Adolescentes: los nuevos espías que Putin y los iraníes reclutaron para sabotear a los países que consideran enemigos en Europa

Un reporte basado en entrevistas con policías y agencias de seis países describe captaciones en redes y videojuegos, pagos en criptomonedas y una escalada de encargos, desde propaganda hasta atentados e intentos de asesinato

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Dos hombre sentados frente al cuartel general del Servicio Federal de Seguridad (FSB) de Rusia, en Moscú.
EFE/EPA/MAXIM SHIPENKOV
Dos hombre sentados frente al cuartel general del Servicio Federal de Seguridad (FSB) de Rusia, en Moscú. EFE/EPA/MAXIM SHIPENKOV

Rusia e Irán reclutaron a adolescentes en Europa y Medio Oriente para tareas de espionaje, sabotaje y ataques por encargo, según una investigación de Financial Times basada en entrevistas con policías y funcionarios de inteligencia de seis países. El caso que abrió la alarma ocurrió en septiembre en Róterdam, donde la policía arrestó a un joven neerlandés de 17 años acusado de prestar servicios a una potencia extranjera tras ser captado por agentes rusos en Telegram.

La novedad no fue el uso de intermediarios, una práctica ya atribuida a Moscú y Teherán, sino la incorporación de menores de edad como ejecutores de bajo costo y alta exposición. Según funcionarios ucranianos citados por Financial Times, 21% de los detenidos en 2025 por colaborar con Rusia eran adolescentes, una señal de que el método dejó de ser marginal y pasó a formar parte de la lógica de la guerra híbrida.

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El patrón se repitió con pocas variaciones: contacto en plataformas opacas o masivas como Telegram, TikTok, Snapchat, Facebook, Discord o sitios de videojuegos; oferta de dinero, a menudo en criptomonedas; tareas pequeñas al inicio y misiones más riesgosas después. Para los servicios de inteligencia europeos, ese circuito convirtió a una generación de nativos digitales en un terreno de disputa entre Estados, crimen organizado y redes extremistas.

Europol ubicó a los menores como prioridad

La directora saliente de Europol, Catherine De Bolle, dijo a Financial Times que evitar que los menores fueran absorbidos por estas redes se convirtió en una prioridad central de la agencia europea. Explicó que los jóvenes son más vulnerables cuando buscan reconocimiento, atención o pertenencia y encuentran ese vínculo en interlocutores que ganan su confianza en línea.

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De Bolle describió además la lógica operativa detrás del reclutamiento: para quienes los usan, los adolescentes son prescindibles. Si la misión sale bien, el beneficio es alto; si fracasa, el costo político y judicial recae en el ejecutor y no en el Estado que lo impulsó.

Rusia e Irán explotaron así un espacio ambiguo entre la paz y el conflicto armado. Un funcionario británico de seguridad citado por Financial Times sostuvo que el anonimato digital permite a los menores involucrarse en conductas que perciben como desafiantes, sin medir de entrada sus consecuencias en el mundo real.

Ucrania detectó el modelo y vio su escalada

La táctica apareció primero en Ucrania. Hace poco más de un año, la policía ucraniana arrestó a dos grupos de presuntos agentes rusos que fotografiaban en secreto sistemas de defensa aérea en las afueras de Járkov. No eran infiltrados profesionales: eran chicos de 15 y 16 años.

Según la SBU ucraniana, habían sido captados por el FSB bajo la apariencia de una “misión” o juego de búsqueda urbana. Recibieron coordenadas por chat, sacaron fotos, grabaron videos y describieron posiciones. Moscú usó luego esa información para lanzar ataques aéreos sobre la ciudad.

La SBU dijo a Financial Times que el reclutamiento de menores y hasta de niños comenzó un año después del inicio de la guerra y ya se volvió habitual. El cálculo del Kremlin fue doble: reemplazar a simpatizantes que se alejaron por la guerra y desestabilizar internamente a Ucrania al incorporar a su generación más joven a actividades contra el esfuerzo bélico nacional.

La analista Laura Brady, de Earendel Associates, sostuvo ante Financial Times que los menores representan para Moscú “la línea de menor resistencia”. Son más baratos, preguntan menos y asumen más riesgos, resumió. Un funcionario de la SBU explicó que algunos adolescentes fueron persuadidos con el argumento de que incendiar oficinas de reclutamiento impediría que sus familiares fueran movilizados.

Los casos extremos mostraron el costo humano de esa mecánica. Según la SBU, los ucranianos más jóvenes reclutados por Moscú tenían apenas 11 años: dos niños, uno en Kyiv y otro en Odesa, a quienes les encargaron incendiar autos y cajas eléctricas en edificios residenciales.

La progresión de tareas siguió una escalera definida. Primero, panfletos antibélicos; después, incendios menores; luego, ataques que ponían vidas en peligro; al final, fabricación y colocación de bombas.

En marzo del año pasado, en Ivano-Frankivsk, un joven de 17 años murió y su cómplice de 15 perdió las piernas cuando explotó antes de tiempo un artefacto que ambos habían fabricado. Agentes rusos los habían reclutado por Telegram y les ofrecieron USD 1.700 para plantar la bomba. La SBU los definió como “agentes de un solo uso”.

La red avanzó desde la frontera ucraniana

Los primeros indicios de expansión hacia Europa aparecieron en los países vecinos de Ucrania. En Polonia, adolescentes ucranianos fueron descubiertos pintando consignas anti polacas en monumentos nacionales. En Letonia, jóvenes distribuyeron propaganda prorrusa y atacaron autos y edificios de la diáspora ucraniana.

Logotipo del Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB) con el fondo de una bandera rusa. REUTERS/Dado Ruvic/Ilustración
Logotipo del Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB) con el fondo de una bandera rusa. REUTERS/Dado Ruvic/Ilustración

En Lituania, un ciudadano ucraniano de 17 años, Daniil Bardadim, incendió una tienda Ikea en Vilna en 2024 en nombre de los servicios de seguridad rusos. Se declaró culpable y cumple una pena de tres años de prisión.

La SBU cree que el FSB dirigió los acercamientos a adolescentes en Ucrania, mientras que el GRU y el SVR estuvieron detrás de operaciones para captar menores en otros países. Funcionarios ucranianos dijeron a Financial Times que ahora asesoran a aliados europeos para detectar y frenar esa amenaza.

El director del servicio de seguridad interior de Letonia, Normunds Mežviets, describió a Financial Times la secuencia de iniciación: quemar un auto, atacar luego vehículos con matrícula ucraniana, pasar después a camiones o propiedades de exiliados y avanzar finalmente hacia infraestructura crítica. El objetivo, dijo, fue preparar emocional y psicológicamente al ejecutor para cruzar umbrales cada vez más altos.

Londres detectó una “realidad paralela”

En el Reino Unido, la Policía Metropolitana reconoció detenciones de adolescentes por sabotaje y vigilancia hostil. Dominic Murphy, ex jefe del comando antiterrorista de la fuerza londinense, dijo a Financial Times que el fenómeno apareció de golpe hace unos 18 meses y que lo sorprendieron tanto la escala como la rapidez con la que actividades digitales pasaron a misiones físicas.

Murphy señaló que la policía empezó a ver jóvenes que realizaban reconocimientos hostiles para Estados extranjeros, en particular Rusia e Irán. Definió esa conducta como una suerte de “universo paralelo”.

Datos previos de la Met mostraron que 20% de los arrestados en casos de terrorismo tenían 17 años o menos. Murphy estimó que una proporción similar de menores ahora cae detenida en causas vinculadas con seguridad nacional.

Esta semana, un tribunal del Old Bailey escuchó el caso de un adolescente noruego acusado de haber sido contratado por una banda criminal sueca utilizada por el régimen iraní para cometer un asesinato en el Reino Unido. Según la fiscalía, Johannes Natland acababa de cumplir 18 años cuando llegó al aeropuerto de Mánchester y fue guiado por sus controladores hasta un escondite con armas y un auto robado. La policía lo arrestó en una habitación de hotel en West Yorkshire antes de que ejecutara el ataque.

La respuesta a la pregunta central ya tomó forma en varios expedientes: Rusia e Irán captaron menores por plataformas digitales, los usaron para vigilancia, incendios, inteligencia o intentos de asesinato y trasladaron así parte de su confrontación con Europa y con Israel a manos adolescentes. La consecuencia inmediata fue que las agencias de seguridad trataron estas captaciones como una amenaza de guerra híbrida más que como simples delitos juveniles.

El caso neerlandés expuso un objetivo sensible

El joven de 17 años detenido en Róterdam y otro cómplice de la misma edad están acusados de usar tecnología capaz de interceptar redes wifi para espiar edificios gubernamentales y policiales en La Haya, incluida la propia sede de Europol. Según Financial Times, uno de los chicos fue contactado en Telegram por un grupo de piratería vinculado al gobierno ruso y recibió una oferta de pago por sus servicios.

Ambos siguen a la espera de una fecha de juicio. El padre de uno de ellos dijo al diario neerlandés De Telegraaf que su hijo era “ingenuo” y que nunca imaginó un riesgo de ese tipo.

De Bolle afirmó a Financial Times que la explotación de menores por parte de redes criminales y estatales es el principal foco de preocupación de Europol. Los describió como blancos “super simples” de identificar y reclutar en redes sociales y plataformas de juego.

Irán replicó el método en Israel y Europa

La expansión del modelo también apareció en el conflicto entre Israel e Irán. En marzo de este año, un chico de 14 años en Tel Aviv fue acusado de contactar a un agente extranjero y entregar inteligencia al enemigo.

Vista de la sede del Servicio Federal de Seguridad (FSB, sucesor de la KGB soviética) en la plaza Lubyanskaya de Moscú, Rusia. (Foto AP)
Vista de la sede del Servicio Federal de Seguridad (FSB, sucesor de la KGB soviética) en la plaza Lubyanskaya de Moscú, Rusia. (Foto AP)

Según los fiscales israelíes, once meses antes había respondido en Telegram a un agente iraní que ofrecía pagos en criptomonedas a cambio de actividades subversivas. Luego filmó la sede militar de Kirya en Tel Aviv, registró daños de misiles iraníes en dos lugares y pintó grafitis en la ciudad. Por esas acciones cobró más de USD 1.170 distribuidos en cuatro billeteras digitales.

El Shin Bet ya había advertido el verano pasado a las familias sobre mensajes “aparentemente inocentes” que pedían fotografiar edificios e instalaciones, reunir información, pintar grafitis hostiles e identificar sitios sensibles. La agencia precisó que esos pedidos circulaban por Facebook, Telegram, Instagram y TikTok y los atribuyó a elementos iraníes hostiles que buscaban reclutar menores israelíes para espionaje.

Funcionarios de seguridad citados por Financial Times sostuvieron que Teherán diseñó estas operaciones a partir del manual ruso. Un ex oficial de inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel agregó que el malestar de chicos criados entre la pandemia, el 7 de octubre y la guerra actual favoreció ese tipo de captación, mientras que los pagos digitales les dieron una falsa sensación de secreto y autonomía frente a sus padres.

Los ataques antisemitas repitieron el mismo patrón

La participación de menores también apareció en ataques antisemitas reivindicados esta primavera por Ashab al-Yamin, o Hayi, una milicia que el Departamento de Justicia de Estados Unidos definió como una pantalla para objetivos terroristas de Kata’ib Hizbollah, Hizbollah y la Guardia Revolucionaria iraní.

En Francia, tres de los cuatro sospechosos de un plan de atentado frustrado en París en marzo tenían 16 o 17 años. En los Países Bajos, cuatro jóvenes de entre 17 y 19 años quedaron bajo investigación por incendiar una sinagoga en Róterdam, también en marzo.

En el Reino Unido, los tres acusados por un ataque incendiario en marzo contra ambulancias de Hatzola en el norte de Londres tenían 17, 19 y 20 años. Otro chico de 17 años ya se declaró culpable por un incendio en una sinagoga del noroeste londinense a fines de abril.

El episodio más reciente alcanzó a Volant Media, la empresa matriz de una señal de televisión persa en Londres. Dos hombres de 19 y 21 años y un menor de 16 fueron acusados de intentar atacar sus oficinas con bombas incendiarias. El más joven quedó bajo tutela de las autoridades locales. Un funcionario con experiencia en operaciones exteriores iraníes dijo a Financial Times que los perfiles de los atacantes en Londres mostraron marcas casi idénticas a las detectadas por el Shin Bet en Tel Aviv.

La SBU lanzó hace dos años una campaña pública contra las ofertas de “dinero fácil” por “tareas simples” y empezó a visitar escuelas para explicar los delitos y las penas de prisión que atraparon a sus pares. Según funcionarios británicos y suecos citados por Financial Times, los agentes también usaron plataformas de videojuegos para iniciar contacto, igual que en el juego World of Tanks en Ucrania.

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