Un tour por "Ceaushima" y otros delirantes vestigios del comunismo en Bucarest

El monumental Parlamento, el sueño arquitectónico inconcluso de la falsa doctora Elena Ceaucescu y el devastado barrio de Uranus son algunos de lugares que sorprenden a los visitantes

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*Especial desde Bucarest

Más de veintisiete años después de la sangrienta revolución que volteó al entonces dictador Nicolae Ceacescu y que puso a Rumania en el centro de los noticieros, Bucarest es hoy una melancólica "París del Este" adonde los turistas llegan para disfrutar la cerveza barata, los salones de masajes eróticos, los parques verdes, las tradiciones locales y experimentar el pasado a través del creciente negocio de los "tours del comunismo".

A los que se atrevan a llegar aquí, un país bello pero alejado de los principales circuitos turísticos, los principales portales de venta de pasajes y alojamiento recomendarán un puñado de actividades más bien previsibles, como una escapada a Transilvania para ver el supuesto castillo del conde Drácula o el recorrido del camino de los viñedos, que comienza a algo menos de un centenar de kilómetros de la capital.

Pero, cada vez más, muchos visitantes se anotan para conocer la otra cara de Bucarest, aquella marcada por la historia reciente.

(Marcelo Raimon)
(Marcelo Raimon)
El Palacio del Parlamento, el segundo edificio gubernamental más grande del mundo, visto desde el coqueto Boulevard Unirii (Marcelo Raimon)
El Palacio del Parlamento, el segundo edificio gubernamental más grande del mundo, visto desde el coqueto Boulevard Unirii (Marcelo Raimon)

El centro de la ciudad, en efecto, conserva algunos edificios históricos y mantiene una atractiva arquitectura, más bien algo ecléctica. Pero sin un poco de conocimiento de causa, es imposible entender lo que Bucarest esconde cuando se caminan unas pocas decenas de cuadras. Y es ahí donde entra el pequeño grupo de guías turísticos que se lanzó en los últimos años con los "tours del comunismo". Son algo más de media docena, con guías locales, en general jóvenes estudiantes rumanos, y oferta horaria de lunes a domingos.

"No es un gran negocio, pero está creciendo", le cuenta a Infobae uno de los impulsores de estos recorridos, Marius Zaharia, de TourOfCommunism.com, quien además mantiene su trabajo full time en una empresa de software.

Bucarest "es una gran mezcla -explica por su lado Stefan Munteanu, guía de un tour similar de la agencia Open Doors Travel-. En muchas partes la arquitectura comunista se levanta al lado de edificios de entreguerras y el art decó, en todos lados se puede sentir cómo el comunismo afectó a nuestra sociedad en todos sus aspectos, desde la planificación urbana a la religión, pasando por la educación y los medios de comunicación".

Según Zaharia, "muchos turistas vienen a Bucarest para ver el Palacio del Parlamento, otros por los festivales folklóricos", mientras que "los que vienen al tour están interesados en historia, en política, y en una experiencia más auténtica".

Carnet de una pionera comunista (Marcelo Raimon)
Carnet de una pionera comunista (Marcelo Raimon)

Como ejemplo de esa "autenticidad", Marius señala que los responsables de los tours del Palacio del Parlamento, el segundo edificio gubernamental más grande del mundo detrás del Pentágono, "muchas veces ni siquiera escuchan la palabra 'Ceaucescu'" de boca de los guías durante la excursión.

"No te cuentan la historia del comunismo", durante cuyos años se construyó el edificio, "sino solamente algunas estadísticas muy abstractas", añade.

Carnet del Partido Comunista (Marcelo Raimon)
Carnet del Partido Comunista (Marcelo Raimon)

Munteanu va un poco más allá: "La forma en que están organizados los tours del palacio, cómo tratan a los turistas, la agresividad de los chequeos de seguridad sugieren una falta de respeto por el turista y recuerda la forma en que el régimen comunista se ocupaba de la gente".

Las excursiones del palacio deben ser solicitadas con bastante anticipación, si es que hay en programa. Y se debe concurrir con pasaporte y listos para ser sometidos a una intensa revisión de seguridad. El lugar vale la pena, con sus doce pisos y su colosal subsuelo de bunkers, 1.100 habitaciones y detalles de lujo por doquier, incluyendo candelabros, tapices e infinitos detalles de glamour.

Ceaucescu no llegó a cumplir una de sus obsesiones, dirigirse en un discurso desde los balcones del palacio a una eventual multitud reunida en el Boulevard Unirii, y ahora el edificio tiene apenas un 30 por ciento de su capacidad ocupada, sea por oficinas gubernamentales o eventos internacionales.

El palacio, también conocido como Casa Poporului (Casa del Pueblo), es uno de los puntos centrales de los "tours del comunismo" y permite ver dos caras de Bucarest: uno de sus frentes, el que mira hacia el este, es visible desde el Boulevard Unirii (Unión), con coquetos cafés, edificios "comunista-chic" y la amplísima avenida que Ceaucescu ordenó construir más ancha que Champs Elysees.

Marius, el guía, con los turistas reunidos en la colina de la Catedral del Patriarca, esperando para salir a recorrer la “Bucarest Comunista”(Marcelo Raimon)
Marius, el guía, con los turistas reunidos en la colina de la Catedral del Patriarca, esperando para salir a recorrer la “Bucarest Comunista”(Marcelo Raimon)

Ese sector por sí solo ya justifica que a Bucarest la conozcan como la "París del Este". Pero es la vista desde otro frente del Palacio, el que mira hacia el sur, el que se puede descubrir con asombro gracias a guías como Marius y un buen par de zapatillas para caminar. En la zona, por ejemplo, se levanta el edificio de la Academia Romana, una especie de ministerio de Ciencia soñado por Elena Ceaucescu, la esposa del líder comunista.

Elena, que ostentó enorme poder en Rumania, tenía un doctorado en Química y numerosos ensayos científicos publicados. La mujer incluso llegó a recibir doctorados honorarios de otros países y el edificio de la Academia Romana iba a ser su cuartel general, a pocas cuadras del Palacio Parlamentario, adonde Nicolae esperaba montar su jefatura.
Pero, al igual que la carrera científica de Elena, el edificio está incompleto y devastado.

La derruida “Academia Romana”, el ministerio de Ciencia soñado por Elena Ceaucescu (Marcelo Raimon)
La derruida “Academia Romana”, el ministerio de Ciencia soñado por Elena Ceaucescu (Marcelo Raimon)

Después de la revolución se supo que Elena apenas había relizado estudios básicos, que el doctorado era una farsa y que el título le había sido entregado a la fuerza. Los ensayos fueron escritos por científicos que se mantenían anónimos y Elena debió enfrentar el pelotón de fusilamiento, el 25 de diciembre de 1989 junto a Nicolae, humillada y furiosa.
El edificio, por su parte, tiene dos de sus alas relativamente terminadas y albergando oficinas gubernamentales, pero el bloque central sobrevive en completa decadencia, el concreto a la vista y estructuras metálicas oxidadas, con los alrededores cubiertos de arbustos silvestres crecidos y basura.

Los dos palacios, el de Elena y el de Nicolae, están unidos por un largo túnel. En el medio, un parque muy descuidado sobre la avenida 13 de Setiembre.

Y más atrás del edificio de la Academia, un pequeño barrio ocupa un gran tramo del "tour del comunismo", una etapa que cumple con su propósito de deprimir tanto al guía como a los guiados.

La ex fábrica de cerveza que alguna vez fue de un millonario, luego del estado comunista y ahora está en el medio de una disputa legal de dos décadas (Marcelo Raimon)
La ex fábrica de cerveza que alguna vez fue de un millonario, luego del estado comunista y ahora está en el medio de una disputa legal de dos décadas (Marcelo Raimon)

En esa zona se levanta (o se levantaba) el distrito Uranus, uno de los epicentros de la llamada "sistematización", el plan de planificación urbana que Ceaucescu puso en marcha después de quedarse enamorado de los gigantescos edificios y monumentos que vió durante su visita a Corea del Norte en 1971.

Al regreso de aquella gira con parada en Pyongyang, Ceaucescu ordenó la demolición de, según algunas estimaciones, por lo menos un cuarto de la ciudad para imponer allí los palacios y edificios para la máxima jerarquía del partido.

El barrio Uranus fue uno de los principales blancos porque, gracias a su altura, resultaba ideal para levantar ese barrio fantástico de imagen y poder.

Decenas de familias fueron obligadas a dejar sus casas en poquísimos días. Muchos se vieron obligados a dejar muebles y otras pertenencias, y otros a sus animales. Según recuerda Marius, el guía, manadas de perros callejeros -presuntamente descendientes de aquellos animales abandonados- rondaban las calles abandonadas del barrio hasta hace pocos años.

"Era muy peligroso", asegura Marius mientras señala los restos de veredas y casas que todavía se pueden ver en el enorme baldío en el corazón de Uranus. "Si uno busca bien, se siguen encontrando cosas que quedaron entre los escombros", añade.

(Marcelo Raimon)
(Marcelo Raimon)
(Marcelo Raimon)
(Marcelo Raimon)
“Ceaushima”. lo que quedó del fallido proceso de “sistematización” en el distrito Uranus (Marcelo Raimon)
“Ceaushima”. lo que quedó del fallido proceso de “sistematización” en el distrito Uranus (Marcelo Raimon)

El proceso de "sistematización" fue interrumpido por la revolución de 1989 y edificios como la Academia y barrios como Uranus quedaron a mitad de camino entre los escombros y la construcción. Arbustos, cascotes, suciedad, pero también grúas y equipos de albañiles son parte del paisaje.

La destrucción fue tan masiva que el ingenio popular rumano le acuñó -en silencio durante aquellos años de dura represión- un apodo: "Ceaushima", una combinación de "Ceaucescu" e "Hiroshima".

Estas historias son difíciles de descubrir si la visita de Bucarest se limita, por ejemplo, a la bonita avenida Victoriei y sus bares y negocios. Para eso están los guías de los "tours del comunismo", aunque su pasión por la historia reciente no sea compartida por muchos rumanos.

"Mis padres, por ejemplo, no entienden por qué hago este tour, no entienden que haya gente que puede estar interesada en el tema -dice Marius-. Pero hay mucha gente, a veces tengo grupos de treinta personas, y tours todas las semanas en invierno y en verano".

El público, admite, es mayoritariamente de extranjeros. "Recibo apenas un puñado de rumanos en el tour, pero en general es gente que vive afuera, que se fue de Rumania hace mucho tiempo y vino de visita", cuenta.

Es que "los rumanos creen que saben sobre este periodo, lo que no siempre es verdad, y también prefieren olvidarse de aquellos años", dice. Una parte de la población, entre quienes llegaron a vivir esa época, incluye eso sí a nostálgicos del estilo de vida comunista, a quienes "extrañan la seguridad laboral, la posibilidad de tener las necesidades materiales básicas cubiertas", a cambio de muchas libertades, agrega.

"El comunismo en este país es una historia reciente pero virtualmente desconocida, incluso para los rumanos", dice por su lado Stefan. "Muchos no pueden imaginar lo que era esperar en una fila por horas para comprar productos básicos de comida, o no poder viajar al exterior o comentar las decisiones del partido", explica Stefan.

Los trayectos de los "tours del comunismo" pasan también, entre otros puntos, por la calle Chindiei, donde muere lentamente un grupo de casas que alguna vez formaron parte de una de las zonas más lindas de la ciudad, fueron luego apropiadas por el comunismo y ahora están en medio de combates legales entre los herederos de quienes residieron allí en esos distintos periodos.

La calle Chindei, adonde se puede ver la decadencia que sigue afectando a las casas que alguna vez fueron bellas y alojaron familias de clase media (Marcelo Raimon)
La calle Chindei, adonde se puede ver la decadencia que sigue afectando a las casas que alguna vez fueron bellas y alojaron familias de clase media (Marcelo Raimon)
(Marcelo Raimon)
(Marcelo Raimon)

Algo similar sucede con una ex fábrica de cerveza en los bordes del distrito Uranus. Antes del ascenso del comunismo perteneció a la millonaria familia Brigadiru, luego el régimen de Ceaucescu lo confiscó para elaborar allí la "cerveza comunista" Rahova, tras la revolución de 1989 fue comprada por un puñado de dólares por un inversor extranjero y ahora todo están esperando que la cuestión de quién es el verdadero dueño se resuelva en los tribunales.

También pasa por la sede de la policía secreta rumana, ahora una fuerza relativamente tranquila con estándares occidentales, pero en aquellos años un durísimo organismo de represión.

Allí Zaharia llega bien provisto y muestra que el régimen no solamente usaba a la policía para abollar los cerebros de los rumanos sino también la propaganda: el guía exhibe revistas de distintos géneros pero siempre con Elena y Nicolae en la tapa, el obligatorio carnet de los niños "pioneros", y el no tan obligatorio, pero sí muy conveniente, carnet del partido.

Al comienzo de la excursión, que dura unas cuatro horas y arranca en la Catedral Patriarcal de Bucarest (en la misma colina adonde el revolucionario comunista Max Goldstein llevó a cabo el decisivo atentado de 1920 contra el Senado), Marius cuenta que tuvo la idea de montar el tour luego de ver excursiones similares o museos dedicados a los años del comunismo en otros países del este de Europa.

– Lo bueno es que el comunismo te está dando una forma de hacer algo de dinero
– Si, se podría decir que sí -responde Marius con una sonrisa-, que estamos explotando el comunismo de una manera muy capitalista.

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