
Lionel Messi volvió a asombrar al mundo del fútbol. Aunque ya parezca noticia vieja, la influencia del número 10 del Barcelona en el rendimiento del equipo crece tanto como las chances que tiene el equipo culé para ganarlo todo en la presente temporada.
Si en el 2007 –cuando silenció al Camp Nou después de emular el gol de Maradona a Inglaterra en el Mundial 86 frente al Getafe– pensábamos que estábamos en presencia de un velocista con la pelota atada a su pie izquierdo, 12 años después la regla cambió. Porque Messi decidió cambiarla.
El rosarino modificó su forma de dominar el juego. En un principio, Lionel se recostaba sobre la banda derecha del ataque para aplicar una jugada que se asemejaba a la de un videojuego de fútbol. Luego fue el turno de asentarse como un 9 de área, que se movía, inquieto, a la espera de que le llegue la pelota clara. Esos fueron los tiempos donde el Barcelona lo manejaban Xavi e Iniesta, mientras Messi anotaba hasta de cabeza, como en la final de la Champions League 2009 frente al Manchester United.
Hace 10 años, el capitán del conjunto blaugrana cerraba un ciclo de ensueño: autor de 38 goles en la temporada, aportó un doblete en el histórico 6-2 en el Bernabéu que sentenció la liga española, anotó uno en la final de la Copa del Rey, el mencionado en la final que se disputó en el Olímpico de Roma y dos más en la Supercopa de España para un Barcelona que se quedó con todos los laureles y fue reconocido como uno de los mejores equipos en la historia de este deporte.
Más cerca en el tiempo, Leo fue mutando a un futbolista "total", sin posibilidad de recibir una categorización por parte de los rivales, analistas o hasta los propios fanáticos que viajan desde diferentes continentes del planeta para verlo. Continuó siendo un eximio anotador, pero amplió la gama a la hora de convertir.
El 2018 lo cerró como el máximo goleador a nivel mundial: terminó con 51 goles (47 en el Barcelona y cuatro en la selección argentina), y logró un registro sobresaliente. En ocho de los últimos nueve años naturales (de enero a diciembre) convirtió 50 tantos o más en cada uno de ellos. La cuenta marca que anotó 60 en 2010, 59 en 2011, 91 en 2012, 58 en 2014, 52 en 2015, 59 en 2016, 54 en 2017 y los 51 en el último año.
Uno de los puntos que muestra la metamorfosis en el juego de Messi es la evolución que ha tenido en la ejecución de los tiros libres y su efectividad para festejar. A partir de la campaña 2011/2012, el máximo anotador en la historia del Barcelona, se transformó en el principal ejecutor del equipo. En aquella temporada tuvo 49 tiros libres y anotó tres goles de falta. En la 15/16 logró 4 tantos en 42 ejecuciones.
Pero fue en la pasada campaña cuando explotó la valoración de Leo en este aspecto: logró 7 goles en 72 disparos, con un promedio de casi 10 por ciento de efectividad. Por la 2018/2019, a la que todavía le faltan varios partidos por jugar, Messi suma 7 conquistas en 53 encuentros, mejorando el promedio de la pasada temporada.
Líder en el vestuario y en la cancha, desde la despedida de Iniesta, el 10 es el dueño de la pelota del Barcelona. Tal vez, más que nunca desde que debutó el 16 de octubre de 2004, su injerencia en el futuro del equipo es decisiva para las aspiraciones de la institución catalana. En la cima de la liga española con nueve puntos de ventaja sobre el Atlético Madrid, Messi encabeza la tabla de anotadores con 33, 13 más que su compañero y amigo Luis Suárez. En el rubro asistencias, el rosarino también está al frente con 12 pases gol. Él es el mejor y hace mejores a sus compañeros de equipo.
Posicionado como uno de los favoritos para volver a ganar la Copa de Campeones con su club, Messi también se destaca en la competición que reúne a los mejores clubes de Europa. Gracias a los dos tantos frente al United, es el nuevo líder en la tabla de goleadores con 10 en ocho partidos, y tiene muchas chances de quedarse con ese premio.

En lo que va de temporada suma 45 goles (24 en el año calendario), y sus números crecen como la posibilidad que el Barcelona se quede con el triplete. Ya son 597 tantos con la camiseta blaugrana, 110 de ellos en la Champions League.
El Messi 2019 es la mejor versión de su histórica carrera profesional. Y lo es porque no está señalado bajo ninguna posición fija. Todo lo contrario. Sigue siendo dominante como cuando tenía el pelo más largo y no se dejaba crecer la barba, pero ahora maneja todos los aspectos necesarios del juego. Cuando lo cree necesario, sale al rescate de su equipo, y lo hace sin estridencias. Sólo utilizando el valor más preciado que tiene: su amor por el juego y un potencial pocas veces visto en la historia del fútbol.
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