
El Escudo de las Américas responde a una lógica de acción política guiada por cierta ética que argumenta que en las relaciones regionales es evidente que existe un mundo de grupos de crimen organizado con intereses y que en su defensa hacen permanente uso de la violencia para reprimir o asesinar candidatos, periodistas, activistas y sociedad civil en general, así como para llevar adelante sus negocios ilegales. Estas acciones mantienen todo el tiempo dinámicas que afectan la gobernanza democrática y la propia democracia. Y en ese marco el dinero sucio fluye permanentemente.
Es importante la activación de decisiones políticas para enfrentar las acciones ilegales de grupos del crimen organizado, es imprescindible tener como marco de referencia una acción coordinada y procurar niveles más altos de cooperación, a la vez que se adentra en la posibilidad de la militarización de las fuerzas públicas de seguridad. Ello constituye la parte más sustancial al respecto e influye de manera gravitacional transformando las relaciones internacionales a una dimensión de responsabilidad compartida de varios países respecto a la seguridad regional; en otras palabras, se transforma en institucionalmente operativa una parte que ha estado en el terreno de las presiones o acuerdos bilaterales para inducir a la acción.
Por otra parte, también se debe tener claro el problema de tratar en una negociación con “Estados delincuentes” que se apoyan o apoyan el crimen organizado, como si fueran unos miembros más de la comunidad internacional, lo cual es un error que se repite y que se repetirá en el futuro. Probablemente se quiera creer o se le quiera dar una oportunidad más o se le quiera entender, pero todo ello es como esperar una reunión con Michael Corleone cuando él ya dio la orden de asesinarte. Debe imaginarse entonces que el crimen organizado no va a ser convencido de abandonar sus negocios sin una acción fuerte y directa contra el mismo.
Por alguna razón que se desconoce los narcoestados han estado mayoritariamente a la izquierda. Y aquellos que definitivamente son de izquierda, pero no son narcoestados han sido muy indulgentes con esos narcoestados de izquierda, algunas veces al nivel casi de complicidad. Lamentablemente esta situación ha arrastrado al multilateralismo a ser poco o nulamente operativo.
Desde el primer narcoestado en la región que fue Cuba, país que tuvo que sacrificar algunos héroes de la “revolución” para zafar del lazo, luego Noriega, hasta llegar al tristemente célebre Maduro. Todos ellos han sido amparados y cobijados por la ideología de izquierda en la región. En ese mismo sentido tenemos que agregar la operativa narco del ELN y los diferentes niveles de disidencia FARC. Quizás por eso el Escudo de las Américas ha prescindido de incluir los mismos en ningún nivel de cooperación, salvo lo que EUA pueda lograr bilateralmente como fue el caso con México y el Mencho. Y ojalá esto lleve a procesos de confianza más generalizados y a niveles de cooperación aún más importantes.
El avance tecnológico hace de la seguridad un tema cada vez más sensible y, por ello, la cooperación es vital para evitar que “Estados delincuentes” u organizaciones terroristas usen las plataformas del crimen organizado para atacar Estados democráticos, internamente o desde el exterior. La condición humana hace al funcionamiento de las relaciones internacionales y a las soluciones implementables o no para los mercados internacionales del crimen organizado dado que la argumentación depende de las razones y las emociones que el ejercicio consciente del poder siempre refiere como objeto o idea.
Esto divide la experiencia en soluciones maximalistas-zona gris-soluciones minimalistas desde la racionalidad o emotividad política que se genera para las crisis de seguridad que se deben enfrentar. Una solución maximalista es la bukelista. Pero debemos decir que la extensión de la lógica bukelista por la cual la lucha contra la inseguridad amerita una secuencia de acciones que afecta lo Derechos Humanos y el Estado de Derecho. Es decir, darle a los “delincuentes” (incluyendo sospechosos, allegados y los capturados en flagrancia) lo que se merecen sin ulteriores procedimientos o procesos. Si esta práctica se extiende tendremos una nueva dimensión de crisis de Derechos Humanos que vuelve a tener al Estado como protagonista, mientras hasta ahora ha sido el crimen organizado el responsable extendido (fuera de las dictaduras) de las más horrendas violaciones de DDHH, incluidas masacres. Simplemente manteniendo las proporciones de los 120.000 presos de Bukele en todos los países del Escudo de las Américas pasaríamos a tener millones de presos sin debido proceso ni un juicio justo. Quizás valga la pena ponderar esto de comerse a los caníbales.
La acción de seguridad parece que permanece siempre como en una dinámica latente mientras es pensada y conceptualizada, la cooperación internacional tiene que ser eficiente porque la sustancia ética de una acción tiene la obligación de hacer la diferencia lo antes posible, a no ser que nos guste vivir en “estado de excepción” permanente, porque el conflicto blando precede a la esencia del conflicto duro y es obvio que es mejor resolver el conflicto mientras es blando. Una vez que el conflicto se transforma en duro entonces las soluciones que se requieren son otras, que requieren acciones más contundentes, con mayor energía y mayor peso en el uso de la fuerza.
Se puede decir que era más fácil una acción para resolver la situación de Irán como país patrocinador del terrorismo cuando tenía un cuarto de la capacidad misilística y el enriquecimiento de uranio estaba en 30% que si se deja la situación aun para más tarde e Irán alcanza un 80% de enriquecimiento de uranio y su capacidad misilística es el doble de ahora.
Lamentablemente, el conflicto con Irán es un conflicto duro y el conflicto contra el crimen organizado es un conflicto duro también en la mayoría de nuestros países. He mencionado Irán porque ese Escudo de las Américas tendrá que esforzarse para ser también eficiente en la lucha contra el terrorismo que tiene origen en ese país, pero está extendido por la región a través de sus proxis y las células dormidas que ha venido plantando desde hace mucho tiempo. La redemocratización de Cuba, Venezuela y Nicaragua seguramente ayudaría mucho en este proceso de restablecer condiciones de seguridad regional.
Las instituciones, quizás lamentablemente, necesitan de liderazgo fuerte pues de lo contrario son proclives a ceder ante la presión, en primer lugar, del proceso político en el cual se desarrollan; para ejecutar una acción necesitan superar el condicionante humano que las lleva a mantenerse en una zona de comodidad. La búsqueda del poder en un momento determinado de la historia deja de ser una constante para la acción cuando el grupo o la persona comienza a realizar un determinado ejercicio del mismo basado en la comodidad de los intereses; esto implica generalmente que el “impulso” para llevar adelante las acciones de seguridad deja de existir.
La paz es permanentemente trabajada a través de la política con una fuerte influencia de las percepciones que las interacciones sociales van generando y que van construyendo su propio mundo de creencias. Un elemento importante de esa lógica es el mundo del poder del crimen organizado a través de los intereses materiales y de los fenómenos inducidos por los mismos como la corrupción, esos intereses son ejercidos a través de la política y de la economía, muchas veces también los mismos alcanzan su propia mecánica que absorbe o ignora al gobierno constituido llegando a construir extendidos controles territoriales.
Las transgresiones a la política o a la economía que realiza el crimen organizado en la región tiene claramente la característica de amenaza a la paz, a la democracia y a la seguridad, así como ha logrado subvertir el orden político del funcionamiento institucional múltiples veces y ha removido la fuerza positiva de la ética de muchos partidos políticos. Por lo tanto, al ejecutar estas transgresiones ese poder criminal altera principios y la aplicabilidad de las normas. Y como también tiene aliados, actúa para frenar la fuerza posible que la cooperación para la seguridad internacional debería ejercer.
Esos intentos, que hemos visto reiteradamente, de justificar lo injustificable lleva a menudo a las peores reacciones porque nos hace sentir que se trata de una argumentación o un ejercicio retórico de la injusticia. Simplemente porque es injusto que un Estado sponsor del terrorismo desarrolle sus propias armas nucleares, porque es injusto que asesine a 30.000 manifestantes, porque es injusto que haya víctimas de masacres del narcotráfico. El ejercicio del poder político debe ser consciente del mundo regional y de las responsabilidades regionales que debemos tener para que tengamos una región más segura, y también del deber de ser consciente de las capacidades que se ejercen que debe de formar parte de un proceso transparente, no solo consciente de los demás actores, sino simultáneamente consciente de las reglas que los obligan.
El actor que ejerce poder debe saber que puede actuar, pero también cómo actuar, saber que debe ser dentro de su comunidad y dentro de sí mismo. En la crisis que es base del conflicto es importante que se tenga claro cómo llenar vacíos políticos o diplomáticos con acción y como esta es consistente con la propia identidad. En general se rechaza el engaño político que significa la inconsistencia con sus propios principios ya que ello erosiona su autenticidad y su legitimidad, dos elementos fundamentales para hacer la acción sostenible. Para entender las crisis, imaginemos la presión de la acción al chocar con intereses, amenazas a los intereses y obstáculos en el terreno político internacional y como a través de estas colisiones se determinan alianzas. La determinación de estas alianzas está dada por las variables de legitimidad, coherencia y autenticidad a las que hemos referido.
La seguridad se moldea a sí misma en las variables que generan las condiciones para que sea funcional como ser Democracia, Libertad, Derechos Humanos, Justicia, Estado de Derecho, Seguridad, Igualdad ante la Ley, oportunidades naturales y que llevan a entender el alcance de la paz en su comprensión humana necesaria. Todo ello no es susceptible de lograrse sin acción: la razón humana sostiene la paz por sobre el conflicto y al contrario de lo que generalmente se cree la razón se alimenta en general de la esperanza que las cosas encuentren una solución por sí misma, es decir sin que tengamos que tomar acción para resolver los elementos y condiciones que afectan la paz, y que el conflicto o la inseguridad se terminan simplemente por implantar determinadas mecánicas. Pero debemos decir que ni aun en condiciones óptimas de construcción de mentalidad de paz la paz se genera en automático, la experiencia empírica nos muestra que si no trabajamos permanentemente las condiciones para la paz y seguridad desaparecen de nuestras vidas, sea en una escuela, en una comunidad, en una ciudad, en un país, o en las relaciones entre países. Es la parte más “perturbadora” de la naturaleza humana respecto a cómo se puede crear una mentalidad de paz generalizada y sin embargo la violencia y el conflicto erupcionan permanentemente.
* Luis Almagro es Director Observatorio Democracia, CASLA Institute
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