Ucrania decidió atacar los principales puertos rusos de exportación petrolera en el mar Báltico para frenar la capacidad de Rusia de financiar su invasión, justo en el momento en que los precios mundiales del petróleo subieron de manera pronunciada.
Los ataques ucranianos se concentraron en la infraestructura clave que permite sacar el crudo ruso por barco, y no fueron aislados: Primorsk y Ust-Luga recibieron, en apenas una semana, la segunda y tercera oleada de ataques, mientras se difundían imágenes de tanques y plataformas en llamas.
El ejército ucraniano confirmó la utilización de drones en los ataques, que afectaron depósitos y zonas de carga. Los daños interrumpieron hasta el 40% de los ingresos rusos por exportaciones de petróleo, lo que equivale a unos dos millones de barriles diarios. Este es el mayor recorte de suministro ruso desde el inicio de la guerra.

Los ataques alcanzaron también la refinería de Saratov y la planta Bashneft-Ufaneftekhim en Bashkortostán, ampliando la presión sobre la industria petrolera rusa. Estas acciones se desarrollaron en paralelo con una intensificación de los ataques rusos en territorio ucraniano, especialmente en el este, donde las fuerzas de Moscú intentaron avanzar sobre zonas estratégicas y enfrentaron una fuerte resistencia.
Entre el 17 y el 20 de marzo, el comando militar ucraniano informó que Rusia intentó romper las líneas defensivas ucranianas con 619 asaltos, mayormente en la región de Donetsk, sobre la ciudad de Pokrovsk y en los accesos a Lyman y Kupiansk, al noreste.

Aunque la ofensiva rusa buscó explotar las condiciones climáticas para abrir una brecha en el frente, no consiguió avances decisivos y registró numerosas bajas, según datos comunicados desde Kiev.
En respuesta, Rusia lanzó la mayor ofensiva aérea registrada hasta el momento sobre ciudades del oeste ucraniano, utilizando casi mil drones y decenas de misiles en un solo día.
El presidente Volodímir Zelensky afirmó que la magnitud de la ofensiva rusa evidencia la intención de Moscú de prolongar el conflicto.

En los últimos meses, la producción y uso de drones en Ucrania aumentó hasta alcanzar la fabricación de dos mil interceptores diarios, parte de los cuales se destinan a la exportación.
Esta capacidad tecnológica permitió a Ucrania intensificar los ataques en territorio ruso, llegando a objetivos ubicados a más de 200 kilómetros de la frontera. Los datos oficiales señalan que durante varios días de marzo, Ucrania lanzó más drones sobre Rusia que los que Moscú dirigió contra objetivos ucranianos.
Por otro lado, paralelamente, los países europeos intensificaron medidas para dificultar el transporte y las exportaciones rusas, incrementando la presión sobre el Kremlin.
Las autoridades ucranianas confirmaron la continuidad de la campaña de ataques selectivos sobre infraestructuras petroleras y estaciones de bombeo, con el objetivo de mantener la presión financiera sobre Rusia.

El presidente Zelensky advirtió que la capacidad de Ucrania para sostener y ampliar la fabricación de drones depende en parte del financiamiento europeo, y alertó que los retrasos en la llegada de fondos podrían limitar la continuidad de la estrategia.
(Con información de Europa Press)
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