
Una llamarada gigante que expulsa el sol, que estremecerá el planeta, y que golpeará con inusitada potencia el campo magnético terrestre, afectando las redes eléctricas y de telecomunicaciones, y alterará actividades tan importantes como la navegación y la aeronáutica.
La premisa podría parecer la de una película de ciencia ficción pero es un fenómeno concreto, que se denomina como geotormenta, y al que un grupo de físicos chilenos le viene siguiendo la pista hace años. De hecho, y según sus estimaciones, un evento de gran envergadura ocurrirá en el corto plazo, específicamente a fines de este año o durante 2024.
“Podría producir muchas pérdidas y muchos problemas de comunicación”, indica Pablo Moya, académico del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile.
La advertencia proviene de uno de los tres físicos chilenos de la casa de estudios que realizaron una investigación al respecto y que fue publicada en la revista científica Space Weather.
De hecho, el paper se convirtió en el artículo científico más leído y descargado durante el 2021, y aborda las consecuencias del fenómeno climático espacial llamado geotormenta -o tormenta geomagnética-, y que es, básicamente, la reacción de la Tierra al impacto de una poderosa eyección de energía que sale desde el Sol hacia el espacio.
“Las llamaradas solares, popularmente conocidas como tsunamis o tormentas solares, producen una radiación que se propaga desde el Sol hacia el espacio y golpea el campo magnético terrestre, el que reacciona provocando una tormenta geomagnética o geotormenta, que son eyecciones poderosas de energía. Si el evento es muy intenso podría tener efecto en las comunicaciones, en distintas tecnologías de comunicación, de transmisión de electricidad, etcétera”, explica el doctor Moya, quien se especializó en Clima Espacial trabajando en la NASA.

En la práctica, el fenómeno podría provocar un apagón mundial y generar consecuencias como cortes de luz, de internet y de telefonía. Las conclusiones de los científicos chilenos se basan en los resultados de un estudio sobre una serie de eventos registrados entre 1957 y 2019, a partir de los que identificaron la probabilidad de ocurrencia y que pueden ser de carácter moderado, intenso o severo. Además, en la investigación se establece que las geotormentas dependen de la fuerza del ciclo solar -de aproximadamente 11 años de duración- y de las diferentes fases de este.
“El ciclo solar 25, que acaba de comenzar y que terminaría en 2034, debería ser más fuerte que el ciclo actual. El máximo debería ocurrir entre este año y el próximo. El peak debería venir pronto”, advierte el físico.
Uno de los riesgos asociados es que los campos magnéticos pueden perturbar a cualquier material conductor, ya sea una línea de alta tensión, un tubo grande para transportar petróleo o una central eléctrica. “Además, perturba el campo magnético que mide las brújulas. Así que también tienen efecto en la navegación, en la aeronáutica”, precisa el académico chileno.
Otras de las consecuencias está relacionada con los satélites y el daño que sufren ante estos eventos, afectando así la exploración espacial y la tecnología que periódicamente se lanza al espacio. “Este tipo de investigación también ayuda a tener una estimación de la obsolescencia de los satélites, e implementar mejoras en sus materiales de fabricación, ya que tormentas severas pueden producir sobrecargas y daños en ellos que sean irreversibles”, sostiene la investigadora de la Universidad de Chile, Paula Reyes.
El primer fenómeno registrado de este tipo fue hace más de 150 años y se le conoce como “Evento de Carrington”. “Fue tan grande, tan grande, que la aurora se vio en Chile. Hay reportes de que se podía leer el diario de noche solamente con la luz de la aurora y todas las líneas de telégrafo se echaron a perder, los operarios veían que saltaban chispas de las líneas del telégrafo, así que las desconectaron de la corriente, pero la corriente inducida por la aurora las hacían funcionar igual y podían igual comunicarse solamente por la inducción del campo magnético de la aurora”, señala el científico Pablo Moya.
La última gran tormenta geomagnética se registró el 2003 en el hemisferio norte, y provocó un apagón de Internet que se extendió por varios días, cuando el acceso a la web era mucho más restringido que en la actualidad. “Un evento como ese no ha sucedido más hasta el día de hoy. Entonces, una de las preguntas es ¿qué tan probable es que esto ocurra mañana? Y, por lo tanto, nuestro trabajo tenía que ver con eso. Tenemos los datos y podemos hacer una relación estadística para predecir qué tan probable es que haya un evento extremo pronto”, puntualiza el investigador.
Paula Reyes, en tanto, advierte el escenario actual en caso que ocurra el evento. “Si una tormenta de ese tipo ocurriese el día de hoy, es probable que se produzcan cortes de electricidad por varias horas debido a la sobrecarga del tendido eléctrico por la corriente eléctrica inducida. También cortes en las comunicaciones y televisión, lo que resultaría en pérdidas económicas significativas”.
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