
“Estoy convencida de que estamos en esto a largo plazo”, dijo Ursula von der Leyen, presidente de la Comisión Europea, en referencia al contrato que está a punto de firmar con Pfizer que concretará el pedido más grande de vacunas contra el COVID-19 hasta la fecha: hasta 1.800 millones de dosis.
Pero el estrecho vínculo entre el bloque y el laboratorio estadounidense no surgió de un día para otro. Tampoco de reuniones de burócratas europeos y abogados del otro lado del Atlántico. Fue una relación forjada directamente entre Von der Leyen y Albert Bourla, el director ejecutivo de la compañía, con quien tuvo varias llamadas y mensajes de texto para agilizar las negociaciones, según el repaso realizado por el New York Times en base a varias entrevistas con los protagonistas y sus allegados.
La comunicación entre ambos no nació en el mejor momento, e incluso con una situación de tensión. El primer contacto ocurrió en enero, cuando Bourla le tuvo que explicar por qué Pfizer cortó temporalmente el suministro, dos meses después de firmar el primer acuerdo por 200 millones de dosis (con opción a otras 100 millones más).
Unas semanas después, la situación era más complicada en Bruselas, agobiada por las demoras de su principal proveedor, AstraZeneca, que enfrenta problemas de producción. El liderazgo de la ejecutiva estaba seriamente cuestionado. Pero Von der Leyen había mantenido el contacto con el CEO grecoestadounidense. Llamadas y mensajes iban y venían, con las dos partes expresando claramente sus intenciones: Pfizer podría aportar mucho más dosis y la UE las compraría con gusto.

Así lo relato Bourla al Times: “Muchos líderes del mundo se ponían en contacto conmigo, desde presidentes o primeros ministros y reyes, hasta secretarios generales de organizaciones”.
El director ejecutivo aseguró que desarrolló “una profunda confianza” con Von der Leyen porque entraron en conversaciones que tenían poco de superficiales. “Ella conocía detalles sobre las variantes, conocía detalles sobre todo. Así que eso hizo que la discusión fuera mucho más comprometida”, indicó, manifestando su impresión.
Las llamadas desembocaron en nuevos acuerdos. El 17 de febrero la UE anunció un pedido de otros 200 millones de dosis y dos meses después activó la opción de compra de otras 100 millones.
Así lo recordó Von der Leyen: “Sabía que la ampliación de las entregas tendría un comienzo lento por naturaleza al principio, y por tanto, también sabía que el primer trimestre iba a ser duro. Pero no esperaba que fuera tan duro, porque no incluimos la posibilidad de que AstraZeneca redujera las entregas en un 75%. Eso fue un duro revés”. Bajo ese escenario, la diplomacia personal se hacía cada vez más importante.
Mientras tanto, Pfizer, confiado en la prosperidad de las negociaciones y el éxito de su fórmula, aumentaba sus capacidades industriales. Aun sin contar con la aprobación de los reguladores, fabricaba a gran escala sus vacunas en una nueva planta en Alemania. Para cuando recibió el permiso, ya tenía listas 11 millones de dosis listas para su distribución, que en cuestión de semanas se distribuyeron por el continente.

Ahora, la UE apuesta por Pfizer/BioNTech como su principal proveedor. Si bien es una vacuna cara (los contratos son privados, pero el precio anterior estaba fijado en unos 19 dólares por dosis, únicamente más barata que la de Moderna en la región), su eficacia, seguridad y fiabilidad de logística la hacen muy atractiva.
Según los detalles adelantados por Bruselas, el nuevo contrato tendría vigencia para suministrar a los países de la Unión Europea entre 2021 y 2023 con 900 millones de dosis, y con opción de compra de 900 millones más, con lo que garantizaría prácticamente la inmunización en ese periodo de la población europea, de 450 millones de habitantes. El enorme excedente refiere a la posible necesidad de una tercera dosis de refuerzo frente a las nuevas variantes del COVID-19. Además, abre la posibilidad de ejercer una diplomacia de vacunas para apoyar los esfuerzos de los países de menores ingresos.
De esta forma, la UE se convertirá en el principal comprador de Pfizer, ya que la empresa ha vendido hasta ahora 300 millones a Estados Unidos.
El bloque regional, con 22% de sus ciudadanos vacunados con al menos una dosis, continúa rezagado con otros países como EEUU (42%) o Israel (62%).
De todas formas, el acuerdo también tiene sus críticos por la enorme dependencia hacia el laboratorio estadounidense. “Yo advertiría que no se debe apostar sólo por Pfizer/BioNTech. Para mí es un riesgo demasiado alto desde el punto de vista científico”, dijo el profesor Peter Piot, un microbiólogo que asesora a la Sra. Von der Leyen, consultado por el Times, aunque aclaró que las vacunas con tecnología de ARNm como la de Pfizer han funcionado bien hasta ahora. Además, señaló que lo importante es saber quién puede cumplir con las condiciones de entrega.
De todas formas, Von der Leyen aclaró que también está negociando con otras empresas como Novavax, Moderna y Johnson & Johnson. Pero el acuerdo de Pfizer le permite respirar más tranquila.
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