
El aumento de buques petroleros no regulados en el Ártico, conocidos como “shadow fleet”, intensificó el riesgo de catástrofes ambientales, mientras los científicos enfrentan limitaciones técnicas notables para controlar posibles derrames de petróleo en una de las regiones más vulnerables del planeta.
El desarrollo de infraestructura portuaria en localidades como Churchill, Canadá, y la militarización creciente del Ártico impulsaron proyectos de investigación para encontrar soluciones; sin embargo, hasta ahora los avances tecnológicos aplicados a la limpieza de estos derrames han resultado, en gran medida, infructuosos. Así lo documenta el medio británico The Guardian, que destaca cómo la dificultad de acceso y las particularidades del ecosistema complican cualquier respuesta eficaz a tiempo.
Durante el último invierno boreal, en el Churchill Marine Observatory, un equipo liderado por Eric Collins, microbiólogo de la Universidad de Manitoba, liberó 130 litros de diésel en una piscina cubierta de hielo. El objetivo era depurarlo mediante microbios degradadores de petróleo, pero, luego de tres semanas, el crecimiento bacteriano era apenas perceptible. Solo tras ocho semanas se observó un aumento importante de una especie bacteriana que comenzó a consumir el petróleo, según Collins. Los especialistas enfatizaron que este tiempo es excesivo para contener un derrame real en el Ártico.

Experimentos recientes y desafíos técnicos
A lo largo de 2024, 13 naves del tipo shadow fleet recorrieron la ruta marítima del norte de Rusia, sin registro de operaciones de este tipo durante 2023, de acuerdo con información recabada por la organización ambiental Bellona Foundation. Para 2025, más de la mitad de estos buques fueron tanqueros de petróleo y gas natural licuado, y 18 no contaron con certificación adecuada para operar en ambientes helados.
Esta carencia de preparación técnica incrementa el riesgo, ya que en muchos casos se trata de embarcaciones desfasadas, según precisó Ksenia Vakhrusheva, gerenta de proyectos para el Ártico de Bellona Foundation: “Suelen ser tanqueros destinados al desguace, pero sus antiguos propietarios los vendieron para evitar el costo de desmantelarlos. Son las embarcaciones más preocupantes al atravesar la ruta del norte porque, incluso con hielo ligero, resultan peligrosas”.
Desafíos para la limpieza de derrames en el Ártico
La tecnología actual para limpiar derrames de petróleo en el Ártico mantiene la misma eficacia que hace una década, de acuerdo con Sian Prior, asesora principal de la Clean Arctic Alliance, una coalición internacional de 24 organizaciones que buscan minimizar el impacto del transporte marítimo en la región. Prior detalló: “La tecnología disponible hoy es prácticamente la misma que hace 10 o 15 años. No hay soluciones nuevas en el mercado”.

La diferencia, afirmó, radica en la variedad de combustibles utilizados, resultado de nuevas regulaciones implementadas en 2020 por la Organización Marítima Internacional para reducir las emisiones de azufre, lo que llevó a que los buques adopten combustibles menos contaminantes, pero más complejos de limpiar por sus propiedades fisicoquímicas.
En términos técnicos, el ambiente del Ártico presenta obstáculos adicionales: el frío hace que los combustibles se vuelvan más viscosos, lo que produce glóbulos parecidos a melaza que se hunden y se mezclan con sedimentos o se adhieren al hielo. Los sistemas mecánicos de recolección, como barreras flotantes o skimmers, resultan ineficaces frente al hielo marino, mientras que las técnicas químicas, como el uso de dispersantes o la quema in situ, ofrecen limitaciones ambientales.
La asesora principal de la Administración Costera de Noruega y copresidenta de la iniciativa de desarrollo e investigación sobre derrames petroleros del Consejo Ártico, Synnøve Lofthus, explicó que los dispersantes pueden alterar la vida marina en etapas críticas de desarrollo y que la quema libera carbono negro, un compuesto que acelera el deshielo.

Innovación e inversión frente a los derrames
En 2012, una serie de compañías del sector aportaron USD 20 millones a la creación del Arctic Oil Spill Response Technology Joint Industry Programme (JIP), un programa industrial conjunto enfocado en desarrollar y evaluar nuevas tecnologías para mejorar la recuperación de petróleo en caso de derrames en el Ártico. Sin embargo, la iniciativa finalizó en 2017 y, en su informe final, admitió: “No fue posible lograr mejoras sustanciales en la eficiencia de recuperación mecánica mediante nuevos diseños de equipos”.
La presión por encontrar soluciones responde, además, a una expectativa de crecimiento económico y estratégico en la zona. El propio primer ministro Mark Carney propuso la rehabilitación de un puerto de aguas profundas en Churchill, lo que potenciaría el vínculo comercial con el Atlántico Norte y refuerza la necesidad de agilizar y sofisticar la respuesta científica ante emergencias potenciales.
En el centro de este escenario se encuentran dos incógnitas: la fragilidad de uno de los ecosistemas más sensibles del mundo y la limitación de los métodos actuales para garantizar, en caso de derrame, una respuesta efectiva antes de que el daño sea irreversible.
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