
Un descubrimiento reciente muestra que los primeros homínidos empezaron a comer plantas resistentes mucho antes de que su cuerpo estuviera preparado para ello. Esta adaptación en la alimentación ocurrió bastante antes de que su dentadura evolucionara para masticar eficazmente estos vegetales.
Según la investigación publicada en Science y difundida por Dartmouth College, se pensaba que los cambios físicos y de comportamiento iban de la mano, pero ahora queda claro que fue el comportamiento el que abrió el camino a la evolución biológica.
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Un cambio de costumbres, antes que de cuerpo
Los investigadores de Dartmouth College confirmaron que los homínidos sumaron a su alimentación pastos y órganos de plantas subterráneas como tubérculos y bulbos, llenos de almidón, mucho antes de tener dientes adaptados para ellos. Al analizar restos de dientes antiguos a través de pruebas químicas, descubrieron que esta novedad en la dieta surgió unos 700.000 años antes de que aparecieran los molares más largos, típicos de los humanos modernos.
El investigador Luke Fannin recalcó: “Podemos afirmar de manera definitiva que los homínidos eran bastante flexibles en cuanto a comportamiento y esa fue su ventaja”. Esta flexibilidad permitió a los primeros humanos aprovechar nuevas fuentes de energía aún sin tener una biología adaptada a ellas.
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Comparaciones entre especies a través de los dientes

En la investigación se examinaron dientes fosilizados de diferentes especies, desde el Australopithecus afarensis (un antiguo pariente de los humanos) hasta primates contemporáneos ya extintos, como los Theropithecus y los colobinos (Colobinae). El estudio mostró que, hace entre 3,4 y 4,8 millones de años, todos comenzaron a apartarse de una dieta basada en frutas e insectos, y sumaron a su menú plantas más duras como pastos y juncos. Ninguno estaba preparado físicamente para ello, lo que refuerza la idea de una innovación en el comportamiento.
Nathaniel Dominy, docente y coautor del trabajo, explicó que las marcas químicas que quedan en los dientes antiguos sirvieron como pistas. “Estas firmas químicas son un remanente inconfundible del consumo de gramíneas, independiente de la morfología”, explicó Dominy.
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También subrayó la diferencia temporal entre el cambio de dieta y la adaptación dental correspondiente: la investigación da evidencia directa de un fenómeno conocido como “impulso conductual”, donde primero se modifica el comportamiento y, posteriormente, surgen características físicas que acompañan ese cambio. El equipo identificó un desfase de aproximadamente 700.000 años entre la modificación de la dieta y la transformación de la dentadura.
¿Cuándo cambiaron realmente la dieta y el cuerpo?

Hasta hace unos 2,3 millones de años, homínidos y otros primates tenían dietas parecidas con mucho pasto. Luego, los análisis revelan que Homo rudolfensis empezó a comer en mayor cantidad tubérculos y bulbos, ricos en carbohidratos y disponibles durante todo el año. El equipo de investigación descartó otras explicaciones, como el consumo de más agua, y concluyó que el cambio clave fue hacia alimentos subterráneos que aseguraban alimento en cualquier temporada. Como explicó Fannin, este cambio marcó un antes y un después, ya que daba una fuente de energía estable para el crecimiento y la supervivencia.
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Al mismo tiempo, los dientes empezaron a hacerse más eficientes: se achicaron cerca de 5% cada mil años, pero los molares se hicieron más largos y mejor adaptados para los nuevos alimentos, sobre todo en especies como Homo habilis y Homo ergaster.
La ventaja de cambiar primero el comportamiento
La habilidad de los primeros humanos para modificar lo que comían, antes de tener los cambios físicos necesarios, les dio una clara ventaja. Así pudieron aprovechar alimentos energéticos como los tubérculos, lo que ayudó al desarrollo del cerebro y al aumento de la población.
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El estudio señala que muchos animales vivían cerca de las gramíneas, pero solo los humanos supieron sacarles verdadero provecho a sus nutrientes, justo a medida que evolucionaban sus dientes. Como resumió Dominy: “Una de las grandes preguntas en antropología es qué hicieron los homínidos de manera diferente a otros primates. Este trabajo muestra que la capacidad de explotar tejidos de gramíneas puede ser nuestra salsa secreta”.

Una herencia que sigue en la actualidad
Las declaraciones recogidas por Dartmouth College insisten en el valor de la flexibilidad conductual. Fannin reiteró que esta capacidad fue clave para los homínidos. Dominy agregó que “la capacidad de explotar tejidos de gramíneas puede ser nuestra salsa secreta”.
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Finalmente, el trabajo afirma que la importancia de las gramíneas perdura hasta hoy, ya que la mayoría de los cultivos con los que se alimenta el mundo, como arroz, trigo, maíz y cebada, pertenecen a ese grupo. “Nuestros antepasados hicieron algo completamente inesperado que cambió el rumbo de la historia de las especies en la Tierra”, afirmó Dominy.
La integración temprana de plantas duras en la dieta, la flexibilidad de comportamiento y las posteriores adaptaciones físicas muestran que el cambio en la forma de vivir fue clave para la evolución humana. Estas decisiones siguen siendo fundamentales para la alimentación y supervivencia de la humanidad de hoy.
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