
Lo apodaban "El Mexicano" porque le gustaba el mariachi. Vestía sombrero y le agradaba montar a caballo. Gonzalo Rodríguez Gacha, fue un peligroso narcotraficante de Colombia que unió fuerzas con Pablo Escobar para formar el Cártel de Medellín.
Ambos capos fueron grandes amigos, y en alianza trasladaron miles de toneladas de cocaína a Estados Unidos, sembrando así el terror del suelo colombiano.
Nació el 14 de mayo de 1947 en Pacho Cudinamarca, Colombia. Fue hijo de dos campesinos que producían queso para sobrevivir. Antes de convertirse en mafioso, laboró como mesero y comerciante; sin embargo, pronto inició su carrera criminal a las órdenes de Gilberto Molina Moreno, "El zar de las esmeraldas".
Su ascenso rápido permitió que se independizara. Ahí, conoció a Pablo Escobar, con quien logró una de las grandes fortunas de Colombia. Según la revista Forbes (20 de junio de 1988) Gonzalo ganaba USD 230,000 por minuto.

La violencia era prácticamente parte de su forma de ser, eso explicaría la escena con la que terminó sus días (15 de diciembre de 1989): acribillado con su hijo desde un helicóptero tras un "espectacular" enfrentamiento con las Fuerzas Armadas.
"El embrujo verde"
"Piedra maldita, maldición, embrujo verde", son los calificativos con los que los colombianos se han referido a las esmeraldas, la gema de este país que es asociada con el crimen y la riqueza.
Para Gonzalo fue lo primero, pues esta piedra significó su inicio a la delincuencia.
Con menos de 25 años se unió a "El zar de las esmeradas". Desde ahí combatió a sangre fría a los grupos de las gemas verdes que también buscaban quedarse con el negocio.
Rápido, fue subiendo de jerarquía, ganando el respeto, pero sobre todo el dinero. Fue cuando decidió "saltar" al negocio ilegal del narcotráfico.

El periodista Fabio Castillo, relató en su libro "Los Jinetes de la cocaína" las excentricidades del narco, como bautizar a sus propiedades con nombres asociados con México como "Discoteca Chihuahua", "Bar Mi Tenampa" o "Rancho Hermosillo".
Su mayor tesoro era su caballo Túpac Amaru, costaba más de USD 1.000.000. Al morir fue disecado y ahora está colgado en las paredes del bar que lleva su nombre. Se dice que el caballo era como su hijo, por eso era más perseguido que el mismo narcotraficante.
Quienes lo conocieron dicen que era un hombre sencillo, le gustaba vestir de tenis, jeans y camisas de manga corta. Le encantaba el fútbol, la música ranchera de Pedro Infante, José Alfredo Jiménez y Vicente Fernández, en general toda la cultura mexicana, de ahí su apodo "El Mexicano".
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