durante todo el discreto funeral

El heredero destronado y Wallis se casaron el 3 de junio de 1937 en el Chateaux de Tours, en Francia. Ningún miembro de la familia real británica asistió a la boda. Los recién casados se quedaron en París y en su casa de Bois de Boulogne, los duques de Windsor -ella había accedido al título- se dedicaron a hacer sociales con empresarios, científicos, diplomáticos y políticos de Europa y Estados Unidos. Salvo organizar reuniones, leer e ir de compras, el matrimonio no tenía otras actividades. Vivían de rentas y de los fondos que mandaba Alberto como hermano y no como rey. Para muchos, Eduardo había cambiado el Reino Unido por el reino del aburrimiento.

El duque murió a los 78 años, en París. Unos meses antes, mientras estaba de gira por Francia su sobrina, la reina Isabel II, lo había visitado. El féretro con los restos del monarca que no quiso reinar fue trasladado en avión al Reino Unido. Se llevó a cabo un funeral privado en la Capilla de San Jorge. No hubo invitados a la ceremonia pero algunas personas pusieron flores en los alrededores. No sonaron campanas ni hubo honores militares, solo el sonido de una trompeta solitaria marcó el final del oficio religioso que duró apenas media hora.

La reina Isabel camina delante de Wallis Simpson (Photo by Central Press/Getty Images)
La reina Isabel camina delante de Wallis Simpson (Photo by Central Press/Getty Images)

El entierro fue en el cementerio de Windsor y solo estuvieron presentes catorce personas. Wallis se negó a seguir el cortejo en el mismo carruaje que Isabel II. El lugar del entierro tuvo que ser acordado con la viuda ya que ella quería que su esposo descansara en el cementerio de Baltimore junto a los restos de su padre y suegro del difunto. Lejos de la máxima que asegura que la muerte a veces engrandece la visión que tenemos de las personas Winston Churchill solía decir que “Todas las ciudades del mundo deberían hacerle un monumento a Wallis Simpson porque salvó a Inglaterra del desastroso rey que hubiera sido Eduardo VIII”.

Una discreta custodia militar llevó el féretro (Photo by George W. Hales/Fox Photos/Getty Images)
Una discreta custodia militar llevó el féretro (Photo by George W. Hales/Fox Photos/Getty Images)

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