
El Ejército de Nigeria realizó operaciones militares en el estado de Borno, en el noreste del país, que culminaron con la muerte de 16 integrantes de un grupo armado vinculado al Estado Islámico en África Occidental.
La ofensiva se ejecutó como respuesta a un ataque anterior perpetrado por milicianos contra una base militar en Auno, donde los agresores intentaron sin éxito tomar el control del puesto.
Las fuerzas armadas, en coordinación con unidades civiles, organizaron una ofensiva el 9 de febrero en la zona de Konduga y persiguieron a los miembros del grupo hasta Gidan Kaji.
Durante el enfrentamiento, los militares abatieron a 16 combatientes, mientras otros se dispersaron, algunos heridos. En el lugar, los efectivos recuperaron una veintena de bicicletas, armas y una cantidad significativa de suministros logísticos, considerados clave para las operaciones del grupo.

En el mismo operativo, las autoridades detuvieron a personas señaladas como responsables de proveer recursos logísticos y drogas a los integrantes del grupo armado, quienes se desplazaban en el eje de Bukarti, también en Borno. Esta acción afectó la capacidad operativa de la organización al privarla de recursos esenciales.
De manera paralela, el ejército rescató a 11 personas que permanecían secuestradas. Nueve de ellas fueron liberadas tras un llamado de auxilio en la carretera que conecta Chibok y Damboa, mientras que otras dos fueron rescatadas en la vía entre Buratai y Kamuya.
Las operaciones de rescate se desarrollaron bajo presión militar constante sobre los grupos armados en la región.
La violencia en el noreste de Nigeria está marcada por la actividad del grupo Boko Haram y su escisión, el Estado Islámico en la Provincia de África Occidental.

Ambas organizaciones han perpetrado ataques contra civiles y objetivos militares desde 2009 y 2016, respectivamente, provocando decenas de miles de muertes y millones de desplazados en Nigeria y en países vecinos como Camerún, Chad y Níger.

La ofensiva militar se intensificó después de que militantes del grupo ejecutaron ataques mortales a principios de semana contra un sitio en construcción y una base militar, ambos en el noreste del país. En los últimos años, la insurgencia ha expandido su accionar más allá de las fronteras nigerianas, ampliando su radio de influencia en el norte del país y en regiones aledañas.
Además de la insurgencia islamista en el noreste, Nigeria enfrenta un aumento de secuestros con fines de extorsión en el noroeste y el centro-norte, lo que ha generado una crisis de seguridad persistente.

Las autoridades sostienen que las recientes operaciones buscan debilitar la estructura logística y operativa de los grupos armados y asegurar la liberación de civiles retenidos.
El conflicto armado y la inseguridad siguen afectando a la población civil, que enfrenta desplazamientos forzados y el riesgo constante de ataques y secuestros en varias regiones del país.
(Con información de AP y EFE)
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