
Matteo Renzi lo hizo otra vez. Como en la fábula del escorpión y la rana, el rottamatore —el “demoledor”— no pudo contra su naturaleza. El ex primer ministro y líder de Italia Viva anunció el miércoles que su partido abandona el Gobierno de coalición de Giuseppe Conte, abriendo oficialmente una crisis política en un momento dramático para Italia.
Pese a que los italianos están acostumbrados a las crisis de gobierno y por ello a las negociaciones y a encontrar salidas creativas, la decisión de Renzi resulta para muchos sectores políticos y ciudadanos inexplicable, debido al momento que atraviesa el país con 80 mil muertos por el coronavirus. Italia además acaba de inaugurar su presidencia del G20, prorrogó el estado de emergencia hasta el 30 de abril ante la tercera ola de covid-19 y debe decidir el destino de los más de 209.000 millones de euros que recibirá de la Unión Europea, el ‘nuevo plan Marshall’ para la reconstrucción.
Oficialmente, Renzi trató de justificar su decisión alegando diferencias sobre la gestión de los fondos europeos del Plan de Recuperación para afrontar las consecuencias de la pandemia y la oposición de Conte a acceder al MES, el Mecanismo Europeo de Estabilidad para obtener otros 37.000 millones de euros.
Sin embargo, desde el principio el resto de miembros del Gobierno italiano creen que se trató sólo de una excusa para pedir más peso en el Ejecutivo. Algunos medios especularon que Renzi, quien tiene un buen vinculo con próximo presidente estadounidense Joe Biden, apuntaba a obtener el control del ministerio de Defensa para impulsar su candidatura a próximo Secretario General de la OTAN. Otros creen que el verdadero objetivo de Renzi es reemplazar a Conte, el llamado “abogado del pueblo”, que se ha mantenido desde 2018 en el cargo de primer ministro gracias a su capacidad de negociación, con figuras de perfil técnico como el ex presidente del Banco Central Europeo Mario Draghi o la ex presidenta del Tribunal Constitucional Marta Cartabia, y recuperar así centralidad política.

“Si tenemos que ir a la oposición estamos listos para hacerlo”, aseguró el ex primer ministro, aunque se dijo listo para apoyar a otro gobierno, incluso con la misma mayoría. Sobre un nuevo Gobierno de Conte, dijo que “no tenemos vetos sobre nadie, ni prejuicios contra nadie. Ir al Parlamento no es una concesión sino un elemento fundamental. Si quiere venir, nos encontrará en el Parlamento. La elección es suya”.
Pocos creyeron las palabras del ex rottamatore. Para el 73% de los italianos, Renzi actúa por sus propios intereses y no por el bien de la nación, según un sondeo del diario Il Corriere della Sera y el canal de televisión La7.
Muchos recordaron lo ocurrido en 2014. El primer ministro era Enrico Letta, un miembro del Partido Democrático. Renzi había apenas ganado las primarias de la formación de centroizquierda y en los diarios aumentaban los rumores sobre su intención de reemplazar a su compañero al frente del ejecutivo. Renzi desmintió la maniobra en Twitter con unas palabras que pasaron a la historia: “Enrico stai sereno (Enrico quédate tranquilo)”. Unos días después le retiró el apoyo y tomó su lugar, convirtiéndose a los 39 años en el primer ministro más joven de la historia republicana. Desde entonces, a Renzi lo persigue la fama de político sin escrúpulos y poco confiable.

Hoy, sin embargo, hay una importante diferencia con esa situación. En 2014, Renzi contaba con amplio respaldo popular y era considerado el enfant prodige de la política italiana. Ahora, el contexto es opuesto. El partido de Renzi tiene menos del 3% de intención de voto, según los sondeos, y él mismo es quizás el político con peor imagen; Conte, en cambio, sigue teniendo altos niveles de aprobación.
“No se echa al hombre más popular del país para hacerle un favor al más impopular”, resumió el ex primer ministro Massimo D’Alema.
Por eso, por el momento las mayores fuerzas de la coalición en el poder, el Movimiento 5 Estrellas (antisistema) y el Partido Democrático (PD, centro-izquierda), además de la izquierda de Libres e Iguales (LEU), han cerrado filas para defender el liderazgo de Conte y cerraron la puerta a Renzi.
Por su parte, Conte dejó en claro que pretende resolver la crisis en el Parlamento y busca unos quince senadores responsabili, parlamentarios centristas que podrían confírmalo al frente de un nuevo ejecutivo. Una opción viable, ya que muchos saldrían para siempre del Parlamento en caso de elecciones anticipadas debido a la reducción a partir de la próxima legislatura del número de parlamentarios, de 945 a 600. Con toda probabilidad, Renzi es uno de los que difícilmente volverán a ser reelegidos.
A menudo comparado con un jugador de póker, el político florentino se juega así su supervivencia política. Cuatro años después de prometer su retiro de la política tras perder un arriesgado referéndum constitucional busca, en el peor momento del país, aferrarse al poder. Y aún así puede ser condenado a la irrelevancia.
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