
Los bosques pueden guardar más o menos carbono según cómo trabajan los hongos que viven ahí. Hay hongos que usan los nutrientes rápido y dejan restos, y otros que los aprovechan mejor y duran más tiempo. Los hongos que reciclan sus recursos ayudan a que el bosque capture más carbono y así ayudan a frenar el cambio climático. Por eso, tener muchos tipos de hongos diferentes es importante para cuidar los bosques y el planeta.
La capacidad de los bosques para almacenar carbono está determinada en gran medida por las estrategias de reciclaje de nutrientes que emplean los hongos que habitan estos ecosistemas. Un estudio reciente de la Universidad de Lund, publicado en la revista científica New Phytologist y difundido también por el portal especializado H2, revela que la diversidad funcional de estos organismos condiciona la cantidad de carbono que permanece retenida en los ecosistemas forestales.
Los investigadores identificaron dos estrategias vitales opuestas entre las especies analizadas: un modelo de derroche y otro de frugalidad, que definen el papel de cada hongo en la captura de carbono.

El equipo de la Universidad de Lund utilizó chips microfluídicos para observar, con precisión microscópica, el comportamiento de la red micelial, elemento clave en el desarrollo fúngico.
Esta metodología permitió detectar diferencias significativas en la gestión de nutrientes, imposibles de registrar con técnicas convencionales, según detalló New Phytologist. El procedimiento facilitó el análisis del desarrollo, degradación y persistencia del micelio a lo largo del tiempo, ofreciendo una visión detallada de la dinámica de cada especie.
El análisis permitió clasificar a los hongos en dos grandes grupos. El primero, que responde a una estrategia derrochadora, coloniza sobre todo ramas y ramitas efímeras, deja tras de sí una cantidad considerable de micelio inactivo y sigue un patrón de “vive rápido, muere joven”, con una reutilización mínima de los nutrientes presentes en sus estructuras residuales.

El segundo grupo adopta una estrategia frugal, característica de los hongos que prosperan en troncos grandes y mantienen ciclos de vida prolongados. De acuerdo con H2, estas especies reciclan la mayor parte de sus recursos internos, lo que favorece su supervivencia en condiciones de escasez de nutrientes.
Las pruebas en laboratorio evidenciaron una paradoja, según la investigadora Kristin Aleklett, citada por H2: “Lo más sorprendente fue que las especies que percibimos como lentas a nivel macro [...] fueron las más rápidas en reciclar su micelio a microescala”.
Aleklett explicó que los hongos frugales conservan un “micelio de reserva” que les permite detectar y aprovechar recursos nuevos con rapidez, mientras que los efímeros suelen dejar estructuras esqueléticas o inactivas.
Las diferencias en la persistencia del micelio, tanto citoplasmático como esquelético, segmentan de forma clara a las especies efímeras y longevas, según New Phytologist.
Los hongos que colonizan materiales efímeros tienden a dejar mayor cantidad de micelio esquelético, lo que aporta recursos a otros organismos del suelo, pero con escaso reciclaje. En cambio, las especies de vida prolongada presentan una tasa elevada de recambio y mantienen redes miceliales activas, potenciando así la captura continuada de carbono en los bosques.

El estudio subraya que la competencia por los nutrientes en el suelo es intensa. Un reciclaje eficiente del micelio prolonga la vida del hongo y reduce la disponibilidad de recursos para otros microorganismos y pequeños invertebrados. Esta dinámica resulta fundamental para comprender el papel ecológico de los hongos en los ciclos de carbono y repercute directamente en los modelos científicos que buscan predecir la dinámica del carbono en los ecosistemas forestales, según coinciden New Phytologist y H2.
Para Dimitrios Floudas, autor principal citado por H2, “los resultados muestran que los hongos estudiados pueden dividirse en grupos según dos estrategias claras”. Floudas indicó que estas diferencias funcionales “pueden afectar de forma directa la capacidad de los bosques para capturar carbono y mitigar el cambio climático”. Por su parte, Aleklett destacó el valor de observar comportamientos a microescala que desafían las expectativas habituales sobre la rapidez o lentitud de ciertas especies.
El trabajo concluye que la biodiversidad fúngica es un elemento estratégico para la gestión y conservación de los bosques, ya que cada especie desempeña funciones fundamentales en el ecosistema. Comprender cómo varían estas estrategias vitales entre especies puede tener un impacto directo en políticas de mitigación del cambio climático y en la preservación de servicios ecosistémicos esenciales.

La contribución de cada hongo a los ciclos biogeoquímicos y a los procesos internos de reciclaje demuestra que el equilibrio ecológico depende tanto de la diversidad como de la calidad de los organismos presentes. El estudio de la Universidad de Lund confirma que la eficacia de los bosques para capturar carbono no depende únicamente de los árboles y que las acciones de los hongos y la variedad de sus estrategias vitales resultan determinantes.
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