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“Lo que inició como una estrategia acertada, después se convirtió en una crisis”: analista sobre la campaña de Iván Cepeda, el ‘corazón coreano’ y la desobediencia civil

Ivonne Vargas, experta en estrategia de comunicación y manejo de crisis, fue consultada por Infobae Colombia para analizar el uso del símbolo ‘corazón coreano’. Además, habló del impacto de los mensajes de la izquierda tras el triunfo de Abelardo de la Espriella en segunda vuelta presidencial

Además del símbolo del corazón coreano que adoptó la campaña de Cepeda, ¿qué lectura haces de la narrativa que algunos sectores de la izquierda han impulsado alrededor de la “desobediencia civil”? Aunque el concepto suele asociarse con acciones pacíficas, ¿consideras que el discurso reciente ha transmitido un mensaje distinto? ¿Qué papel ha jugado el presidente Gustavo Petro en esa estrategia comunicativa?

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Tras finalizar las elecciones presidenciales en Colombia en 2026, en las que Abelardo de la Espriella (Defensores de la Patria) fue elegido como el presidente electo para el periodo 2026-2030 —con 12.960.166 votos, según las cifras oficiales definitivas del escrutinio emitidas por el Consejo Nacional Electoral (CNE)—, continúa un debate nacional sobre el futuro del país y sobre los aciertos y desaciertos que dejó la campaña.

Fue una contienda electoral marcada por símbolos que lograron captar, en mayor o menor medida, la simpatía de los votantes. Por un lado, el abogado y empresario De la Espriella acuñó el apodo de “El Tigre”, con su lema “¡firmes por la patria!”, acompañado de un saludo de estilo militar. Por el otro, el senador Iván Cepeda (Pacto Histórico) promovió el lema “me la juego por la vida” y, como una estrategia percibida como tardía, implementó un gesto popular entre los más jóvenes: el “corazón coreano”, difundido en la cultura de un sector de Asia.

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Caricatura de un hombre con bigote, barba y gafas, haciendo un corazón coreano con los dedos, frente a varias banderas de Colombia y siluetas de una multitud.
Una caricatura de Iván Cepeda muestra al político colombiano haciendo el gesto del "corazón coreano", con banderas de Colombia y una multitud de seguidores. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Así las cosas, tras una reñida competencia por llegar a la Casa de Nariño a partir del 7 de agosto de 2026 y cuyo resultado favoreció a De la Espriella frente a Cepeda (quien obtuvo 12.708.312 votos, 251.854 votos menos que su contrincante en las urnas), el candidato del oficialismo sorprendió a la opinión pública al advertir, durante una rueda de prensa, sobre su intención de encabezar una “desobediencia civil pacífica” si el presidente electo no cumple con lo que él llamó unas condiciones de “legalidad”.

La desobediencia civil “se trata de una forma de protesta pública, consciente y no violenta que implica incumplir deliberadamente una ley o mandato estatal con el objetivo de denunciar una injusticia y provocar un cambio político o social, un instrumento que exige proporcionalidad, agotamiento de las vías institucionales, transparencia de objetivos y disposición a asumir las consecuencias legales", explicó a Infobae Colombia el decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad de San Buenaventura, sede Bogotá, Luis Bernardo Mur.

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Un simpatizante del candidato presidencial Abelardo de la Espriella sostiene un cartel el día de la segunda vuelta electoral, en Barranquilla, Colombia,  21 de junio, 2026 - crédito REUTERS/Jair Coll
Un simpatizante del candidato presidencial Abelardo de la Espriella sostiene un cartel el día de la segunda vuelta electoral, en Barranquilla, Colombia, 21 de junio, 2026 - crédito REUTERS/Jair Coll

Cepeda afirmó que desconocerá “pacíficamente” la autoridad de De la Espriella si este no renuncia a la nacionalidad estadounidense, no aclara presuntos vínculos con agencias de seguridad de Estados Unidos, no se somete a la soberanía colombiana, no pone fin a una presunta persecución política y judicial y no se compromete a no extraditar al presidente saliente Gustavo Petro.

“Si estas condiciones de legalidad no se cumplen, como líder de la oposición (...) emprenderé el camino de la desobediencia civil pacífica que implica no reconocer la autoridad de alguien que no responde a la defensa de la soberanía nacional”, dijo el excandidato en su momento

Frente a este panorama, que suscitó un amplio debate entre quienes apoyaron el llamado de Cepeda y quienes lo señalaron de amenazar con perturbar el orden público una vez De la Espriella se posesionara como presidente, Infobae Colombia consultó a Ivonne Vargas, analista con 18 años de experiencia en estrategia de comunicación y manejo de crisis, quien sostuvo que algunas contradicciones en la campaña de Cepeda marcaron el mensaje posterior a la segunda vuelta electoral.

Iván Cepeda, líder de la izquierda colombiana, se dirige a la prensa para anunciar que acepta los resultados de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, en las que fue derrotado por el candidato de derecha Abelardo de la Espriella - crédito REUTERS/Sergio Acero
Iván Cepeda, líder de la izquierda colombiana, se dirige a la prensa para anunciar que acepta los resultados de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, en las que fue derrotado por el candidato de derecha Abelardo de la Espriella - crédito REUTERS/Sergio Acero

La experta también cuestionó el papel del presidente saliente Gustavo Petro en esa estrategia.

- Además del símbolo del corazón coreano que adoptó la campaña presidencial de Iván Cepeda, ¿qué lectura hace de la narrativa que algunos sectores de la izquierda han impulsado alrededor de la “desobediencia civil”? Aunque el concepto suele asociarse con acciones pacíficas, ¿considera que el discurso reciente ha transmitido un mensaje distinto?

Ivonne Vargas: en efecto, una gran inconsistencia en la campaña de Iván Cepeda fue el uso del corazón coreano dentro de su estrategia de comunicación no verbal, pues es un símbolo extranjero usado en redes sociales, acuñado recientemente y que, por tanto, limita el alcance y el impacto del mensaje. Además, se implementó con muy poco tiempo para hacer pedagogía y, por tratarse de un símbolo que no es universal ni está estandarizado, la ciudadanía no lo entendió.

Adicionalmente, ese símbolo, con una connotación de amor, de cercanía, de humanidad y acompañado del mensaje “me la juego por la vida”, riñe con esa convocatoria clara que hicieron en caso de derrota, porque tales manifestaciones históricamente han terminado en actos violentos, en donde lo último que se protege es la vida.

Lo más paradójico de su mensaje es que Cepeda llama a la desobediencia civil motivado en que el presidente electo actúa en contra de la Constitución. Pero, dentro de su mismo mensaje, Cepeda invita a sus seguidores a desobedecer esa misma Constitución.

Ivonne Vargas, analista con 18 años de experiencia en estrategia de comunicación y manejo de crisis - crédito cortesía
Ivonne Vargas, analista con 18 años de experiencia en estrategia de comunicación y manejo de crisis - crédito cortesía

- ¿Qué papel ha jugado el presidente Gustavo Petro en esa estrategia comunicativa?

I.V.: creo que la comunicación del presidente Gustavo Petro impactó en forma negativa la campaña y la estrategia de Iván Cepeda, porque no se percibe como un discurso unificado.

Incluso, Cepeda fue extremadamente cuidadoso al llevar su lenguaje verbal por escrito a todos los escenarios. Mientras tanto, Petro generó una ruptura, una fractura en la comunicación, al emitir mensajes de forma simultánea o incluso anticipada y lejos de la línea narrativa de Cepeda. Esto, por supuesto, le hizo mucho daño a la imagen de la izquierda y, además, generó tensión en el ambiente electoral que favoreció a la derecha.

Fotografía de archivo del presidente de Colombia, Gustavo Petro - crédito EFE/ Alejandro Garcia
Fotografía de archivo del presidente de Colombia, Gustavo Petro - crédito EFE/ Alejandro Garcia

Por ejemplo, cuando Petro dijo que no reconocerían el resultado al ser derrotados, su opositor capitalizó ese mensaje, dándole fuerza a la idea de una eventual dictadura que debían derrotar en las urnas. Adicionalmente, su comunicación en redes sociales fue desproporcionada, improvisada y aislada de la estrategia electoral de su partido.

Tras la oficialización por parte de la Registraduría de Abelardo de la Espriella como presidente electo, ¿cuáles consideras que han sido los principales aciertos, incoherencias o errores de comunicación de la izquierda? ¿Qué mensaje crees que le ha llegado a la opinión pública?

- Tras la oficialización por parte de la Registraduría de Abelardo de la Espriella como presidente electo, ¿cuáles considera que han sido los principales aciertos, incoherencias o errores de comunicación de la izquierda? ¿Qué mensaje cree que le ha llegado a la opinión pública?

I.V.: esta es una pregunta compleja porque, desde mi punto de vista, lo que inició como una estrategia acertada, días después se convirtió en una crisis. ¿Por qué? El principal acierto de Gustavo Petro fue reconocer inicialmente el resultado del escrutinio, porque con eso envió un mensaje de calma, de fortalecimiento de la democracia y de un ejercicio de oposición dentro de la democracia.

Después, otro acierto fue reunirse con Iván Cepeda en la Casa de Nariño para definir cómo harían ese ejercicio de oposición. Con esto se mantuvo ese mensaje de unidad y de actuar dentro de la democracia.

Iván Cepeda y Gustavo Petro se reunieron en la Casa de Nariño para tomar postura sobre las 'tareas' de la izquierda - crédito @IvanCepedaCast/X
Iván Cepeda y Gustavo Petro se reunieron en la Casa de Nariño para tomar postura sobre las 'tareas' de la izquierda tras perder la elección presidencial del 2026 - crédito @IvanCepedaCast/X

Sin embargo, días después los discursos se salieron de la que parecía ser esa estrategia de comunicación acertada, porque el discurso tanto de Petro como de Cepeda escaló, el tono subió y ese llamado a la desobediencia civil pacífica confundió a la opinión pública.

En conclusión, podemos decir que no existe una estrategia de comunicación clara dentro de la izquierda, porque los mensajes son contradictorios, los canales para emitirlos no son los adecuados y el lenguaje, al menos del presidente Gustavo Petro, es incendiario.

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