
En el complejo del templo de Dakshineswar, próximo a Calcuta, se ha observado un comportamiento fascinante en los langures de Hanuman, quienes han desarrollado técnicas ingeniosas para obtener alimentos de los humanos. Según un reporte de New Scientist, estos primates “agarran silenciosamente las piernas de los visitantes, les tiran de la ropa, les dan la mano o simplemente se paran frente a ellos, a menudo cerca de los puestos de comida”.
Este comportamiento, caracterizado por la ausencia de “ruido, agresión, drama y conflicto”, refleja su capacidad de adaptación a entornos urbanos y su habilidad para coexistir con los seres humanos.
La capacidad de los langures para mendigar, un comportamiento inusual en especies de su tipo, subraya la influencia del entorno humano en su desarrollo comportamental. Dishari Dasgupta, del Instituto Indio de Educación e Investigación Científica de Calcuta, explica que estos monos “no tienen ninguna inhibición hacia los humanos”. Este dato destaca la medida en la que estos langures han integrado a los humanos como parte de su ecosistema, adoptando tácticas específicas que maximizan su éxito en la obtención de comida.

El papel del templo de Dakshineswar como escenario de esta interacción entre humanos y primates es crucial en este contexto. Un estudio reseñado por Springer Nature indica que este templo, visitado por miles de turistas diariamente, se ha convertido en el punto focal para estas prácticas de mendicidad. Aquí, los langures han optimizado sus interacciones, particularmente las hembras adultas, quienes llevan a cabo la mayoría de las solicitudes de alimentos.
La adaptación de estos primates a la vida en entornos urbanos también pone en evidencia el impacto de la urbanización en su comportamiento. Al ser despojados de sus hábitats naturales, muchos animales se enfrentan a la disyuntiva de evitar a los humanos o adaptarse a ellos.
En el caso de los langures de Hanuman, la elección ha sido clara: se han adaptado y aprendido a explotar los recursos disponibles en el entorno urbano que los rodea.

Sin embargo, esta interacción entre humanos y monos presenta desafíos significativos, especialmente en términos de salud y nutrición. El apetito de los langures por alimentos procesados, como bollos dulces y maní, en detrimento de opciones más saludables, plantea preocupaciones sobre las repercusiones a largo plazo para su bienestar. Según Dasgupta: “Esto no es algo que se supone que deban comer en sus hábitats naturales”, y puede dar lugar a problemas de salud como obesidad o desequilibrios metabólicos.
Además, el creciente hábito de mendicidad podría intensificar los conflictos entre humanos y primates. La predisposición de los langures a ignorar las ofertas iniciales de alimento hasta obtener lo que realmente desean posiblemente incrementará la frustración de los humanos y podría desencadenar respuestas más agresivas por parte de los monos si no obtienen lo que buscan.
Los aspectos culturales juegan un papel crucial en este fenómeno. En la cultura local, estos monos son venerados como sagrados, lo que complica la posibilidad de implementar medidas para corregir este comportamiento. Las prácticas religiosas y culturales profundamente arraigadas, que consideran la alimentación de los langures como un acto que “traerá bendiciones”, dificultan cualquier intervención directa que busque modificar estas interacciones.

Según los investigadores, un enfoque equilibrado que promueva la entrega de alimentos más adecuados para los primates y la regulación de estas interacciones podrían mitigar parte de este comportamiento sin desafiar las creencias culturales locales.
Las preguntas sobre si estos gestos contienen una intencionalidad compleja podrían aportar luz sobre la evolución de formas más sofisticadas de comunicación, incluido el lenguaje humano.
Además, facilitaría la comprensión de si otros grupos de primates exhiben patrones similares de “mendicidad” en diferentes regiones y bajo distintos contextos socio-ecológicos. Explorar cómo los animales responden y se adaptan a los entornos urbanos no solo resalta los desafíos que enfrentan las especies en un mundo dominado por la humanidad, sino también revela las ingeniosas formas en las que estas criaturas intentan prosperar.
En última instancia, encontrar un equilibrio sostenible que asegure la salud y el bienestar de los primates, al tiempo que se respeta el contexto cultural y social de su entorno, es fundamental para fomentar una convivencia armoniosa.
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