
En el norte de Mozambique, un grupo de científicos documentó que las comunidades humanas desarrollan dialectos locales para cooperar con el ave llamado indicador grande en la búsqueda de miel.
Las señales que utilizan los cazadores para comunicarse con esos pájaros varían entre aldeas y se transmiten de generación en generación. Forman parte de los paisajes de diversidad cultural y natural.
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El estudio demuestra que las personas no solo crean formas propias de comunicación entre sí, sino que también inventan lenguajes para interactuar con otras especies.
Según los investigadores, que publicaron el estudio en la revista People and Nature, “las llamadas de los cazadores de miel variaron de manera consistente con la distancia espacial entre aldeas”.

La investigación fue realizada por Jessica van der Wal y colegas. Participaron especialistas del Instituto FitzPatrick de Ornitología Africana de la Universidad de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, y el Instituto Max Planck de Inteligencia Biológica, en Alemania.
También colaboraron investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones de Italia, el Departamento de Biología de Reed College, Estados Unidos, el Centro Ambiental Mariri, Mozambique, entre otras instituciones.
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Voces del monte

El estudio partió de una pregunta clara: ¿pueden los humanos crear dialectos únicos al comunicarse con animales silvestres?
Las señales vocales para atraer al ave indicador grande presentan variaciones regionales, una característica que normalmente solo se asocia a los idiomas humanos.
El equipo exploró si estos dialectos surgían por aprendizaje social, identidad comunitaria o condiciones del entorno físico. Analizó si la cultura o el paisaje determinan la forma en que las señales se desarrollan y perduran.
El objetivo fue comparar las llamadas de los cazadores en trece aldeas para descubrir si las diferencias respondían principalmente a la vida social o al ambiente.
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Mapas secretos de las llamadas humanas

El trabajo de campo se realizó en la Reserva Especial do Niassa, un área de más de 42.000 kilómetros cuadrados en el norte de Mozambique. Allí, comunidades Yao, Macua y Matambwe recolectan miel con la ayuda del indicador grande.
En junio de 2019, los investigadores entrevistaron y grabaron a 131 cazadores en trece aldeas.
Cada uno mostró cómo realiza tres tipos de señales: llamadas de reclutamiento de largo alcance, de corto alcance y de coordinación con el indicador grande.
El análisis acústico permitió distinguir trinos, gruñidos, silbidos y exclamaciones. “Las llamadas variaron de manera consistente con la distancia espacial entre aldeas”, afirmaron los científicos.
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El trabajo descartó que las diferencias se deban al entorno natural. “No hallamos evidencia de que la variación entre aldeas en las señales humanas al indicador grande correlacione con diferencias ambientales”, aclararon.
Los cazadores que migran a otras aldeas adoptan las señales locales. Los inmigrantes no difirieron significativamente de los residentes en sus señales. Así, la identidad vocal de cada grupo se transmite y se conserva.
El indicador grande puede distinguir las señales de cada aldea y responde mejor a las locales.

El estudio documentó que el ave puede discriminar entre señales humanas y responde con mayor fuerza a las llamadas locales.
El aprendizaje de las señales ocurre sobre todo en el ámbito familiar. El 93% de los cazadores aprendió a comunicarse con el indicador grande a través de familiares, lo que sostiene los dialectos de cada aldea.
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El éxito de la cooperación no depende de la uniformidad de las señales. Los cazadores reportaron una alta tasa de éxito en la recolección, lo que sugiere que el indicador grande se adapta a los dialectos humanos.
El futuro para los lenguajes compartidos

Los científicos sugieren que se debería investigar ahora cómo el indicador grande aprende las señales humanas y cómo la diversidad dialectal afecta la cooperación.
Se debería ampliar el número de aldeas estudiadas y registrar más señales de corto alcance.
Los autores reconocen que algunas señales pueden usarse en más contextos de los que captaron las entrevistas, lo que podría ocultar matices de la comunicación real.
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La conclusión central es que “la existencia de dialectos regionales en las señales humanas dirigidas a animales silvestres está modelada principalmente por factores sociales humanos, formando un paisaje de diversidad de señales interespecíficas similar a los dialectos del lenguaje humano”.
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