¡Fanáticos de Talking Heads, celebren! Poco después del relanzamiento de Stop Making Sense, la película de Jonathan Demme ampliamente considerada como la mejor película de un concierto jamás realizada, el músico y escritor Jonathan Gould ha publicado una biografía exhaustiva de la influyente banda que aportó una vibra de escuela de arte a la música popular y transformó para siempre el rock.
Gould, autor de libros muy bien recibidos sobre Otis Redding y Los Beatles, narra con meticuloso detalle el ascenso y la caída de la banda que comenzó en la escena subterránea del punk de Nueva York y terminó recorriendo el mundo con un repertorio influido por el blues, el funk y el jazz.

Burning Down the House: Talking Heads and the New York Scene That Transformed Rock (Burning Down the House: Talking Heads y la escena de Nueva York que transformó el rock) comienza con una vívida descripción de una lluviosa noche de junio de 1975, cuando el trío original —el cantante y compositor David Byrne, la bajista Tina Weymouth y el baterista Chris Frantz— debutó en el club de mala reputación CBGB en el centro de Manhattan, abriendo para los Ramones ante un pequeño grupo de asistentes. Con sus “cortes de cabello intrascendentes” y su “ropa casual y nada destacable,” ofrecían un agudo contraste con el giro barroco que había tomado la moda del rock en la década de 1970, observa Gould.
“Las cualidades que caracterizaban a este grupo novato en su primera actuación pública giraban en torno a la intensidad torpe e inquietante de su cantante y guitarrista, David Byrne; sus arreglos esquemáticos, casi esqueléticos, y la peculiar inteligencia de sus canciones,” escribe Gould. “Alto y delgado, con un cuello largo y una mirada ansiosa y de ojos muy abiertos, Byrne permanecía rígido frente al micrófono, con la parte superior de su cuerpo sacudiéndose y contoneándose como una figura de teatro de sombras mientras rascaba acordes en su guitarra... En lugar de esforzarse por dominar el escenario y la sala, Byrne parecía atrapado por su entorno, como si estuviera dispuesto, en cualquier momento, a correr hacia la puerta.”

En un par de años, tras sus actuaciones que marcaron el espíritu de la época, reclutaron al tecladista y guitarrista Jerry Harrison, añadiendo una dosis muy necesaria de profesionalismo a la banda. Gould, exmúsico profesional, escribe extremadamente bien sobre música, pero peca de una suerte de exhaustividad excesiva al abarrotar un nivel de detalle casi abrumador, desde el nombre de la escuela primaria en Pittsburgh donde un joven Frantz comenzó a tocar la batería, hasta cada destino militar del padre aviador naval de Weymouth.
Aunque gran parte del material es fascinante, incluidas sus observaciones sobre cómo el síndrome de Asperger, no diagnosticado en ese momento, de Byrne pudo haber influido en su música y sus relaciones con los demás miembros de la banda, es probable que resulte un poco excesivo excepto para los fanáticos más acérrimos.
Fuente: AP
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