
Maravillas inesperadas siguen llegando desde el espacio profundo, invitándonos a mirar el cielo con asombro renovado. El reciente descubrimiento de 3I/ATLAS ha generado entusiasmo global entre astrónomos y abre una ventana única al pasado remoto de la galaxia.
Identificado el 1 de julio de 2025 por el telescopio ATLAS en Chile, 3I/ATLAS se convierte en el tercer objeto interestelar hallado en la historia del sistema solar y, según los análisis preliminares, posiblemente en el cometa más antiguo detectado hasta la fecha. Su entrada en el vecindario solar activó una respuesta científica internacional sin precedentes.
Una detección que movilizó al mundo
El descubrimiento fue posible gracias a la red automatizada de telescopios del ATLAS survey, diseñada para identificar objetos en movimiento. Ese 1 de julio, el telescopio chileno detectó un cuerpo a 670 millones de kilómetros del Sol. La noticia se difundió rápidamente, activando la colaboración de observatorios y equipos científicos de todo el mundo.
La respuesta fue inmediata: la Universidad de Oxford, Michigan State University (MSU), European Southern Observatory, NASA Jet Propulsion Laboratory, University of Hawaii y otras instituciones se unieron al estudio. Larry Denneau, miembro de ATLAS, celebró la detección: “Es especialmente gratificante haberlo encontrado en la dirección del centro galáctico, un lugar difícil de observar”, dijo a MSU Today.

Karen Meech, de la Universidad de Hawái, relató que se activaron recursos como el Southern Astrophysical Research Telescope y el Gemini Observatory para captar imágenes y datos del cometa en sus primeras etapas. La cooperación fue clave para lograr espectros de luz y detalles sobre su brillo, posición y composición.
Un visitante antiguo, veloz y en fuga
Los primeros datos describen a 3I/ATLAS como un objeto interestelar con una órbita hiperbólica, es decir, una trayectoria que lo alejará del sistema solar para siempre. Viaja a unos 60 kilómetros por segundo respecto al Sol. Esta trayectoria en “forma de bumerán” lo diferencia de la mayoría de los cometas conocidos, que orbitan el Sol de forma elíptica.
Las imágenes captadas por el Canada-France-Hawaii Telescope y el Very Large Telescope muestran una coma compacta, la nube de gas y polvo que caracteriza a los cometas activos. Según Darryl Seligman, investigador involucrado en el hallazgo, la baja variación en su brillo sugiere una rotación estable o una actividad cometaria sostenida: “Probablemente, contiene hielos, especialmente bajo la superficie, y esos hielos pueden activarse a medida que se acerque al Sol”, explicó.
Lo más llamativo es su antigüedad estimada. Matthew Hopkins, de la Universidad de Oxford, aseguró durante la National Astronomy Meeting 2025 que “3I/ATLAS es muy probablemente el cometa más viejo que hemos visto”.

Se estima que tiene más de siete mil millones de años y proviene del disco grueso de la Vía Láctea, una región de estrellas antiguas. Chris Lintott, también de Oxford, reforzó la idea: “Creemos que hay dos tercios de probabilidad de que este cometa sea más antiguo que el sistema solar”.
Estudios recientes han respaldado estas estimaciones. Investigadores liderados por Hopkins y Seligman publicaron dos análisis detallados sobre el comportamiento y origen del cometa. El primer estudio centrado en su trayectoria y propiedades físicas. El segundo, que explora su antigüedad y vínculos con el disco grueso de la Vía Láctea.
A diferencia de los otros dos objetos interestelares conocidos—1I/’Oumuamua (2017) y 2I/Borisov (2019)—, 3I/ATLAS podría haberse originado en una región galáctica nunca antes observada de cerca. “Este es un objeto de una parte de la galaxia que nunca habíamos visto de cerca”, destacó Lintott.
Tecnología, cooperación y oportunidades futuras
Más allá de su antigüedad o trayectoria, el hallazgo resalta por la magnitud de la colaboración científica que lo rodea. “Tenemos datos llegando de todo el mundo sobre este objeto”, remarcó Seligman. Instituciones espaciales de América, Europa y Oceanía, la Agencia Espacial Europea, la NASA y centros de investigación de Canadá, Chile y Australia participaron del seguimiento.

Además, el comportamiento de 3I/ATLAS ha permitido validar modelos galácticos. Hopkins y su equipo de Oxford habían desarrollado un modelo predictivo —Ōtautahi-Oxford— con datos del satélite Gaia y simulaciones, y 3I/ATLAS encajó con sus predicciones. “Es una oportunidad fantástica para probar nuestro modelo con algo completamente nuevo y posiblemente antiguo”, explicó Hopkins a la Royal Astronomical Society.
Con el Observatorio Vera C. Rubin a punto de comenzar operaciones, se espera una nueva era en la detección de objetos interestelares. En paralelo, 3I/ATLAS será monitoreado por telescopios como el James Webb y el Hubble, y se evalúa una posible misión espacial para estudiarlo de cerca.
Esta colaboración global, junto con misiones fotométricas y espectroscópicas, podría revelar datos clave sobre la formación de estrellas, planetas y la evolución temprana de la galaxia.
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