
La Organización de Naciones Unidas (ONU) y la Unión Africana (UA) acordaron este sábado trabajar juntas por encontrar una solución pacífica y diplomática a la crisis en Sudán del Sur, iniciada el pasado 4 de marzo.
En un comunicado, el presidente de la Comisión de la UA, Mahmoud Ali Youssouf, y el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, se comprometieron a “coordinar esfuerzos” en pos de conseguir “calma, un alto el fuego y diálogo” en el país africano, y a trabajar por restablecer el Acuerdo de Paz Revitalizado de 2018.
Las partes deben “cumplir sus compromisos con él como el mejor mecanismo para una paz duradera” en el país, señalaron los funcionarios.

La última ola de violencia en Sudán del Sur se desató el pasado 4 de marzo cuando el Ejército blanco, alineado originalmente con el opositor Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán, tomó una base del Ejército sursudanés en la ciudad norteña de Nasir y secuestró a sus soldados.
A este incidente se sumó, el pasado miércoles, la detención de Reik Machar, vicepresidente y rival del presidente Salva Kiir, en un contexto que la propia ONU consideró irregular.
Según el organismo, el ministerio de Defensa y el jefe de Seguridad Nacional movilizaron más de 20 vehículos fuertemente armados hasta la residencia del funcionario y lo detuvieron. Además, “sus guardaespaldas fueron desarmados y se les entregó una orden de arresto con cargos poco claros”, por lo que se trató de una “acción inconstitucional”, advirtió la ONU.

La oposición aseguró que este incidente puso fin al entendimiento alcanzado hace siete años y llevó a que “la perspectiva y estabilidad en el país estén ahora seriamente comprometidas”. “Hay una gran posibilidad de que se produzca una guerra a gran escala, pero será más mortífera y más violenta debido a la venganza”, dijo el líder de la sociedad civil.
En un intento por evitar un escenario tal, el jefe de la misión de la ONU para el país, Nicholas Haysom, instó a las partes a no “caer en un conflicto generalizado que no solo devastará al país sino que, también, afectará a la región”, a la par que la Conferencia Episcopal Católica nacional pidió poner fin a la creciente violencia y la agitación política, que amenazan con deshacer años de frágil progreso.
Sudán del Sur se independizó en 2011 pero vivió durante cinco años bajo una guerra civil, que dejó unos 400.000 muertos y serios problemas a nivel interno.

En 2018, un acuerdo de paz que repartió el poder entre el Gobierno y la oposición pareció restablecer la calma, pero esto no fue más que una mera esperanza dado que sus principales disposiciones nunca llegaron realmente a implementarse.
De hecho, en los últimos años se registraron reiterados incumplimientos a los compromisos asumidos y habían comenzado a surgir las denuncias de la disidencia contra Kiir, a quien acusaron de buscar perpetrarse en el poder marginando a su compañero de fórmula.
Para ello, entre otras medidas, solo desde febrero ordenó el arresto de 20 políticos y militares, a los que -esta semana- se sumó el propio Machar.
(Con información de EFE)
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