"¿Prefiere que le corte la oreja izquierda o derecha?, dígame para saber a cuál le pongo anestesia?", preguntó "La Peque sicaria" a una de sus víctimas.
Con una carrera que inició desde muy joven, Juana conocida como "La Peque sicaria" era la mujer encargada de las decapitaciones y mutilaciones al interior de la célula de Los Zetas.
La oriunda del estado de Hidalgo pasó de ser una sexoservidora a "halcón" de grupos criminales y posteriormente sicaria de los narcos, quienes la adoptaron tras el asesinato de su hermano por miembros de Los Zetas.
Juana, que confesó que a los 15 años quedó embarazada, y para poder mantener a su hija tuvo que prostituirse, tiene una historia singular con los traficantes de las drogas.
"Me enteré que a la esposa y al asesino de mi hermano los habían descuartizado y quemado. Un día en la tarde que nos reunimos me preguntó el comandante: ¿Sabes dónde está tu hermano? ¿Está completo? ¿lo torturaron? Contesté que sí a las dos primeras y que no a la última pregunta. ¡Qué bueno, quédate con ese consuelo. Tú y tu mamá saben a dónde irle a llorar, a dónde llevarle una flor; aparte saben bien que no lo torturaron. En cambio la familia de ese fulano y fulana andan huyendo, y no saben dónde quedaron tirados los restos. —¡Que a toda madre, pinche consuelo! Pensé, pero no dije nada —", afirmó en su declaración.

Una vez en el Cártel, Juana- de actualmente 30 años- dijo que su trabajo consistía en vigilar las carretera alrededor de ocho horas diarias, en las cuales tenía que reportar si pasaban patrullas, además, si hacía mal su trabajo, la amarraban y sólo le daban de comer un taco al día.
Entre sus terribles revelaciones, Juana declaró que le gustaba tener sexo con los decapitados, y con detalles narró sus prácticas necrofílicas: Además de asesinar a sus víctimas, se bañaba con su sangre e incluso la bebía caliente.
La mujer enfrenta una condena en los Centros de Reinserción Social de Baja California, donde termina la preparatoria y aprende contabilidad de manera autodidacta.
Jugaba a ser sicario
Su debilidad lo hizo presa fácil para el Cártel del Pacífico Sur. Édgar Jiménez, "El Ponchis", nació apartado del cariño de sus padres. Nunca le gustó la escuela y sus "maestros" fueron las malas compañías y las drogas.

A los 11 años llevó a cabo su primer asalto a un negocio y fue detenido, y tres años después se convirtió en uno de los personajes más buscados por el Ejército mexicano.
Édgar, originario de San Diego, California (EU), creció en un ambiente sórdido y con poco amor por parte de sus padres, quienes fueron varias veces arrestados por tráfico de drogas. De acuerdo al propio niño, con apenas 11 años, fue "levantado" por Jesús Hernández Radilla, líder del Cártel del Pacífico Sur.
Retraído, solitario, y marginado, siempre a la deriva fue reclutado por el crimen organizado, quien lo entrenó para causar muerte y dolor.
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