
Un equipo de investigación de la Universidad de Chicago anunció descubrimiento dinosaurio en el desierto del Sahara, un hallazgo que ha generado gran repercusión tanto en la comunidad científica como en el público general debido a su apariencia y las conexiones culturales que ha despertado, según informa el tabloide británico Daily Mail.
El fósil hallado presenta un cráneo de proporciones similares a las de una persona adulta, con una mandíbula alargada llena de dientes del tamaño de una mano humana y un hocico que recuerda al de los cocodrilos. Entre los aspectos más distintivos se encuentra una cresta ósea de unos 50 centímetros de alto ubicada entre los ojos, comparada por los investigadores con una cimitarra curvada. Este elemento representa la cresta cefálica más alta registrada en un dinosaurio carnívoro conocido. La conjunción de estos rasgos ha llevado a muchos a compararlo con las criaturas míticas conocidas como dragones.
La morfología del fósil ha generado un amplio eco cultural, con numerosas reacciones en redes sociales y medios que lo asocian visualmente a los dragones de la mitología y la ficción. Ilustraciones y recreaciones han reforzado esta percepción, alimentando el vínculo entre la paleontología y los relatos ancestrales sobre criaturas fantásticas.

Para muchos expertos, resulta plausible que leyendas antiguas hayan surgido a partir de restos fósiles o avistamientos de grandes reptiles prehistóricos. No obstante, aclaran que los dragones como los que aparecen en la ficción no tienen fundamento en la evidencia científica. “Simplemente no hay evidencia en la naturaleza ni en el registro fósil que sugiera que alguna vez sucedió”, afirma el museo especializado en ciencia y paleontología infantil, Children’s Museum of Indianapolis, en su sitio web.
El espécimen fue identificado como Spinosaurus mirabilis, un depredador que habitó la región hace aproximadamente 95 millones de años, durante el Cretácico, cuando el Sahara era una zona húmeda, con bosques y cursos de agua. Los investigadores estiman que podía alcanzar los 12 metros de longitud y pesaba entre 4.500 y 6.300 kilogramos. Su anatomía sugiere que era capaz de permanecer en aguas profundas para buscar alimento, diferenciándose así de otros grandes carnívoros de su tiempo.
Este dinosaurio formaría parte de la familia de los espinosaurios, conocidos por su aspecto similar al de los cocodrilos, una joroba o vela dorsal, y la capacidad de caminar sobre dos patas traseras robustas, mientras que las delanteras eran más cortas.

El equipo encabezado por Paul Sereno considera que este hallazgo podría modificar el conocimiento actual sobre los espinosaurios y su entorno. Se pensaba que estos depredadores vivían principalmente cerca de costas u océanos, pero la ubicación de Spinosaurus mirabilis en una región interior y su adaptación al agua plantean nuevas dudas sobre su distribución y hábitos.
El Sahara del Cretácico, entonces mucho más húmedo y boscoso, habría sido un hábitat propicio para estos animales, lo que sugiere mayor diversidad y flexibilidad en la familia de los espinosaurios de lo que se creía hasta ahora.
El contexto del hallazgo suma una dimensión de exploración y persistencia. El yacimiento, ubicado en el actual Níger, no había recibido visitas científicas en más de siete décadas. En los años 50, geólogos franceses encontraron un diente en la zona, pero no hubo nuevas investigaciones hasta 2019 y 2022, cuando el equipo de la Universidad de Chicago, acompañado por un guía tuareg local en motocicleta, logró acceder al sitio en una región remota y difícil.
El paleontólogo Paul Sereno relató el descubrimiento: “Este hallazgo fue tan repentino que resultó realmente para nuestro equipo. Siempre recordaré el momento en el campamento cuando nos reunimos alrededor de un ordenador portátil para ver por primera vez la nueva especie.” El descubrimiento de un cráneo tan distintivo, en un escenario tan inhóspito, aporta un valor científico a la paleontología moderna.
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