
En el universo reservado y enigmático de los reptiles, la ciencia acaba de abrir una puerta inesperada que desafía todo lo que se creía sobre sus capacidades afectivas. Un estudio realizado por la Universidad de Lincoln, en el Reino Unido, revela que las tortugas de patas rojas (Chelonoidis carbonaria) pueden experimentar estados de ánimo prolongados, similares a los observados en mamíferos y aves.
Publicada en la revista Animal Cognition y difundida mediante un comunicado de prensa de la Universidad, la investigación presenta pruebas convincentes sobre la sentiencia (capacidad de experimentar sensaciones y emociones subjetivas, como dolor, placer o miedo) en reptiles y plantea la necesidad de entornos enriquecidos que favorezcan su bienestar en cautiverio. Además, la evidencia de estados afectivos en reptiles desafía nociones previas sobre la vida emocional de estos animales.
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Un experimento innovador sobre emociones
El equipo de especialistas en comportamiento y cognición animal de la Universidad de Lincoln, liderado por Anna Wilkinson, Oliver Burman, Tatjana Hoehfurtner y Sophie A. Moszuti, examinó a quince tortugas de patas rojas mediante una prueba de sesgo cognitivo. Esta técnica, desarrollada originalmente para humanos y luego utilizada en mamíferos y aves, permite inferir el estado emocional de los individuos a través de sus respuestas a situaciones ambiguas.
Durante el experimento, las tortugas debían decidir acercarse o no a un recipiente de comida ubicado en diversas posiciones dentro del recinto. Algunas de estas posiciones ofrecían recompensa, otras no, y las intermedias, carentes de asociación clara, servían para evaluar si las tortugas enfrentaban la ambigüedad con optimismo o pesimismo.
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Los investigadores complementaron el estudio con pruebas de ansiedad, exponiendo a los reptiles a objetos nuevos y entornos desconocidos, registrando variables como el tiempo de aproximación y la extensión de la cabeza, considerada indicadora de confianza y relajación. Todas las pruebas se desarrollaron en ambientes enriquecidos, con sustrato de corteza, fuentes de calor, luz ultravioleta, refugios y suministro constante de agua y alimento.
Los resultados evidenciaron que las tortugas alojadas en entornos enriquecidos tendían a interpretar las situaciones ambiguas de forma optimista, acercándose más rápidamente a los recipientes situados en posiciones intermedias. Este comportamiento sugiere la existencia de un estado de ánimo positivo y persistente.
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Además, se observó una correlación entre el optimismo y la reducción de comportamientos ansiosos: aquellas tortugas que mostraban mayor optimismo exploraban sin temor objetos nuevos y extendían la cabeza, indicando mayor confianza.
Los hallazgos constituyen la primera evidencia clara de estados de ánimo prolongados en reptiles, un componente fundamental en la noción de sentiencia animal. Hasta el momento, la mayoría de los estudios sobre emociones animales se habían centrado en mamíferos y aves, y los reptiles permanecían como un grupo pocas veces explorado en este ámbito.
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Implicancias para el bienestar animal
Según detalló la Universidad de Lincoln, si bien ya se conocía el potencial cognitivo de los reptiles —como la resolución de problemas y el aprendizaje—, hasta ahora no existían pruebas claras de que pudieran sentir estados afectivos duraderos. La evidencia previa documentaba emociones temporales, como la “fiebre emocional” o cambios de comportamiento tras la manipulación, y se estimaba que el repertorio emocional en reptiles era limitado frente a mamíferos y aves.
La utilización de la prueba de sesgo cognitivo en tortugas —una metodología nunca antes empleada con este grupo— permitió demostrar que los reptiles pueden manifestar un “sesgo optimista” similar al de otros animales estudiados.
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En este sentido, Anna Wilkinson subrayó: “Las preocupaciones sobre el bienestar animal dependen de la evidencia de que una especie determinada tiene la capacidad de experimentar estados afectivos. Dado que los reptiles son cada vez más comunes como mascotas, es esencial estudiar sus estados de ánimo y emociones para intentar comprender cómo la cautividad puede afectarlos”.
Por su parte, Oliver Burman afirmó en declaraciones recogidas por la Universidad de Lincoln: “Este hallazgo representa un cambio significativo en nuestra comprensión de lo que los reptiles pueden experimentar, con implicaciones importantes para cómo los cuidamos e interactuamos con ellos”.
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El contexto evolutivo y un cambio en el paradigma científico
La investigación aporta nuevas perspectivas sobre la evolución de los estados emocionales en animales. Los reptiles se separaron evolutivamente de mamíferos y aves hace cientos de millones de años; si especies como la tortuga de patas rojas experimentan estados de ánimo, esto indica que la capacidad de sentir emociones podría ser mucho más antigua y universal de lo previamente asumido.
Según la publicación en Animal Cognition, este hallazgo abre la puerta a explorar la vida emocional de otros reptiles y reitera la necesidad de revisar los métodos de manejo y enriquecimiento en zoológicos, acuarios y hogares. Además, confirma la utilidad de las pruebas de sesgo cognitivo y ansiedad para evaluar el bienestar en reptiles, representando un avance significativo en su protección y comprensión.
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La evidencia presentada marca un antes y un después en la percepción social y científica de los reptiles. Saber que pueden experimentar estados de ánimo duraderos obliga a reconsiderar prácticas de manejo, criterios de bienestar animal y la profundidad de la vida mental en especies tradicionalmente consideradas menos complejas.
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