
Un grupo de científicos alemanes analizó el vínculo entre el aroma de las flores y la variedad de insectos y bacterias que las visitan.
Descubrieron que las flores con aromas más diversos atraen mayor cantidad de insectos, pero presentan menos tipos de bacterias en sus pétalos.
Los investigadores, que publicaron en New Phytologist, explicaron que esa relación no es casual.

Un perfume floral complejo funciona como un imán para polinizadores, mientras que, al mismo tiempo, disuade el establecimiento de ciertos microorganismos que podrían afectar a la planta.
El trabajo fue liderado por Maximilian Hanusch, del Departamento de Botánica de la Universidad de Marburgo, en Alemania, junto a colegas de la Universidad de Salzburgo en Austria.
Por qué interesa el aroma en flores alpinas

El comportamiento de los polinizadores, como abejas, mariposas, moscas y escarabajos, tiene una enorme importancia para la reproducción de las plantas y la salud de muchos ecosistemas.
En los ambientes alpinos, donde las condiciones son extremas y la competencia es alta, las plantas requieren estrategias efectivas para asegurar visitas de insectos y evitar infecciones dañinas.
Las flores no solo buscan polinización. También combaten la colonización de bacterias, que pueden afectar tanto a la flor como a la calidad del néctar.

De esa dualidad nació el interés de los científicos por explorar el rol del aroma floral, algo que hasta ahora se relacionaba más con la atracción de polinizadores que con la defensa frente a microbios.
Los investigadores buscaron llenar el vacío sobre el impacto que produce la mezcla de volátiles -sustancias químicas asociadas al aroma- en los insectos y las bacterias.
La investigación se propuso ir más allá de la simple presencia de olor, al centrarse en esa “quimiodiversidad” o variedad de compuestos.
Montaña, método y hallazgos clave

Los científicos realizaron el trabajo de campo en el monte Grossglockner, en los Alpes austríacos, donde recolectaron flores de siete comunidades vegetales distintas.
La zona incluye pastizales que se extienden desde los 1.146 hasta los 2.750 metros sobre el nivel del mar. La elección del Grossglockner respondió a su diversidad vegetal y accesibilidad para los equipos de muestreo.
Ese trabajo se hizo con protocolos estrictos para evitar la contaminación de los aromas. Se identificaron flores de distintas especies, y cada una fue analizada al considerar la “quimiodiversidad del aroma floral”, es decir, la cantidad de compuestos volátiles únicos en sus pétalos.
Para esta tarea emplearon técnicas de cromatografía y espectrometría de masas, que permiten separar y medir los componentes químicos.

Cada flor analizada recibió, además, un registro visual de la cantidad y variedad de insectos polinizadores que la visitaron.
Los investigadores permanecieron en las zonas de muestreo durante varias horas por día, para contar las visitas de abejas, moscas y otros insectos.
Los registros permitieron construir una base de datos amplia sobre la diversidad de polinizadores en cada altitud y especie vegetal.
Simultáneamente, se tomaron muestras del microbioma de los pétalos para estudiar la diversidad bacteriana asociada a cada flor.
Evaluaron patrones de colonización y presencia de bacterias tanto beneficiosas como potencialmente dañinas. Se emplearon métodos moleculares para identificar y diferenciar las especies bacterianas halladas en las superficies florales.
Qué descubrieron

Los investigadores encontraron que las flores con aromas compuestos por más sustancias diferentes atraen una mayor variedad de insectos polinizadores.
Esos olores variados llaman la atención de abejas, mariposas, moscas y escarabajos que transportan el polen de una planta a otra.
Consideraron que los resultados podrían usarse para favorecer la presencia de polinizadores y controlar bacterias dañinas en ambientes naturales y en cultivos.
Además, los investigadores demostraron que las flores con mayor diversidad química en su aroma presentan menos tipos distintos de bacterias en sus pétalos.
La mezcla de compuestos aromáticos dificulta que microbios dañinos puedan instalarse en la flor.

Para explicar esos resultados, los científicos propusieron la Hipótesis del Polinizador Sucio. Según esta idea, aunque los polinizadores transportan microbios de flor en flor, la diversidad del aroma floral actúa como filtro y permite que solo ciertas bacterias sobrevivan.
Esa barrera química protege a la flor de microbios perjudiciales y al mismo tiempo la hace atractiva para los insectos.
Así, la estrategia de producir aromas complejos ayuda a la planta a conseguir más visitas de polinizadores sin aumentar el riesgo de infecciones.
Los investigadores plantearon la Hipótesis del Polinizador Sucio como una explicación para los patrones que observaron, pero aclararon que debe confirmarse con más investigaciones.
Recomendaron realizar estudios adicionales en otros ecosistemas y con otras especies de plantas para comprobarla.
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