
Después de semanas de estancamiento, las fuerzas ucranianas tuvieron este fin de semana dos hitos que muestran que la estrategia de avanzar lentamente golpeando en las defensas y en la retaguardia rusa al mismo tiempo comienza a dar resultados. Por un lado, lograron atacar con misiles el cuartel general de la Flota rusa en el Mar Negro que se encuentra en la península de Crimea, ocupada desde 2014. Por el otro, los tanques ucranianos pudieron romper por primera vez la férrea línea de defensa rusa en la disputada región de Zaporizhzhia. Traspasaron el campo de minas y la barrera de pilotes dientes de dragón levantados por los rusos después de casi tres meses de combates. Todo esto, mientras el presidente Volodimir Zelensky realizaba una gira por Estados Unidos y Canadá donde agradeció la ayuda recibida mientras trataba de convencer a la oposición conservadora de ambos países para que le sigan proporcionando armas.
En un golpe sicológico remarcable, una serie de misiles lograron engañar a los radares rusos y alcanzaron la sede de la estratégica Flota de Rusia en el Mar Negro, cerca de la ciudad de Sebastopol en la ocupada península de Crimea. El Ministerio de Defensa ruso dijo que las defensas aéreas habían derribado otros cinco misiles, pero que el cuartel general de la marina había sufrido daños y un miembro del servicio se encuentra desaparecido tras el ataque. Un vídeo publicado en las redes sociales mostraba una espesa humareda negra que salía del edificio. La agencia de noticias estatal rusa Tass informó de que había escombros “esparcidos a cientos de metros de distancia tras el impacto del misil” y que las ambulancias se dirigían al lugar de los hechos.
El ejército ucraniano sostiene desde siempre que la guerra no puede ganarse sin apuntar a los activos y operaciones rusos en Crimea, el territorio ucraniano que Moscú se anexionó ilegalmente en 2014. En las últimas semanas, Ucrania aumentó el ritmo de los ataques contra la península, que los militares rusos utilizan como centro de almacenamiento de combustible, municiones y otros suministros para enviarlos a los campos de batalla del sur ucraniano. “Es un golpe estratégico considerable”, dijo a la CBS, Samuel Bendett del Centro de Análisis Naval. “Allí, en Crimea, Rusia tiene algunos de sus activos militares más importantes de los que participan de la guerra”.
La semana pasada, otro ataque dirigido contra el cuartel general de la Flota del Mar Negro dañó dos barcos y provocó un gran incendio en un extenso astillero naval. El miércoles, el ejército ucraniano afirmó que sus misiles habían derribado un puesto de mando de la marina rusa en la localidad de Verkhnesadovoye, a pocos kilómetros al norte del centro de Sebastopol.
Estos ataques demuestran que los misiles ucranianos están evadiendo las defensas rusas. Lo mismo sucede con los drones. Incluso, unos aparatos de estructura de plástico y casi de diseño de venta libre están causando estragos con ataques a la artillería enemiga y sistemas de defensa aérea que valen cientos de millones de dólares. “A lo largo de una de las dos principales líneas de avance ucranianas en el sur el ejército ruso se ha visto obligado a mover sus obuses fuera del alcance de los cañones ucranianos, ya que los pilotos de drones se han adaptado lo suficientemente bien como para evadir regularmente los sistemas de interferencia electrónica rusos que los habían detectado con fiabilidad al principio de la guerra”, decía un informe de inteligencia publicado la última semana.
En tanto, en el sureste, los blindados ucranianos avanzaron más allá de las principales defensas antitanque de Rusia en un punto de la línea del frente, según los vídeos de reconocimiento y los comandantes, lo que demuestra un ligero progreso en la contraofensiva de Kiev. El teniente Ashot Arutiunian, comandante de una unidad de reconocimiento con aviones no tripulados que opera en la zona, dijo a un corresponsal del New York Times que los vehículos se habían abierto paso cerca de Verbove, un pueblo de la región de Zaporizhzhia. Aunque aclaró que los tanques están confinados a rutas estrechas a través de campos de minas y tienen poco espacio para maniobrar.

Durante las últimas tres semanas, las fuerzas ucranianas habían estado sondeando las defensas rusas en el sureste, buscando una abertura para empujar sus blindados por detrás de la línea principal rusa. Pero el fuego de artillería y los contraataques rusos habían sido demasiado intensos para permitir el paso de los blindados ucranianos.
Al comienzo de la contraofensiva, en julio, los tanques ucranianos atravesaron una capa menos formidable de defensas, y la infantería perforó una segunda línea, considerada la principal barrera antitanque de Rusia. Se trata de una franja de unos dos kilómetros de ancho, en las inmediaciones del pueblo de Robotyne, de lo que fueron campos de cultivo y algunos matorrales que ahora, según las fotos satelitales y las entregadas por el comando de comunicaciones de Kiev se encuentra sembrada de vehículos volados y cráteres. Robotyne fue liberado hace dos semanas.
Ahora, la infantería logró abrir un trecho más amplio que permitió la entrada de los tanques y otros vehículos de la artillería pesada. Aún quedan por delante más campos de minas y barreras antitanque rusas. Y no está claro si los tanques ucranianos podrán continuar el avance hasta detrás de las líneas rusas. “Están más allá de los dientes del dragón”, aseguró el teniente Arutiunian.

Tras dos meses y medio de la contraofensiva que el presidente Zelensky reconoció que “está siendo más lenta de lo esperado”, Ucrania estrechó las líneas defensivas rusas en dos zonas del sur del país. En ambas, las tropas avanzaron unos doce kilómetros. Una de estas entradas de la región de Zaporizhzhia, donde los vehículos blindados cruzaron la principal línea defensiva antitanque, se considera ahora la principal dirección de ataque de Ucrania. El objetivo allí es llegar a cortar la línea de suministros que proviene, precisamente, de Crimea.
Mientras que Zelensky avanzó en Washington en las negociaciones no sólo para obtener más armamento sino para comenzar a producir municiones en su propio país. Ya firmó acuerdos con la Coalición de Defensa e Industria de Arizona y Asociación Aeroespacial y de Defensa de Utah, dos conglomerados de capitales mixtos que podrían comenzar a producir armamento en fábricas que podrían instalar dentro del territorio ucraniano. Hasta ahora, Ucrania recibió más de 90.000 millones de dólares en armamento. Y continúa esperando la entrega de los aviones de combate F-16 que podrían dar un vuelco definitivo a la guerra.
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