
Un viejo rockero que, aferrado a su pasión como si el tiempo no pudiera alcanzarlo, viaja solo a un pequeño pueblo perdido en la llanura bonaerense para ver a su banda favorita. “Estás grande, Esteban”, le dicen los amigos. Lo que parece una escapada para aferrarse a su gusto musical ―y a su juventud―, poco a poco revela una historia mucho más oscura. Detrás de unos ojos marrones se esconde una venganza que late hace años.
Esta es la historia que narra Que sea rock, un cuento policial inédito del escritor y periodista Reynaldo Sietecase y que Leamos -la editorial digital de Infobae- publica en la colección Leamos Cuentos, que puede descargarse de forma gratuita en BajaLibros clickeando aquí.
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De lealtades y esplendores
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Ahora, en diálogo con Infobae, Sietecase dice, contundente: “Quería escribir sobre una venganza”, un tópico que explora hace tiempo. “Hace años que me interesa este tema, que atraviesa a toda la literatura desde la antigüedad y que ya visité en algunas de mis novelas”, agrega.
¿Y cuál es esa vendetta? En Que sea rock, el fanatismo de ese “viejo rockero que en soledad sigue a su banda favorita”, según describe el autor al personaje, lo llevará a coincidir con un joven que recuerda muy bien quién es Esteban y lo que le hizo cuando era pequeño, en aquel club de barrio: abusar de él. “Una vendetta de la víctima”, dice Sietecase.
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En Que sea rock, el pasado es un elemento importante en la construcción del cuento. “El pasado es el pasado y, en este caso, es siniestro”, afirma el autor. Para él, siempre es más desolador para la víctima, y en esta historia en particular, esa oscuridad del pasado es lo que motiva la venganza.
Sietecase es una figura reconocida en el mundo del periodismo y las letras, con una prolífica carrera literaria que abarca distintos géneros. Entre sus obras más destacadas se encuentran las novelas Un crimen argentino ―que fue adaptada al cine bajo la dirección de Lucas Combina y con las actuaciones de Darío Grandinetti, Nicolás Francella, César Bordón, Luis Luque y Malena Sánchez, entre otros―, A cuántos hay que matar y No pidas nada.
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Antes del cuento Que sea rock publicó Pendejos, y de ocho libros de poesía, muchos de cuyos poemas fueron recopilados en las antologías Nadie es de nadie y Lengua sucia. Además, en No hay tiempo que perder reunió una selección de sus crónicas.
Sietecase también escribió Kamikazes. Los mejores peores años de la Argentina, sobre la década de los Kichner, y el ensayo fotográfico con Desnudos de vidriera: imágenes de los maniquíes del barrio de Once acompañados por un poema.
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Su obra más reciente es la novela La Rey, la historia de una mujer valiente, Blanca Rosa González, con una vida marcada por la violencia ―de todo tipo―, las drogas, el narcotráfico y la prostitución.
El relato

Que sea rock comienza con un encuentro inesperado: “Abrió los ojos y vio la cara del pibe muy cerca de la suya. ‘¿Sabés quién soy?’”. Esteban, el protagonista de esta historia, no reconoce de inmediato al joven que lo despierta en la penumbra de esa habitación de hotel de pueblo, pero la tensión crece en cada línea hasta que el protagonista comienza a recordar.
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El lector, que inicialmente puede empatizar con este hombre de 50 años, que sigue buscando en el rock una conexión con su juventud perdida, pronto descubre que Esteban no es un simple fanático nostálgico, sino un hombre que su fachada disimula que es un abusador. Pero ese joven, en esa habitación, lo sabe.
“La idea de alguien que tiene un buen trabajo y le va bien y le gusta el rock, era una manera de generar empatía para que se entienda que esos criminales pueden estar en cualquier lado”, cuenta Sietecase sobre esta decisión en la narración. ¿Por qué comparten habitación? No queda otra: un pueblo pequeño, una reserva que no se registra y una solución a último momento que lleva al protagonista a enfrentar su pasado y su crimen.
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En el cuento, hay pequeños indicios que preparan al lector para el desenlace: la fascinación de Esteban por el joven mozo en el restaurante, a quien describe como un “ángel” de boca sensual, revela algo más sobre su carácter que su simple gusto por la buena comida.
En el relato se cuela otro rosarino como Sietecase. A través de la frase “Para el cuerpo lo mejor”, que el protagonista de Que sea rock repite para justificar sus excesos, parece inicialmente un guiño inofensivo, pero pronto cobra un tono siniestro. Sietecase aclara: “La frase es de Alberto Olmedo, o por lo menos se la atribuyen. La escena con el mozo va generando el clima para entender que el tipo es un personaje oscuro y oculta cosas”.
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Con una prosa que juega con el suspenso y la tensión, Que sea rock se suma a la rica tradición de la literatura policial, género en el que Sietecase se ha consolidado con obras como Un crimen argentino y No pidas nada. Pero lo que distingue a este relato es, palabras del autor, “el cruce de destino y azar, víctima y victimario que coinciden en un lugar por su fanatismo hacia la misma banda de rock”. Y da un final brutal y efectivo.
Colección Leamos Cuentos
Leamos está publicando la colección Leamos Cuentos, que integran autores y estilos diversos.
Ya se pueden leer, por ejemplo, El hombre que quería matar a Pérez Reverte, del argentino Jorge Fernández Díaz, clickeando aquí. Convencido de una conspiración que bordea la paranoia, un hombre sin nombre cree fervientemente que Arturo Pérez-Reverte ha robado no solo fragmentos de su vida, sino su esencia entera, usándola como material en todas sus obras. Armado con un puñal de plata adquirido en circunstancias oscuras y tras enviar numerosas cartas anónimas al autor, tiene un plan delineado con escalofriante detalle. O, más bien, una venganza: matarlo en el marco de la Feria del Libro de Buenos Aires.
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También está disponible El blues del comanche, del escritor peruano Pedro Medina León, que se descarga gratuitamente clickeando aquí. En las calles vibrantes y llenas de contrastes de Miami, el detective Comanche se ve envuelto en un intrincado caso que desafiará todos sus instintos. El asesinato en circunstancias misteriosas de un destacado escritor, interesado por el noir, Gregorio Lizárraga. El crimen desencadena una serie de eventos que llevan a adentrarse en una red de corrupción, traiciones y peligros inesperados. Así, el detective descubre una red de intrigas que lo lleva a enfrentarse a sus propios demonios del pasado. Con cada pista descubierta, se adentra en profundos laberintos de engaños y oscuros secretos que amenazan con destruirlo todo a su paso.
Y también Lo mataron, no murió, donde la periodista argentina Patricia Kolesnicov ficcionaliza un caso real: un joven recibe un disparo en la calle, en medio de un robo. No muere, sin embargo, pero queda en estado vegetativo. ¿Hay que hacer todo para prolongar su vida? El joven es confinado al “Departamento de Velorios Prolongados”. Pero pasarán muchas cosas hasta un inesperado final. El cuento se puede descargar clickeando aquí.
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