
El cambio climático ya está modificando los paisajes vitivinícolas a escala global. Una investigación liderada por la Universidad de British Columbia (UBC) y publicada en la revista PLOS Climate documenta cómo el aumento sostenido de las temperaturas está transformando las condiciones de cultivo en las principales regiones productoras de vino.
El estudio, basado en más de cuatro décadas de datos, advierte que este fenómeno impacta directamente en el desarrollo de las uvas y obliga al sector a adaptarse a un entorno cada vez más impredecible.
Un calentamiento global que impacta a la vid
De acuerdo con la Universidad de British Columbia, el análisis abarcó datos desde 1980 hasta la actualidad y concluyó que las regiones vitivinícolas experimentaron un incremento promedio cercano a 100 días grado de crecimiento adicionales, una medida que refleja la acumulación de calor a lo largo de la temporada. Este cambio resulta determinante para el desarrollo y la maduración de la uva.
“Europa está sintiendo el mayor impacto, con partes del continente calentándose hasta 2,5 °C desde 1980. Ese tipo de cambio puede afectar los tiempos de cosecha, la maduración de la uva y, por lo tanto, el sabor del vino”, explicó la Dra. Elizabeth Wolkovich, autora principal del estudio y profesora asociada en la Facultad de Silvicultura de la UBC.

Temperaturas extremas y variabilidad regional
El equipo de investigadores analizó más de 500 variedades de uva en regiones de cinco continentes, permitiendo una visión sin precedentes sobre los efectos del calentamiento global en la viticultura. El estudio no solo abordó temperaturas promedio, sino también la frecuencia de olas de calor, la variabilidad estacional y los inviernos más cálidos.
Uno de los hallazgos más preocupantes es el incremento en los días extremadamente calurosos, definidos como aquellos que superan los 35° C. Según la Universidad de British Columbia, zonas del este y oeste de Europa registran actualmente hasta un día adicional de calor extremo por temporada de cultivo en comparación con décadas anteriores.
Aunque puede parecer un cambio mínimo, representa un reto para las vides que ya están cerca de su límite térmico. “Regiones que ya son cálidas, como el norte de África y el oeste de Asia, están particularmente en riesgo”, advirtió el Dr. Victor van der Meersch, coautor del estudio y becario posdoctoral en la UBC.
El informe detalla diferencias regionales: el norte de África y el oeste de Asia experimentan incrementos notables en temperaturas promedio y días grado de crecimiento, pero un menor aumento en los días de calor extremo. En contraste, el sur y el oeste de Europa enfrentan casi cinco veces más días de calor extremo que en 1980.
Además, las noches e inviernos más cálidos están alterando el calendario de brotación y cosecha. A nivel global, las temperaturas invernales aumentaron aproximadamente 1° C, siendo Oceanía y el centro y este de Asia algunas de las zonas más afectadas.

Del estrés térmico al sabor del vino
La Universidad de British Columbia advierte que estas condiciones afectan directamente el ciclo de vida de la vid. El aumento de temperaturas y las olas de calor provocan estrés térmico, reducen la disponibilidad de agua y aumentan el riesgo de incendios forestales. Estas amenazas obligan a modificar las prácticas tradicionales de cultivo.
La Dra. Wolkovich señaló que incluso incrementos pequeños en la temperatura pueden alterar los compuestos responsables del aroma y el sabor del vino. “Ese tipo de cambio puede afectar los tiempos de cosecha, la maduración de la uva y, por tanto, el sabor del vino”, reafirmó en declaraciones difundidas por la UBC.
Adaptación urgente en viñedos
Ante este panorama, los viticultores de todo el mundo están adoptando nuevas estrategias. Según la Universidad, las respuestas deben combinar acciones inmediatas con planificación a largo plazo. Muchos productores están introduciendo portainjertos y variedades de uva resistentes a la sequía, ajustando además prácticas como la poda y el calendario de cosecha para adaptarse a las nuevas condiciones.
La diversidad varietal se vuelve clave. “Necesitamos más diversidad en las uvas que cultivamos. Elegir variedades tolerantes al calor ayuda, pero también debemos prestar atención a cuándo crecen y maduran esas uvas. El momento lo es todo”, remarcó la Dra. Wolkovich.
La tecnología también aporta herramientas: sensores de suelo, imágenes satelitales y estaciones meteorológicas permiten decisiones más informadas en el manejo del viñedo. No obstante, el estudio advierte que la tecnología tiene límites si el calentamiento global se intensifica.

Desafíos y oportunidades en la viticultura
Los autores del estudio coinciden en que el panorama es desafiante, pero no terminal. “Definitivamente no es el fin de la producción de vino tal como la conocemos, pero sí es un gran desafío”, afirmó la Dra. Wolkovich.
El Dr. van der Meersch añadió que es urgente actuar, especialmente en las regiones que ya rozan los umbrales térmicos para el cultivo de la vid.
El informe pone énfasis en diversificar las variedades de uva y adaptar las prácticas agrícolas como estrategias esenciales para sostener la producción. La capacidad de respuesta de los productores y la adopción de nuevas tecnologías serán determinantes para enfrentar el impacto climático.

El futuro del vino en manos del presente
El estudio, uno de los más exhaustivos sobre el impacto del cambio climático en la viticultura, deja en claro que la transformación del vino ya comenzó y que su evolución dependerá directamente de la adaptación del sector y del compromiso global con la mitigación del calentamiento
“El tipo y la calidad del vino en nuestras copas mañana dependerán mucho de lo que hagamos en los viñedos hoy, y especialmente de las decisiones globales que tomemos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero”, concluyó la Dra. Wolkovich.
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