Estados Unidos se prepara para una de las tormentas invernales más extensas y severas de las últimas décadas. Cerca de 200 millones de personas, distribuidas en casi 30 estados, quedaron bajo alertas climáticas que se extienden sin interrupción desde el suroeste hasta la costa este.
Nieve intensa, lluvia helada, temperaturas polares y vientos peligrosos conforman un escenario que los organismos oficiales describieron como potencialmente catastrófico. El fenómeno avanza desde las Montañas Rocosas y las Grandes Llanuras hacia el Atlántico, con impacto directo en el transporte, el suministro eléctrico y la seguridad de millones de hogares.
Diversos estudios muestran que el calentamiento global altera los patrones atmosféricos y modifica la intensidad y frecuencia de los extremos climáticos. El deshielo en el Ártico y los cambios en la corriente en chorro pueden favorecer la irrupción de aire polar en latitudes más bajas. Estas alteraciones contribuyen a que episodios invernales severos ocurran en un contexto de temperaturas globales en ascenso.
La magnitud del evento previsto sorprende incluso a especialistas acostumbrados a monitorear temporales invernales. “El hecho de que tengamos aproximadamente 2900 kilómetros ininterrumpidos de alertas climáticas desde Arizona hasta la costa este demuestra la magnitud de esta tormenta”, afirmó Matthew Cappucci, meteorólogo de MyRadar, a la televisión pública estadounidense PBS.
La combinación de sistemas atmosféricos en juego explica en parte su violencia, pero también abre una pregunta más profunda y persistente: cómo encaja una ola de frío tan extrema en un planeta que se calienta a un ritmo acelerado.
Una tormenta fuera de escala y un invierno que ya no es el de antes

Durante el invierno boreal, las tormentas invernales no resultan inusuales en Estados Unidos. Sin embargo, esta se diferencia por su alcance geográfico, la duración prevista y la superposición de múltiples amenazas climáticas.
El Servicio Meteorológico Nacional de EEUU (NWS) anticipó la irrupción de un “aire potencialmente mortal” que empuja temperaturas extremadamente bajas desde Canadá hacia el sur profundo, con sensaciones térmicas que podrían descender por debajo de los –46 °C en las llanuras del norte.
La nieve domina gran parte del mapa, con acumulaciones que superan los 30 centímetros en amplias zonas que abarcan desde el valle del Ohio hasta el Atlántico Medio y el noreste. En paralelo, estados del sur como Texas, Arkansas y Nuevo México enfrentan un riesgo distinto pero igualmente peligroso: lluvia helada y aguanieve capaces de transformar rutas y tendidos eléctricos en trampas invisibles.

“La combinación de importantes acumulaciones de nieve y hielo con el frío extremo podría provocar cortes de electricidad y carreteras congeladas que se prolonguen más de lo habitual después de una típica tormenta invernal”, advirtieron desde el NWS.
El impacto sobre la infraestructura aparece como una de las mayores preocupaciones. Las autoridades recuerdan aún el colapso de la red eléctrica de Texas en 2021, cuando una tormenta invernal dejó a millones de personas sin suministro durante días y provocó al menos 250 muertes. Ahora, con equipos de descongelación limitados en varios estados del sur y una demanda energética elevada por el uso de calefacción, el riesgo de interrupciones prolongadas vuelve a estar sobre la mesa.
A primera vista, este despliegue de frío, nieve y hielo parece chocar con la idea de un planeta cada vez más cálido. Los registros muestran una tendencia clara: el invierno fue la estación que más rápido se calentó en Estados Unidos.
En los 48 estados continentales, los récords de temperaturas cálidas superaron a los récords de frío durante este invierno. Gran parte de esa señal se concentra en el oeste del país, donde varios estados atravesaron su invierno más cálido desde que existen mediciones, con estaciones de esquí de Colorado y otras regiones sin nieve en períodos clave.
Bernadette Woods Placky, meteoróloga jefe de Climate Central, explicó que los récords de bajas temperaturas resultaron relativamente pocos en comparación con los cálidos, aunque subrayó que el episodio actual se aparta de la norma reciente.
El frío que avanza sobre gran parte del país se parece más a los inviernos que el Medio Oeste y el Noreste vivían hace algunas décadas, antes de que el calentamiento global alterara los promedios estacionales.
El vórtice polar, el Ártico cambiante y los dados cargados del clima

Para entender por qué una tormenta de este tipo ocurre en un contexto de calentamiento global, los científicos miran hacia el Ártico y al comportamiento del vórtice polar. Este sistema consiste en una vasta muralla circular de vientos que gira alrededor de un centro ubicado cerca de la Bahía de Hudson, en Canadá, y que normalmente mantiene el aire gélido confinado en las altas latitudes.
Cuando esa estructura se mantiene compacta, el frío extremo permanece lejos de las zonas densamente pobladas del hemisferio norte.
El problema surge cuando el vórtice se estira o se debilita. En esos casos, lóbulos de aire ártico pueden descender hacia el sur, impulsados por grandes ondulaciones de la corriente en chorro. Eso es lo que sucede ahora sobre Estados Unidos, con una profunda vaguada que permite que el aire polar se desplace hacia los estados centrales y orientales.

Jennifer Francis, investigadora del Woodwell Climate Research Center, señaló que el cambio climático juega un papel clave en este tipo de configuraciones atmosféricas.
“Aunque el calentamiento global está causando inviernos más cálidos en general, los eventos de clima invernal duro siguen siendo posibles —y tal vez incluso más probables— porque el calentamiento no es la única consecuencia del cambio climático causado por el hombre. Otros ingredientes que preparan el escenario para el clima invernal extremo están en aumento, y muchos de ellos están en juego esta semana”, sostuvo.
Entre esos ingredientes aparece la rápida pérdida de hielo marino en el Ártico. Judah Cohen, científico investigador del MIT, explicó que la reducción del hielo en regiones como los mares de Barents y Kara altera los contrastes térmicos que sostienen la estabilidad del vórtice polar. A eso se suma una mayor cantidad de nevadas en partes de Siberia, otro factor que incrementa la probabilidad de eventos de estiramiento del vórtice.

“Claramente existe una fuerte relación entre los eventos de vórtice estirado y el clima invernal extremo aquí en EE.UU.”, afirmó Cohen. Durante este período de rápido cambio en el Ártico, el vórtice polar se volvió más variable, lo que elevó el riesgo de episodios extremos en las latitudes medias de América del Norte, Europa y Asia.
“En los flancos sur del vórtice polar, sobre Estados Unidos y Asia, y debajo de donde está ocurriendo ese estiramiento, ha habido un aumento en el clima invernal extremo”, sostuvo.
Y aunque evitó atribuir un evento puntual de manera directa al cambio climático, fue claro en su diagnóstico: “No estoy diciendo que ningún evento meteorológico en particular se deba al cambio climático, pero sí creo que aquí se han cargado los dados”.
Los datos de largo plazo respaldan esta lectura. Investigadores de Climate Central analizaron la temperatura más baja del año en ciudades de todo el país y detectaron un aumento sostenido desde la década de 1970.
En Minneapolis, ese valor subió alrededor de 6,7 °C desde 1970. En Cleveland, el incremento rondó los 6,2 °C. Estos cambios indican que los inviernos ya no alcanzan los niveles de frío que resultaban habituales hace medio siglo, lo que convierte a episodios como el actual en fenómenos más raros, pero no imposibles.
La paradoja climática se vuelve entonces evidente. El calentamiento global reduce la frecuencia y la intensidad promedio del frío extremo, pero al mismo tiempo altera los sistemas atmosféricos que regulan su distribución. Cuando las condiciones se alinean, el resultado puede ser una tormenta invernal de gran escala, con impactos amplificados por infraestructuras que no siempre están preparadas para enfrentar temperaturas tan bajas.
Por eso, las autoridades insisten en la prevención. El Servicio Meteorológico Nacional pidió a la población que asegure provisiones de alimentos, agua y medicamentos para varios días, ante la posibilidad de cortes de energía y bloqueos en rutas.
En Carolina del Norte, el gobernador Josh Stein declaró el estado de emergencia y exhortó a la población “a quedarse en casa y evitar circular por las carreteras este fin de semana, a menos que sea absolutamente necesario”.
La gran tormenta invernal que avanza sobre Estados Unidos no contradice la crisis climática. La expone. Muestra cómo un planeta más cálido también puede producir extremos más complejos y peligrosos, capaces de poner a prueba a ciudades enteras.
En ese escenario, comprender la relación entre el frío extremo y el cambio climático deja de ser un debate teórico y se convierte en una herramienta esencial para anticipar riesgos, adaptar sistemas y reducir el impacto de eventos que, según los científicos, podrían volverse cada vez más disruptivos.
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