Todo comenzó en diciembre de 1986, cuando Lucy Spata decidió iluminar el frente de su casa con centenares de luces navideñas. El rumor corrió de boca en boca y los residentes de barrios cercanos se acercaban hasta la casa en Dyker Heights, Brooklyn, Nueva York, para ver la disparatada iluminación.

Pero los vecinos de Lucy decidieron no quedarse atrás y, al año siguiente, fueron por más, y decoraron los frentes de sus casas con luces y muñecos.

Así, comenzó a crecer una tradición que llevó a los vecinos de Dyker Heights a competir cada año por la decoraciones más desmesuradas y estrafalarias, en la que jardines y frentes de casas quedan absolutamente tapizados por luces, muñecos de Santa Claus, recreaciones de personajes infantiles y hasta juegos mecánicos.

La competencia ha llevado a que muchos vecinos contraten a decoradores que cobran cerca de 5 mil dólares para diseñar y colocar los adornos. A ese

gastos se suma el de la factura de electricidad que en diciembre puede trepar hasta los 10 mil dólares en algunas casas.

Las calles del barrio residencial se han vuelto un imán para miles de turistas de todos el mundo que en estos días hacen el viaje de 40 minutos en metro desde Manhattan para observar el delirante espectáculo.

(Sai Mokhtari/Gothamist)

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REUTERS

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