
Han pasado cinco años desde que sonó la primera alarma en China sobre una neumonía, pronto identificada como un nuevo coronavirus, al que se le puso el nombre de COVID-19. Hasta el 10 de noviembre pasado, más de 776 millones de personas fueron afectadas por COVID-19 en 234 países, junto con un saldo de más de 7 millones de muertes. Esas cifras reflejan el alcance de esta crisis sanitaria y el tremendo desafío que enfrentó el mundo. Sin embargo, el problema aún no ha terminado.
La noticia es que la pandemia sigue activa y aumentó llamativamente en los Estados Unidos. Desde 2020, el COVID-19 adoptó un patrón de subida de casos en dos olas cada año, en verano y en invierno. En diciembre 2024, luego de una calma inusual durante el otoño, aumentaron los casos, mientras que las tasas de vacunación de refuerzo se mantienen muy bajas, afirmaron los expertos del CDC.
“La pandemia de COVID-19 sigue en curso y sigue siendo peligrosa”, afirmó Jeffrey Townsend, profesor de Bioestadística de la cátedra Elihu de la Facultad de Salud Pública de Yale a The Guardian.
En Estados Unidos no solo se incrementaron los casos positivos de COVID-19, también las consultas a emergencias, las hospitalizaciones y las muertes. Además, el monitoreo de las aguas residuales del los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) indica que las tasas de casos comenzaron a aumentar hace un mes.

Por otro lado, según varios medios, China podría estar lidiando con un nuevo brote de virus. Se trata del metaneumovirus humano o HMPV, por sus siglas en inglés. Según se informa, provoca síntomas similares a los de la gripe y el COVID-19.
Los informes oficiales del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de China indican que las tasas de enfermedades múltiples similares a la gripe están aumentando en ese país, según datos hasta la última semana de 2024. Las autoridades sanitarias están siguiendo de cerca la situación.
Nuevas variantes y niveles de inmunidad
Hay dos factores principales que afectan los brotes y su gravedad, dice el experto: la aparición de nuevas variantes y los niveles de inmunidad que las personas adquieren ante ellas, ya sea a través de la vacunación o al sufrir la infección. Y, lamentablemente, los niveles de vacunación son muy bajos.

“Depende de todo tipo de cosas: la evolución del virus, la inmunidad de las personas, cuándo fue el último aumento; todas estas cosas son difíciles de reunir para predecir exactamente cuándo ocurrirá un aumento”, dijo Townsend.
Esa es una de las razones por las que es tan importante monitorear las aguas residuales, las hospitalizaciones y otros indicadores, para poder responder rápidamente a las olas cuando comienzan, afirmó a The Guardian.
“La verdadera preocupación es que las personas mayores sufrirán mucho por esta enfermedad, o incluso morirán a causa de ella”, dijo Townsend. Algunas cifras de los CDC son:

- Solo uno de cada cinco (21,4%) adultos y uno de cada diez (10,3%) niños han recibido la nueva vacuna de refuerzo contra el COVID-19, que estuvo disponible a finales de agosto en Estados Unidos.
- Uno de cada tres (37%) de los residentes de hogares de ancianos están al día con las vacunas contra el COVID-19, lo que es más alto que el 23% en el mismo momento el año pasado, pero sigue siendo insuficiente para prevenir enfermedades graves y la muerte.
- Casi el 5,3% de los adultos estadounidenses informaron tener síntomas actuales de COVID-19 prolongado y el 17,9% informaron haber tenido alguna vez COVID-19 prolongado, según una encuesta del CDC.
Las olas de contagios

En Estados Unidos, en los años anteriores, los contagios por el COVID-19 solían empezar a subir a principios de noviembre y alcanzar su pico a fines de diciembre. Pero este año, durante los meses de octubre y noviembre, los casos fueron los más bajos de la historia, de acuerdo a los datos de vigilancia de aguas residuales de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos.
Pero en diciembre, los niveles pasaron de bajos a altos a mediados de mes. En la semana que terminó el 21 de diciembre, había casi tres veces más COVID-19 circulando en Estados Unidos que durante la semana que terminó el 7 de diciembre, según muestran los datos de los CDC.
Este incremento se produjo en todas las regiones, pero hubo un repunte muy importante en el Medio Oeste, donde los niveles de COVID-19 fueron casi el doble de altos que en otras zonas del país.
La nueva variante

El rápido aumento de casos se corresponde con una nueva variante dominante del coronavirus llamada XEC.
De acuerdo a los CDC, “muchas variantes menores del SARS-CoV-2, el virus que causa el COVID-19, que descienden de la variante JN.1, están circulando simultáneamente de cara al invierno de 2024-2025”. Entre ellas se encuentra la XEC, un híbrido de dos variantes JN.1, que fue la subvariante ómicron que representó la mayoría de los casos durante el aumento del invierno pasado en Estados Unidos.
Sin embargo, aseguran: “La vacuna contra la COVID-19 de 2024-2025 reducirá el riesgo de sufrir una enfermedad grave y protegerá contra las variantes más comunes en la actualidad y las que probablemente lo sean en el futuro”.

Al 26 de octubre, las estimaciones proyectadas por CDC en cuanto a las variantes de COVID-19 muestran:
- KP.3.1.1, un descendiente de KP.3, es la variante principal en los Estados Unidos y representa entre el 54 y el 60 % de los virus a nivel nacional, y los aumentos se han desacelerado.
- XEC, un híbrido de dos variantes JN.1, representa entre el 14 y el 22% de los virus y su incidencia está aumentando.
- MC.1, un descendiente de KP.3.1.1, representa entre el 3 y el 7% de los virus y su presencia está aumentando.
Según los CDC, “las variantes mencionadas anteriormente y las demás que circulan tienen antígenos de la espícula que siguen siendo muy similares entre sí. El antígeno de la espícula permite que el virus entre en las células, por lo que desempeña un papel crucial en la infección. Las vacunas funcionan haciendo que el cuerpo produzca anticuerpos que atacan a estos antígenos de la espícula para inhibir la infección".
Cómo protegerse del COVID-19

De acuerdo a los CDC, el virus que causa el COVID-19 continúa cambiando para evadir la inmunidad, por lo que es importante protegerse y proteger a los demás, mediante las siguientes recomendaciones:
- Practicar una buena higiene (lavarse las manos con frecuencia y limpiar las superficies que se tocan)
- Tomar medidas para un aire más limpio
- Tomar precauciones para prevenir la propagación si se presentan síntomas, como quedarse en casa y lejos de otras personas (incluidos con quienes se vive).
- Buscar atención médica de inmediato para hacerse pruebas o recibir tratamiento si tiene factores de riesgo de enfermedad grave. El tratamiento puede reducir el riesgo de enfermedad grave, pero debe iniciarse dentro de los primeros días de que comiencen los síntomas.
- Darse la vacunación de refuerzo.
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