
En 2014, la detección de sapos asiáticos comunes en el mayor puerto de Madagascar impulsó nuevas preguntas sobre el éxito biológico de ciertos anfibios.
Un grupo de investigadores de China, Estados Unidos y Francia buscó averiguar cómo los sapos tóxicos habían avanzado por el mundo.
Encontraron que esos sapos tuvieron su origen en Sudamérica y luego expandieron su presencia gracias a su defensa química y resistencia. Publicaron los resultados en Proceedings of the Royal Society B.
La investigación fue liderada por Christopher Raxworthy del Museo Americano de Historia Natural de los Estados Unidos y Wei Xu del Instituto de Investigación y Desarrollo de Montpellier, en Francia.
Origen y expansión de los sapos

El equipo de investigadores buscó responder cómo los sapos integrantes de la familia Bufonidae atravesaron continentes y conquistaron nuevos hábitats.
Para ese fin, analizaron el ADN de 124 especies, abarcando los linajes principales en seis continentes. Así, reconstruyeron la historia evolutiva y geográfica del grupo.
Antes del estudio, el patrón de dispersión más aceptado señalaba una migración primero hacia América del Norte y de allí a Asia.
Los resultados del nuevo estudio derribaron esa hipótesis al identificar un paso directo hacia África antes que cualquier otra expansión.
Los resultados mostraron que los sapos tóxicos emergieron en Sudamérica hace cerca de 61 millones de años.
La defensa tóxica

Los investigadores destacaron el papel de las glándulas parotoideas, estructuras ubicadas detrás de los ojos que producen bufotoxinas, compuestos que dificultan la depredación.
“Una vez que evoluciona esta estrategia antipredador, uno puede imaginarse el enorme margen que le otorga frente a otros anfibios“, afirmó el doctor Raxworthy en diálogo con la revista Science. La evolución de estas glándulas coincidió con la dispersión fuera de Sudamérica.
Para explicar cómo los sapos cruzaron fronteras oceánicas y terrestres, el estudio planteó dos posibilidades. Podrían haber realizado migraciones al usar rutas terrestres a través de la Antártida, que mantuvo clima templado y conexión con Sudamérica hasta hace unos 30 millones de años.
También podría haberse producido el cruce a la deriva sobre balsas de vegetación. Ambos escenarios podrían haberse producido con base en recientes descubrimientos paleontológicos.

El grupo Bufonidae destaca por su resistencia y su capacidad de soportar falta de recursos durante periodos prolongados. "Los sapos tienen fama de resistentes. Pueden soportar largos trayectos con acceso limitado a agua y alimento“, declaró Raxworthy.
Estas características explican por qué los sapos tóxicos lograron atravesar barreras naturales y establecerse en ambientes tan diferentes.
La investigación demostró una rápida diversificación de especies coincidente con el surgimiento de su mecanismo defensivo y con un evento de extinción global hace unos 33,5 millones de años.
La glándula parotoidea fue el verdadero cambio de juego. A diferencia de otros rasgos, como el tamaño corporal, la defensa química impulsó la proliferación del grupo.

El estudio consideró además otros factores. Los cuerpos grasos inguinales, que son depósitos solares de energía, permitieron superar épocas adversas y facilitaron la colonización de hábitats extremos.
Según el análisis, esos atributos hicieron de la familia Bufonidae una de las más exitosas entre los anfibios.
Actualmente, los sapos tóxicos viven en entornos terrestres, arbóreos y subterráneos en todas las regiones habitadas, con excepción de la Antártida.
Cómo el movimiento humano ayudó a los sapos

A pesar de su capacidad de adaptación, la investigación mostró límites para la dispersión natural. Estos anfibios nunca cruzaron por sí solos hacia Australia ni a Madagascar.
El movimiento humano durante los últimos siglos facilitó su introducción en nuevos territorios, donde muchas veces se comportan como especies invasoras y afectan el equilibrio ecológico.
Los casos como el sapo marino en Australia o el sapo asiático en Madagascar siguen bajo estudio debido a su impacto ambiental.
Daniel Paluh de la Universidad de Dayton, en los Estados Unidos, comentó: “Los resultados arrojan nueva luz sobre cómo los sapos lograron dominar buena parte del globo terráqueo”.
Su investigación muestra que los sapos tóxicos combinaron innovaciones evolutivas y oportunidades geológicas para expandirse desde Sudamérica y configurar parte de la biodiversidad mundial.
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