
El año pasado, un padre de una escuela de Southlake, Texas, se quejó de que su hija de cuarto grado haya llevado a su casa un libro llamado “Este libro es antirracista”, de Tiffany Jewell. Esta queja produjo un efecto dominó que acabó con una ejecutiva del Distrito Escolar Independiente de Carroll, la jurisdicción donde se dio la polémica, pidiéndole a sus profesores que se aseguren de tener tanto libros sobre el Holocausto como libros que propongan una lectura “alternativa” de ese periodo de la historia.
En un principio, la administración del colegio había investigado y votado en contra de castigar a la profesora apuntada por el padre, pero el lunes pasado el consejo escolar del distrito votó a favor de revertir esta decisión y reprendió formalmente a la mujer. Esta resolución generó desconcierto en el cuerpo de profesores en tanto temen que el consejo no los defienda si reciben una queja de un padre por el contenido dado en sus clases.
La preocupación aumentó unos días después cuando el jueves la administración del distrito envió un mail instando a los docentes a cerrar o retirar las bibliotecas de sus aulas hasta que los libros sean revisados uno por uno por el docente en función de una rúbrica enviada por el colegio que busca evaluar si los libros proveen múltiples perspectivas y retirar aquellos que presentan una narrativa dominante “de tal manera que... pueda ser considerada ofensiva”, dice el email.
Sin embargo, la vocera del distrito, Karen Fitzgerald, afirmó que la revisión de los libros no responde a la sanción a la profesora sino que estaba planeada desde antes en respuesta a la nueva ley sancionada por el estado de Texas que exige a los profesores a presentar múltiples perspectivas cuando se discuten temas “ampliamente debatidos y actualmente controvertidos”, según la ley.

El viernes, luego de que el medio NBC publicara una nota detallando las instrucciones del distrito sobre los libros permitidos y los prohibidos o no recomendados, el superintendente del colegio, Lane Ledbetter, envió un correo a los padres negando que se les estuviera pidiendo a los profesores que quiten libros de su biblioteca, aunque el día anterior habían instruido a los docentes a cerrar esas dependencias para su revisión.
Sin embargo, tan solo una hora antes de que el e-mail de Ledbetter fuera enviado a los padres, los maestros estaban recibiendo una sesión de entrenamiento en la que el mensaje era otro. Un miembro del personal grabó parte de la reunión y compartió el audio con NBC News.
“La información que tenemos ahora mismo es que las bibliotecas de aula no pueden utilizarse hasta que no hayan sido examinadas. Así que tienen que volver a la escuela y separar los libros que han sido examinados, y esos libros tienen que estar disponibles para los estudiantes. Los otros no tienen que estar disponibles para los estudiantes hasta que hayan sido examinados”, se escucha decir al subdirector del distrito entre algunas quejas e inquietudes expresadas por los profesores.
Luego de un rato, llegó a la reunión Gina Peddy, la directora de Currícula e Instrucción de Carroll. Al principio trató de calmar las aguas, afirmando que estaba por salir un comunicado de la vocera que instruiría cómo proceder y del cual no tenía idea de su contenido. “Hay una declaración general que saldrá del distrito”, se la escucha a Peddy en la grabación. “No tengo ni idea de lo que va a decir. Así que creo que tenemos que esperar y ver lo que dice, y luego volver y determinar cómo van a ser las bibliotecas de sus aulas”.
Pero luego de que varios docentes se quejaran de los mensajes ambiguos, Peddy se excusó de la reunión para hablar con la vice superintendente Courtney Carpenter. Al regresar unos minutos después, Peddy comenzó a explicar que los libros disponibles en clase debían presentar puntos de vista opuestos y ahí fue cuando utilizó el ejemplo del Holocausto. “Sólo intenten acordarse de los conceptos de la (Ley) 3979, y asegúrense de que si tienen un libro sobre el Holocausto, tengan uno que se oponga, que tenga otras perspectivas”, se la escucha decir a Peddy. “¿Cómo te opones al Holocausto?”, respondió un profesor. “Créeme”, dijo Peddy, “ya ha surgido”.

Ledbetter, más adelante publicó en la página de Facebook del colegio un comunicado en el que afirma que “reconocemos que no hay dos visiones del Holocausto” y que los comentarios hechos en la reunión por Peddy eran “de ninguna manera para transmitir que el Holocausto fue algo menos que un evento terrible en la historia”.
Responsables de la sanción de la ley, tanto civiles como políticos, salieron a asegurar que ésta en ningún lado dice que hay que regular las bibliotecas de las clases. Clay Robinson, vocero de la Asociación de Profesores de Texas, declaró a NBC: “Nos parece repudiable que un educador exija a un negador del Holocausto el mismo trato que los hechos históricos. Eso es absurdo. Es peor que absurdo. Y esta ley no lo exige”.
A su vez, el senador republicano Bryan Hughes, que redactó parte de la ley, declaró también ante NBC que es falso que la ley obligue a los docentes a proveer puntos de vista opuestos en los temas que llama de “el bien y el mal” o a deshacerse de libros que ofrezcan una sola perspectiva del Holocausto. “Me alegro de que podamos tener esta discusión para ayudar a dilucidar lo que dice la ley, porque eso no es lo que dice”.
En medio de todo este escándalo, que está plagado de tintes políticos, están los profesores y profesoras que por el momento no tienen más que incertidumbre. Algunos docentes hablaron también con esa cadena de noticias, bajo la condición de anonimato, y explicaron algunas de sus inquietudes.
“Los profesores tienen miedo, literalmente, de que nos castiguen por tener libros en nuestras clases”, declaró un docente de primaria. “No hay libros para niños que muestren la ‘perspectiva opuesta’ del Holocausto o la ‘perspectiva opuesta’ de la esclavitud. ¿Debemos deshacernos de todos los libros sobre esos temas?”, agregó.
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