
Boris Johnson, en rápida pérdida de popularidad entre la opinión pública británica y entre sus propios diputados, se enfrenta este jueves a una elección parcial en un bastión conservador, cuya pérdida amenazaría con precipitar una moción de censura dentro de su partido.
Tras la acumulación de escándalos en las últimas semanas en torno al primer ministro, cuya legitimidad está crecientemente en entredicho por acusaciones de corrupción y de vulneración de las reglas anticovid las pasadas navidades, más de un cuarto de la bancada conservadora (99 de 361 diputados) se rebeló el martes contra el gobierno por las nuevas restricciones contra el ómicron.
Estas fueron aprobadas gracias al respaldo de la oposición laborista, pero es la mayor revuelta conservadora sufrida por Johnson, cuya dimisión desea una mayoría de británicos según varios sondeos.
En este contexto, la elección para reponer el escaño por la circunscripción rural de North Shropshire, en el centro de Inglaterra, donde los colegios electorales abrieron a las 7 (hora local y GMT), adquiere carácter de plebiscito sobre su liderazgo.

Esta circunscripción con algo más de 80.000 electores vota fielmente desde hace décadas por los candidatos conservadores, y el último, Owen Paterson, que ocupaba el escaño desde 1997, obtuvo en 2019 una mayoría de 23.000 electores.
Pero recientemente se vio obligado a dimitir tras ser acusado de presionar a miembros del gobierno de Johnson para defender los intereses de dos empresas que le pagaban. A esto se suma que el primer ministro intentó modificar las reglas parlamentarias para protegerlo, atizando la ira de buena parte de diputados y votantes.
“No es apto”
“Esto no hace más que confirmar lo que yo, mi familia y mucha otra gente hemos pensado durante mucho tiempo: este hombre no es apto para ser primer ministro”, dijo a la AFP Garry Churchill, un habitante de North Shropshire de 71 años que “no puede imaginar” que la gente vuelva a votar por los conservadores el jueves.
No es ni con mucho el único que lo piensa y la prensa empezó a predecir una derrota conservadora.
De ser así, esta amenazaría con precipitar el envío de cartas de no confianza de los miembros del partido contra su líder, un trámite necesario para desencadenar una votación interna con el objetivo de quitarle las riendas de la formación.
Según el diario conservador The Daily Telegraph, “algunos diputados han sugerido en privado que la pérdida de North Shropshire sería el último clavo en el ataúd del liderazgo del Johnson”. Y si perdiese el liderazgo del partido, Johnson tendría que dejar también las riendas de Downing Street, como ya le ocurrió a su predecesora Theresa May en 2019.
Vacunas de refuerzo para la popularidad
El Partido Liberaldemócrata es el mejor situado para hacerse con el escaño de North Shropshire, ayudados por el voto táctico de los laboristas que se aliaron a ellos buscando infligir un revés al primer ministro.
La situación es diametralmente opuesta al pasado mayo, cuando los conservadores, cuya popularidad se disparaba gracias a una exitosa campaña de vacunación contra el covid-19, arrebató a la oposición laborista su histórico bastión de Hartlepool, en el noreste de Inglaterra.
Ahora el coronavirus vuelve a ser una gran preocupación entre los británicos, que a pocos días de las fiestas navideñas ven cada vez más eventos cancelados y son llamados a limitar las interacciones entre una disparada sin precedentes de los contagios.
El Reino Unido, uno de los países más castigados de Europa por la pandemia, con 146.791 muertos hasta la fecha, registró el miércoles un récord de 78.610 nuevos contagios en 24 horas. El anterior máximo diario era de 68.053 y se remontaba al 8 de enero, en pleno avance de la variante alfa, anterior a la delta, actualmente dominante en Europa.
Para evitar que los hospitales se vean de nuevo superados, Johnson se fijó el titánico objetivo de ofrecer una vacuna de refuerzo a todos los adultos antes de fin de año.
Este desafío logístico implica un millón de inyecciones diarias, para lo que se abrieron más centros de vacunación durante más horas. Pero nada garantiza que, aunque se logre, baste para devolver al líder la popularidad perdida.
(Con información de AFP/Por Anna Cuenca)
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