
Europa, reconocida por sus avances en la reducción de emisiones y la lucha contra la contaminación, enfrenta una advertencia clara de su principal agencia ambiental: los esfuerzos actuales no bastan para revertir el deterioro del entorno natural, asegura un informe realizado por la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA).
A pesar de haber logrado una disminución del 37% en las emisiones de gases de efecto invernadero desde 1990, el continente sigue afrontando desafíos críticos como la pérdida de biodiversidad, la escasez de agua y la creciente frecuencia de fenómenos climáticos extremos.

El diagnóstico presentado por la AEMA y basado en datos de 38 países europeos, revela que el estado general del medio ambiente en la región continúa siendo motivo de preocupación.
Si bien la reducción del uso de combustibles fósiles y la duplicación de la capacidad de energía renovable desde 2005 posicionaron a Europa por delante de otros grandes emisores como China y Estados Unidos, la naturaleza europea sigue sometida a una degradación persistente.
La directora de la AEMA, Leena Yla-Mononen, subrayó que la biodiversidad se encuentra en retroceso debido a presiones constantes derivadas de patrones de producción y consumo insostenibles.
Desafíos ambientales: biodiversidad, suelos y recursos hídricos
El informe detalla que el 81% de los hábitats protegidos en Europa se encuentran en condiciones deficientes, mientras que entre el 60% y el 70% de los suelos presentan signos de degradación. Además, el 62% de los cuerpos de agua no alcanzan un estado ecológico satisfactorio.
La presión sobre los recursos hídricos se intensificó, con un tercio de la población europea afectada por el estrés hídrico.
La tierra, por su parte, sufre sobreexplotación, y el agua se convirtió en un recurso cada vez más escaso.

La AEMA advierte que, aunque el cambio climático agrava la escasez de agua, existen oportunidades para mejorar la gestión de este recurso.
El organismo estima que sería posible ahorrar hasta un 40% del agua utilizada en sectores como la agricultura, el suministro urbano y la producción de energía mediante una mejor gobernanza, innovación tecnológica, reutilización y campañas de concienciación pública.
Sin embargo, la mayoría de los edificios europeos no están preparados para soportar temperaturas elevadas, y el 19% de la población no logra mantener una temperatura confortable en sus hogares.
Impacto de los fenómenos climáticos extremos y políticas pendientes
El impacto de los fenómenos climáticos extremos se hizo cada vez más evidente. Entre 1980 y 2023, olas de calor, inundaciones, deslizamientos de tierra e incendios provocaron más de 240.000 muertes en los países de la Unión Europea.
El coste económico de estos eventos sigue en aumento; solo en 2023, las inundaciones en Eslovenia representaron el 16% del producto interno bruto nacional.
A pesar de la creciente frecuencia de olas de calor, únicamente 21 de los 38 países miembros de la AEMA cuentan con planes de acción sanitaria específicos para estos episodios.

En el ámbito político, la Unión Europea enfrenta dificultades para alcanzar consensos sobre nuevas metas de reducción de emisiones.
La reciente cumbre climática de la ONU evidenció la falta de acuerdo entre los Estados miembros para establecer un plan de reducción de gases de efecto invernadero para 2035.
Tampoco se logró consenso sobre la propuesta de la Comisión Europea de reducir las emisiones en un 90% para 2040 respecto a los niveles de 1990. La AEMA insiste en que los países deben avanzar en la aplicación de políticas de sostenibilidad ya acordadas en el marco del Pacto Verde Europeo.

Las autoridades ambientales y responsables políticos reiteraron la urgencia de intensificar las acciones. Teresa Ribera, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para la transición verde, instó a aumentar de manera radical los esfuerzos en resiliencia climática y adaptación, advirtiendo sobre la necesidad de actuar antes de que las consecuencias sean irreversibles.
Por su parte, Yla-Mononen enfatizó que la degradación ambiental responde a presiones que pueden revertirse solo mediante cambios profundos en los modelos de producción y consumo.

En este contexto, la AEMA sostiene que la prevención de la contaminación permitió reducir en un 45% las muertes asociadas a la exposición a partículas finas entre 2005 y 2022, lo que demuestra el impacto positivo de las políticas ambientales cuando se implementan de forma efectiva.
La reflexión de Catherine Ganzleben, jefa de la unidad de Transiciones Sostenibles y Justas de la AEMA, resume el desafío que enfrenta Europa: la sostenibilidad se volvió en una necesidad urgente, y postergar las acciones solo aumentará los costes y las dificultades para las próximas generaciones.
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