
Rosalynn Smith Carter emprendió el camino hacia la eternidad cuando su país es zarandeado por presiones políticas contrapuestas que sacuden el edificio republicano con una fuerza no experimentada desde la Guerra de Secesión.
Se lleva como equipaje inmortal los vestigios de la sociedad agraria norteamericana que forjó en el yunque de los sacrificios personales las bases de la modernidad. Nació en los umbrales de la Gran Depresión, evento que redujo a la pobreza al 40% de los norteamericanos y afectó con mayor fuerza a los estados del Sur cuya producción de algodón vio derretirse sus mercados. En su pueblo natal, Plains, la adversidad económica hizo estragos destruyendo familias y hundiendo a la mayoría del pueblo en una horrible desolación.
La huella de la Gran Depresión se extendió por una década marcando de manera particular a la generación de Eleanor Rosalynn Carter imprimiendo en su conducta un compromiso con el deber cívico y con la austeridad en el gasto. Ambas variables estuvieron presentes en su vida y su obra. Como joven esposa de un agricultor de Georgia se advocó a luchar por hacer llegar la justicia a muchos ciudadanos enviados a prisión por las leyes Jim Crowe que se distinguieron por endilgarle toda clase de crímenes a los afroamericanos. Logró así revertir decisiones judiciales y llevar a la Casa Blanca como niñera de su hija Amy a una mujer acusada de homicidio.

Como esposa fue la socia perfecta del político James Earl Carter quien veía en ella además de la mujer de su vida el complemento de su equipo de trabajo por su capacidad de observación y análisis. Cuando coronó su carrera con la elección a la presidencia de los Estados Unidos, Rosalynn se convirtió en su enviada especial para América Latina y en su operador para atender la crisis de enfermedades mentales en Estados Unidos.
Como Primera Dama es recordada por quienes prestaron servicios dentro de la Casa Blanca como una persona acuciosa en materia de ejecución presupuestaria. El sistema administrativo de la presidencia obliga a los jefes del estado norteamericanos a cancelar semanalmente sus gastos personales que consisten en lavandería, comida y servicios de atención a huéspedes de carácter privado. Asimismo, deben cancelar cualquier capricho gastronómico no contemplado en el presupuesto de la Casa Blanca. La Sra. Carter es recordada como una de las pocas Primeras Damas que conciliaba sus cuentas de gastos privados y estableció limites a sus hijos en lo que a estos gastos se refería. En una ocasión confió a un miembro del personal administrativo que ella pensaba que las cuentas se habían salido de su presupuesto y que se disponía a establecer correctivos al gasto de la familia. Este episodio forma parte del relato de un ex mayordomo de la Casa Blanca en el libro “The Service”.

La austeridad y discreción de Rosalynn Carter contrastaron visualmente en forma impactante en 1989 con ocasión de su visita a Nicaragua, acompañando al expresidente Jimmy Carter, quien fue a iniciar la organización del proceso electoral que en 1990 la diera la victoria a Violeta Chamorro. También concurrió a la cita David Morales Bello, Presidente del Senado de Venezuela en representación del entonces Presidente Carlos Andres Perez. Yo formaba parte de la delegación. El Jefe del Estado nicaragüense era Daniel Ortega, quien junto a su esposa Rosario Murillo ofreció una recepción a la delegación.
La foto oficial recogía a ambos mandatarios con las respectivas cónyuges. La Sra Carter llevaba una blusa de seda beige con lazo y una falda de seda pastel hasta los talones. La Sra Ortega por su parte exhibió una microfalda de cuero negro con profusión de joyas y corte de pelo gótico. Al verlas uno no podía dejar de pensar en el contraste inmenso que existe en la forma como una dama norteamericana internaliza el poder y como lo hacen en América Latina. Para la dama norteamericana, el poder es un instrumento para trabajar para los demás. Para los latinoamericanos una puerta de acceso a la buena vida.
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