
Cientos de miles de personas salieron a las calles de Budapest durante dos movilizaciones masivas y opuestas, que evidenciaron la capacidad de convocatoria tanto del gobierno de Viktor Orbán como de la principal oposición liderada por Péter Magyar.
Las manifestaciones, enmarcadas en la conmemoración nacional del levantamiento antisoviético de 1956, se produjeron a meses de las elecciones previstas para abril de 2026, según detalló Reuters.
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La marcha oficialista, denominada “Marcha por la Paz”, se inició por la mañana sobre un puente que cruza el Danubio y avanzó hacia el Parlamento. Una pancarta en la cabecera con el mensaje “No queremos morir por Ucrania” acompañó a los simpatizantes del primer ministro Orbán, quien ha gobernado Hungría durante quince años.
Frente a la multitud, Orbán reafirmó su rechazo a involucrar militarmente al país en el conflicto en Ucrania y responsabilizó a la Unión Europea y Occidente por presionar a Budapest para alinearse con Kiev: “No queremos morir por Ucrania. No enviaremos a nuestros hijos al matadero por orden de Bruselas”, señaló
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Una pancarta en la cabecera con el mensaje “No queremos morir por Ucrania” acompañó a los simpatizantes del primer ministro Orbán, quien ha gobernado Hungría durante quince años.
Considerado el líder de la Unión Europea más cercano al Kremlin, Orbán reiteró que su país se opone al ingreso de Ucrania al bloque europeo y a unirse a la Alianza Atlántica, argumentando que la economía y la soberanía húngaras se verían amenazadas.
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En simultáneo, Péter Magyar encabezó una multitudinaria concentración opositora en la Plaza de los Héroes, en el centro de la capital. Según la información de la agencia EFE, Magyar acusó a su rival de centralizar el poder y “mantener en miedo a la población” por temor a una posible derrota en las elecciones.
Frente a una multitud, el líder de la oposición pidió una transición democrática y “superar estos seis meses amargos” hasta los comicios. “Necesitamos una transición política decidida, optimista y valiente”.
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La movilización opositora se caracterizó por consignas contra el gobierno y una evocación del pasado reciente. Se escuchó el lema “¡Rusos, volved a casa!”, ligado históricamente a la revuelta antisoviética de 1956 y resignificado por quienes observan con alarma la relación de Orbán con Moscú.
Magyar, exmiembro del partido gubernamental Fidesz y ahora líder de la plataforma centroderechista Tisza, se consolidó como la principal alternativa al oficialismo en los últimos meses, aprovechando el malestar por la inflación, la gestión de la salud y la corrupción.
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El partido Tisza reúne un 49% de intención de voto frente al 38% de Fidesz, lo que anticipa una inédita competitividad electoral.
Estas movilizaciones se desarrollaron durante la fiesta nacional que, cada 23 de octubre, recuerda la revolución de 1956, aplastada por las fuerzas soviéticas.
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Analistas consultados por AFP consideraron que la estrategia del gobierno gira en torno al énfasis en la soberanía nacional y el rechazo a la guerra, en un clima de incertidumbre regional marcado por la cercanía con Rusia.

Por otro lado, Orbán se refirió también al intento fallido de organizar en Budapest una cumbre sobre el futuro de Ucrania, que habría reunido a Donald Trump y Vladímir Putin.
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Aunque la cita fue cancelada, el mandatario aprovechó para reafirmar su postura: “Hoy enviamos un mensaje al mundo: Hungría dice NO a la guerra”, sostuvo Viktor Orbán en redes sociales y ante sus seguidores.
La capital húngara reflejó así un ambiente de intensa competencia política: mientras los partidarios de Orbán apoyaron su política exterior y su rechazo a la injerencia de la Unión Europea, los de Magyar demandaron democratización y reformas institucionales.
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Magyar prometió que, si llega al poder, impulsará la adhesión de Hungría a la Fiscalía Europea y garantizará independencia judicial y mediática, lo que considera clave para una nueva etapa en la vida política del país.
El despliegue del jueves exhibió, según AP, tanto la magnitud del descontento y la polarización como la potencia de ambos bloques para movilizar multitudes.
La jornada transcurrió sin incidentes graves ni enfrentamientos significativos entre los asistentes, salvo cierta tensión inherente al contexto.
Aunque el primer ministro conserva respaldo en amplios sectores de la sociedad y ostenta experiencia, enfrenta, de acuerdo con fuentes locales e internacionales, su elección más desafiante desde 2010.
(Con información de AP, Reuters, AFP y EFE)
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