
En un mundo donde las mentiras parecen estar a la orden del día, la capacidad de detectar el engaño se ha convertido en una habilidad valiosa, aunque difícil de dominar.
Sin embargo, la ciencia también advierte sobre los límites de esta práctica y la necesidad de enfoques más precisos y basados en evidencia.
Bárbara Tijerina, experta en comunicación no verbal con especialidad en Inteligencia Emocional de la Educación, Lenguaje Corporal y Comportamiento Humano, explicó en el cliclo ”Aprendamos juntos" que el cuerpo humano tiene dificultades para ocultar la verdad, incluso cuando las palabras parecen convincentes. Asimismo, señaló que tres elementos clave pueden revelar una mentira: la voz, las manos y la mirada.
Según explicó, “la voz está conectada con el sistema límbico, que regula las emociones”, lo que significa que el tono puede reflejar más de lo que las palabras intentan ocultar.
Además, los movimientos de las manos, que suelen anticipar lo que se va a decir, tienden a volverse rígidos o desaparecer cuando alguien miente, ya que el esfuerzo por controlar los gestos interfiere con la espontaneidad.
En cuanto a la mirada, Tijerina desmonta el mito de que los mentirosos siempre desvían los ojos. “A veces, el mentiroso mantiene una mirada fija para evaluar si le creen, lo que puede resultar en un parpadeo excesivo debido a la falta de lubricación ocular”, explicó.
La ciencia detrás de la detección de mentiras
Aunque el lenguaje no verbal puede ofrecer pistas, investigaciones recientes han demostrado que no existen señales universales y confiables para detectar mentiras.
Según un estudio publicado en Psychological Science in the Public Interest, las personas tienden a confiar en comportamientos no verbales como el desvío de la mirada o el nerviosismo, pero estos indicadores suelen ser poco precisos.

De hecho, los participantes que se enfocaron en señales visuales tuvieron menos éxito al distinguir entre la verdad y la mentira, en comparación con aquellos que prestaron atención al contenido verbal.
El análisis verbal, por otro lado, ha mostrado mayor potencial. Investigadores como Judee Burgoon de la Universidad de Arizona han identificado patrones en el lenguaje de personas que mienten, como el uso de expresiones vagas, menos pronombres en primera persona y un lenguaje más simple.
Estos patrones reflejan el esfuerzo cognitivo adicional que implica mantener una mentira, lo que puede dificultar la elaboración de respuestas complejas.
Métodos avanzados y sus limitaciones
A pesar de los avances en el estudio de la detección de mentiras, los métodos actuales aún presentan limitaciones significativas.

Según el estudio publicado en la revista Plos One, el enfoque conocido como Strategic Use of Evidence (SUE) ha mostrado resultados prometedores en investigaciones policiales.
Este método se basa en confrontar al sospechoso con evidencia de manera gradual y tardía durante una entrevista, lo que puede llevar a inconsistencias en sus declaraciones.
Según un meta-análisis realizado por el Instituto Nacional de Estados Unidos, esta técnica ha demostrado ser efectiva para generar contradicciones en los relatos de los mentirosos.

El papel de la tecnología en la detección de mentiras
La tecnología también está comenzando a desempeñar un papel en este campo. Investigaciones recientes han explorado el uso de algoritmos de aprendizaje automático para analizar patrones de lenguaje en declaraciones verbales.
Por ejemplo, un estudio de la Universidad de Arizona analizó más de 1.000 declaraciones de ejecutivos corporativos involucrados en fraudes financieros y encontró que las mentiras tendían a ser más largas y detalladas, con un uso excesivo de palabras positivas y menos negativas.
A pesar de los avances científicos, las creencias erróneas sobre las señales de engaño siguen siendo comunes, incluso entre profesionales como policías y jueces, pero de igual manera la voz y la rigidez de las manos, son algunas de las que ya la ciencia identifica como patrones de engaño.
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