
El mercado de abastos de Wuhan, considerado como el lugar donde brotó el coronavirus, es objeto de escrutinio tras la circulación de impactantes fotos que muestran cómo era el comercio de especies ilegales, una práctica que ha continuado con la vista gorda de las autoridades locales.
En ese emporio comercial, se vendían animales vivos tan variados como ratas, coyotes y salamandras gigantes.

El director del Centro Nacional de Control y de Prevención de Enfermedades, Gao Fu, admitió que había ventas ilegales en dicho lugar, pero evitó confirmar que el brote sea de origen animal.
El comercio de carne procedente de estas especies, además de contribuir a la destrucción de hábitats, hace que los humanos tengan un contacto cada vez más estrecho con los virus de los que son portadores y que se pueden propagar rápidamente en nuestro mundo ultraconectado, explicó Peter Daszak, presidente de EcoHealth Alliance, una organización no gubernamental especializada en la prevención de enfermedades infecciosas.

El domingo, China prohibió de forma temporal el comercio de animales salvajes, como medida para frenar la epidemia. Muchas especies exóticas todavía se consumen ampliamente en el gigante asiático y otros países del continente, donde se consideran un manjar -como la civeta o algunas ratas o murciélagos- o por supuestos beneficios para la salud que no han sido probados por la ciencia.
Pero esto conlleva crecientes riesgos para la salud humana, dijo Christian Walzer, director ejecutivo del Programa de Salud de la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre, con sede en Estados Unidos.

Se cree que los murciélagos han engendrado el SARS (siglas en inglés del Síndrome Respiratorio Agudo Severo), que entre 2002 y 2003 mató a cientos de personas en Asia, principalmente en China. El SARS también se encontró en las civetas de los mercados de vida silvestre en China, y muchos científicos creen que el virus de los murciélagos infectó a las criaturas y luego a los humanos que las comieron.
Después del SARS, China tomó medidas enérgicas contra el consumo de civetas y algunas otras especies, pero los conservacionistas denuncian que el comercio continúa, y así lo muestran las fotos.

En epidemias pasadas, ya se había culpado a los animales salvajes, lo que arriesga una situación vergonzosa para las autoridades chinas, en caso de que se determine que la falta de supervisión en el tráfico de animales arrojó un nuevo brote.
Una lista de precios que circula por Internet en China para un negocio en el mercado de Wuhan enumera una colección de animales o productos de origen animal que incluye zorros vivos, cocodrilos, cachorros de lobo, salamandras gigantes, serpientes, ratas, pavos reales, puercoespines, carne de camello y otros animales de caza. Son 112 artículos en total.
“Recién sacrificado, congelado y entregado a su puerta”, decía la lista de precios del vendedor. Varios comercios ofrecen carnear a los animales en el acto.

Un estudio, publicado el martes en la revista China Life Sciences, patrocinado por la Academia China de Ciencias de Beijing, analizó las relaciones entre la nueva cepa y otros virus.
Según los primeros análisis, este coronavirus pudo haberse originado en murciélagos o serpientes, según un análisis genético del patógeno que hasta ahora ha provocado la muerte de 17 personas. Las teorías se basan en el examen de la secuencia del genoma del virus, liberado por las autoridades a raíz del brote, y dos estudios señalan el papel probable de los murciélagos en el brote.

Identificar a ese animal es importante, pues podría ayudar a atajar la epidemia.
En el caso del SRAS, el animal en el origen del contagio era la civeta. “Prohibiendo el consumo de civetas y cerrando las granjas en las que se criaba, se pudo evitar la reintroducción” del virus, recordó el profesor Arnaud Fontanet, del Instituto Pasteur de París.
En cambio, una de las razones por las que la epidemia del MERS (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio) continúa es porque el depósito del virus es le dromedario, un animal doméstico.

Las autoridades sanitarias y científicas destacan la importancia de las “medidas barrera”, eficaces para otras enfermedades virales como la gripe: lavarse las manos con frecuencia, toser o estornudar en el antebrazo o en un pañuelo desechable, evitar tocarse la cara (nariz, manos, boca)...
Además, si se detecta un caso, debe aislarse al paciente para evitar el contagio.
(Con información de AFP)
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